martes, 31 de diciembre de 2013

No te vayas, 2013

Otro año más ha llegado el 31 de Diciembre, aunque me da la sensación de que, esta vez, ha llegado demasiado pronto. Otro año más que toca hacer balance de este año que los supersticiosos están deseando terminar. Un año que yo no estaba muy segura de como sería, pero que me sorprendió para bien.
El año empezó de las mejores maneras posibles: una nochevieja estupenda y una nueva rutina diaria en la que me metía en ese pequeño Skoda para conseguir otro sueño de infancia. Que, aunque costó, lo conseguí. Ha sido un año que, académicamente, podría haber sido mejor. Aun así, me quedo con todo lo aprendido, las fuertes alianzas construidas con mi gente y las lágrimas compartidas. Pero con una buena dosis de cotilleo todo, por favor. Aquella boda que tanta ilusión me hizo, en la que mi tía estaba guapa a rabiar y los enanos de mis primos estaban para comérselos. 
En cuanto al verano, que puedo decir. Ha estado cargado de todo tipo de emociones, así como de una nueva rutina satisfactoria. Empezó con jaias de Leioa, con los mensajes que no deberían haberme llegado nunca y sus respectivas risas. Siguió con mis amadas fiestas de pueblo, de las que tenía una buena sensación y, como no podía ser de otra manera, no me equivoqué. Cierto es, que no era algo que esperase, pero bien recibido fue. Jaias de Larra y sus historias a la espalda que te hacían sonreír como la más auténtica gilipollas. Sonrisas que mucho, o poco, estuvieron ahí para recordarme que puedo ser feliz. 
Siguió el verano y volví al mar con mis antiguas amigas. Esas pobres tablas de surf que llevaban cuatro años (que se dice pronto) cogiendo polvo detrás de una puerta. La sensación que tuve fue maravillosa y siempre la recordaré, así como la ostia que me pegó una de ellas en toda la cabeza que me dejó más tonta de lo normal. Esas tardes encerrada mientras hacía sol y que me las amenizaban grandes personas que, aunque no hablase con ellas, se quedaban para hacerme compañía. 
En cuanto a fiestas, pocas he pisado la verdad. Pero no me arrepiento de ninguna de las que fui, y mucho menos a las que no fui. Llegaron jaias de Bilbo y salí, incluso estando reventada, casi todos los días. Fueron aquellas mañanas en las que se afianzó una nueva tradición con esa compañera de fiestas: el abre/cierra bares, así como los desayunos gochos. El último día de jaias fue una madrugada de inflexión en la que cambié totalmente mi actitud hacia una persona, y me alegra decir que no he cambiado de parecer. 
Sin quererlo ni beberlo, y pasando el tiempo de espera como pasa un papel volando en un vendaval, llegó ese viaje a Benidorm con mis bandoleros. Una semana en la que desconecté de todo el mundo y de todos los fantasmas que, de vez en cuando, me atormentaban. Siete días de risas constantes, sin ningún lloro (que es un logro), de aquellas maravillosas comidas de los Master chefs que eran bendecidas con "Bandolero". Siete días de los cuales los tres o cuatro primeros tuvimos bronca con los caseros. Siete días en los que no vimos la playa más que de noche. Siete días en el que, alguna vez, pensamos que estábamos en Mordor. Siete días en los que nos daba igual como vestirnos y a qué hora nos levantábamos. Siete días en los que cumplir un punto de mi lista "Cosas que hacer antes de morir". En definitiva, siete días que todos necesitábamos y aprovechamos a más no poder.
Volver a la rutina fue duro, y más aún con las clases a la vuelta de la esquina. Las depresiones post vacacionales son el mal absoluto, os lo digo yo. El curso empezó sin mucho entusiasmo a diferencia del anterior, pero hasta el momento me ha dado muy buenos ratos. 
Algo importante de este año es el hecho de tener de vuelta a mi lado a esa amiga que tanto he echado de menos estos años que hemos estado separadas. Tampoco es que nos veamos mucho ahora, pero sí más que antes. Se me va a ir, pero estoy segura de que hablaremos cuando podamos y nos pondremos al día como lo hacemos ahora (aunque no haya mucho que contar).
Otro hecho importante es el haber tenido la suerte de tener un gatito negro en casa, aunque se nos fue pronto. Y cómo ahora tenemos un gatito adoptado, que me tiene loca (en el mal y buen sentido). La satisfacción de saber que has salvado una vida es enorme.
Por si fuera poco, cumplí otro sueño: ese viaje a Londres en el que por fin vería el British (obsesión de infancia, no preocuparse). Momias, momias everywhere. Y yo feliz que iba de un lado para otro. Londres me gustó mucho, pero Oxford me engatusó. Tan pequeño, tan mono, con esa biblioteca que sale en uno de mis libros favoritos. Tan cerradas todas las facultades a los turistas y yo tan cabreada buscando una solución. Ya volveré, no saben con quien están hablando.
Ha sido un año de muchas risas, no tengo constancia de que hayan habido muchas lágrimas (y esto es muy raro). Año en el que algunas amistades se han hecho más fuertes, tanto que hasta da miedo, y otras han vuelto a mi lado. Me he dado cuenta también de que no se puede retener a las personas a tu lado por mucho que quieras, y que algunas de ellas se irán de tu lado por mucho que no quieras. Y que una persona que está a casi 1000km de distancia de ti te puede demostrar más que cualquier otra persona cercana. Año en el que he hecho cosas nuevas, las cuales han dado su fruto; y un año en el que, sobretodo, he viajado. Año en el que aprobé esa asignatura pendiente, pero que poco duró la alegría. Año en el que me he dado cuenta de que ni el bueno es tan bueno, ni el malo es tan malo. En definitiva, año de sentimientos, locuras, risas, alguna que otra lágrima, algo de cine, fiesta y mucho alcohol.
En resumen. Ha sido un BUENÍSIMO año, y no tenéis ni idea la pena que me da que se acabe. Ojalá no estuviera escribiendo esta entrada... Pero es lo que toca.
Al 2014 le pido que sea la mitad de bueno que este 2013 que se me escapa de las manos. Pero si quiere ser mejor, si es posible, lo recibiré con los brazos abiertos. No pido un mensaje a las 12 de la noche que diga "Quiero un 2014 a tu lado", porque esas cosas no pasan; y si lo hacen es porque yo soeríala estúpida que lo mandase. Pido que en este año no me falte la gente a la que quiero y me quiere: mi familia y mis amigos. Pido poder hacer lo que quiero sin ningún tipo de problema, y así poder ayudar a la gente. Pido algún viaje que otro, me da igual si es sólo al pueblo o si me voy fuera del país. Pero, sobretodo, pido no pedir nada y dejar que este año que entra en menos de 11 horas me sorprenda tanto como lo ha hecho este 2013. Siempre para bien, por favor.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Avestruz

