Esta noche casi todo el mundo se iba de fiesta y yo me iba a quedar en mi casa, con la manta en el sofá viendo la televisión. Pero...
Hoy es la noche de las brujas, y yo soy una de ellas (en mayor o menor medida), así que... Tendré que coger la escoba y echar a volar esta noche. A ver qué se cuece ;)
Un lugar donde escribir todo lo que siento en cada momento. Desahogarme cada vez que lo necesite. Un sitio donde poder escribir lo que quiera sin temor a que nadie lo lea y lo utilice en mi contra. Mi trocito de cielo.
jueves, 31 de octubre de 2013
martes, 22 de octubre de 2013
Demasiado perfecto
¿Sabéis ese momento en la vida en el que piensas que no puedes ser más feliz? Bueno, pues el viernes pasado, 18 de Octubre, yo me sentía así.
Mi madre y una amiga mía se compincharon en mi contra para darme una grandísima sorpresa cuando llegase a casa. La escusa era perfecta y, yo que soy una ingenua, me lo creí como se cree en las buenas canciones. Me dijeron que fuera a ver la cama que mi madre había comprado, a ver si me gustaba. Fui a mirarla y vi que tenía fotos de Italia. Y entonces lo vi. En una esquinita de esa cama acolchada, una bolita peluda negra. Ahí estaba, mi gatete bonito. Mi Salem.
No podía creerme que al final estuviera en casa, por fin. No quería ni cogerlo, porque estaba dormido y no quería despertarlo. Pero una vez cogido, ya no lo pude soltar.
Tenía el fin de semana para no hacer nada, así que decidí que la pasaría con ese pequeñín que me dio razones más que suficientes para sonreír. Tan pequeño, no pudo hacer otra cosa más que adoptarme como madre. Si no le tenía encima, lloraba. Y yo que soy una blanda, pues me lo encaramaba encima. Todo el día tumbada en el sofá con el gato sobre mí. Así pasó el sábado, en el que a todos se nos caía la baba con ese bebé.
El domingo lo pasé fuera de casa, y cuando llegué sólo quería tenerle conmigo. Pasó la noche, y llegó el lunes. 6:30 de la mañana y una frase con la que mi corazón dio un vuelco: "El gato está frío". No sé como lo supe, pero lo sabía.
Me empecé a poner nerviosa. Mi madre tenía que ir a trabajar, y yo tenía que ir a la universidad. Pero no podía dejarle solito... No podía. Así que me quedé en casa. Con el pequeño pegado a mi, con dos toallas, intentando darle calor. No comía, y juraría que le costaba respirar. Una hora después, el pequeño me dejó llorando con él entre mis manos...
Tan rápido como vino, se fue. Apenas nos dio tiempo a cogerle cariño, pero os puedo asegurar que ayer pasé un día horrible en el que no podía parar de llorar. Doy gracias a que dos amigas mías vinieron y me hicieron compañía todo el día. Me sacaron de casa durante la mañana, me sacaron alguna que otra sonrisa y alguna carcajada. Cuando me dejaron otra vez en mi casa, entré llorando. Llegó mi madre de trabajar y nos pusimos las dos a llorar. Volvieron mis amigas y se llevaron al pequeño para enterrarlo. No tengo ni que decir que volvimos a llorar.
Hoy he ido a clase, y en algunos momentos en los que me acordaba de él, quería echarme a llorar. Pero no debía.
Ahora sé que tengo otro angelito por ahí, en el cielo de los animales o donde sea, que vela por mi.
Gracias por estos pocos días en nuestras vidas, Salem. Necesitábamos dar cariño y tú te dejaste querer. Nunca te olvidaremos, panterita.
Mi madre y una amiga mía se compincharon en mi contra para darme una grandísima sorpresa cuando llegase a casa. La escusa era perfecta y, yo que soy una ingenua, me lo creí como se cree en las buenas canciones. Me dijeron que fuera a ver la cama que mi madre había comprado, a ver si me gustaba. Fui a mirarla y vi que tenía fotos de Italia. Y entonces lo vi. En una esquinita de esa cama acolchada, una bolita peluda negra. Ahí estaba, mi gatete bonito. Mi Salem.
No podía creerme que al final estuviera en casa, por fin. No quería ni cogerlo, porque estaba dormido y no quería despertarlo. Pero una vez cogido, ya no lo pude soltar.
Tenía el fin de semana para no hacer nada, así que decidí que la pasaría con ese pequeñín que me dio razones más que suficientes para sonreír. Tan pequeño, no pudo hacer otra cosa más que adoptarme como madre. Si no le tenía encima, lloraba. Y yo que soy una blanda, pues me lo encaramaba encima. Todo el día tumbada en el sofá con el gato sobre mí. Así pasó el sábado, en el que a todos se nos caía la baba con ese bebé.
El domingo lo pasé fuera de casa, y cuando llegué sólo quería tenerle conmigo. Pasó la noche, y llegó el lunes. 6:30 de la mañana y una frase con la que mi corazón dio un vuelco: "El gato está frío". No sé como lo supe, pero lo sabía.
Me empecé a poner nerviosa. Mi madre tenía que ir a trabajar, y yo tenía que ir a la universidad. Pero no podía dejarle solito... No podía. Así que me quedé en casa. Con el pequeño pegado a mi, con dos toallas, intentando darle calor. No comía, y juraría que le costaba respirar. Una hora después, el pequeño me dejó llorando con él entre mis manos...
Tan rápido como vino, se fue. Apenas nos dio tiempo a cogerle cariño, pero os puedo asegurar que ayer pasé un día horrible en el que no podía parar de llorar. Doy gracias a que dos amigas mías vinieron y me hicieron compañía todo el día. Me sacaron de casa durante la mañana, me sacaron alguna que otra sonrisa y alguna carcajada. Cuando me dejaron otra vez en mi casa, entré llorando. Llegó mi madre de trabajar y nos pusimos las dos a llorar. Volvieron mis amigas y se llevaron al pequeño para enterrarlo. No tengo ni que decir que volvimos a llorar.
Hoy he ido a clase, y en algunos momentos en los que me acordaba de él, quería echarme a llorar. Pero no debía.
Ahora sé que tengo otro angelito por ahí, en el cielo de los animales o donde sea, que vela por mi.
Gracias por estos pocos días en nuestras vidas, Salem. Necesitábamos dar cariño y tú te dejaste querer. Nunca te olvidaremos, panterita.
jueves, 3 de octubre de 2013
Y es que...
Veo este tipo de vídeos y sigo pensando lo mismo: los animales son mejores que las personas. Tienen una sensibilidad que mucha gente carece. Los animales dan sin recibir nada a cambio. No entiendo como hay personas que los maltrata o los abandona. Si yo pudiera... No me cabrían en casa de todos los animales que tendría.
Amo a los animales porque son amor incondicional.
http://www.telecinco.es/informativos/internacional/labrador-convence-sindrome-Down-juegue_0_1677900027.html
Amo a los animales porque son amor incondicional.
http://www.telecinco.es/informativos/internacional/labrador-convence-sindrome-Down-juegue_0_1677900027.html
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