Anoche me sentí un poco como aquel 27 de Octubre. Como aquel domingo en el que todas las preguntas que me daban miedo hacer tuvieron sus acojonantes respuestas.
Pensé, erróneamente, que aquello había pasado, que fue algo momentáneo. Pero algo dentro de mí tenía la sensación de que no era así. Soy idiota, porque todo este tiempo he visto que esa persona y yo somos muy parecidos, casi iguales. En esto no iba a ser diferente.
No sé qué hacer. Estoy igual de perdida que aquella vez. Lo único que cambia es que no nos veremos en un tiempo, y que cuando nos veamos será para hablar todo. A saber como siguen las cosas. A saber qué pensará. A saber si cambio.
Tenía que haber cogido al toro por los cuernos (y nunca mejor dicho) antes de irme de viaje. Todo estaba planeado. Pero ni con él, ni con el otro, hice nada. Supongo que mi poco valor ha quedado relegado a un minúsculo agujero negro en la tierra. Supongo que me estoy volviendo un poco avestruz cuando en el fondo siempre he sido un poco águila.

(2013.12.20)

domingo, 1 de diciembre de 2013

A mi futuro novio

Querido futuro novio. Te escribo para que sepas algo más de mí que no se ve a simple vista. Bueno, mejor pensado, te voy a hablar de mí respecto al amor y lo que espero de él.
Querido futuro novio. Aquí donde me ves soy una chica sensible que va de dura por la vida porque no quiere sufrir por amor. Pensarás: si no quieres sufrir por amor, no mereces vivirlo. Al fin y al cabo, cuando nos enamoramos estamos dispuestos a todo. Lo que hacemos es dar nuestro corazón a la otra persona con la esperanza de que no lo dañe. Pues bien. Eso lo he hecho y me han dañado, es por eso por lo que le temo al amor.
Aún así, tengo algunas ideas de como quiero que seas o cómo espero que seas conmigo (pero que te salga del corazón, ¿eh? Mentiras no las quiero).
Quiero un novio atento, que me demuestre que me quiere. Y con esto no quiero decir que me estés regalando cosas cada semana o cada mes. Todo lo contrario. A mi se me gana con acciones, no con palabras o regalos. Se me gana con sonrisas, con abrazos, con hacerme reír. Aguantarme cuando estoy de mala leche, y me hagas sonreír cuando esté llorando. Que me digas que todo va a ir bien aunque los dos sepamos que es mentira. Que me haga rabiar y me saque de quicio, porque en el fondo me encanta; y que después me de un beso para hacer que me vuelva blanda.
Un novio al que le guste quedarse tumbado en el sofá viendo películas conmigo al calor de una manta. Que vayamos a dar paseos y nos quedemos a ver las puestas de sol en la playa mientras me abraza desde atrás. Un novio al que le guste jugar a la play porque, ¿a quién no le gusta picar a la otra persona y acabar haciéndole cosquillas para que pierda y luego besarle? En fin, quiero un novio que también sea mi amigo.
Querido futuro novio. No te puedo asegurar que vaya a ser la mejor novia del mundo, pero sí que lucharé por intentar serlo. Que cuando me necesites estaré ahí para lo que sea: reír, llorar (aunque a los chicos os cueste más que a nosotras), saltar, gritarle al mundo que estás hasta los cojones del resto de gente, ir a comer al McDonalds... Te apoyaré en todas las decisiones que tomes, estaré a tu lado en los buenos y malos momentos. Haré que sonrías todos los días que estés conmigo, aunque me cueste la vida y más. No hace falta que estés a diario conmigo, ni que cambies a tus amigos por mi. De hecho, esto último no te lo permitiría.
Querido futuro novio. No sé dónde estás, ni quién eres, ni siquiera si te conozco o estoy por conocerte. Si eres de aquí o de allí. Me da igual. Quiero que sepas que yo no suelo estar con cualquiera, y que si estoy contigo, es por algo. Y ese algo será que te quiero, aunque seguramente nunca te lo diga o me cueste la vida decírtelo la primera vez.
Querido futuro novio. Estamos en diciembre, último mes del año. Tienes este tiempo para aparecer o tendrás que esperar hasta 2015. ¿Por qué? Porque la vida me está enseñando que sólo tengo novio o alguien especial los años impares. Siempre podrías ser tú el primero en llegar en un año par, pero no me hago ilusiones.
Querido futuro novio. Aquí estoy, dispuesta a intentarlo.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres

Hoy es un día especial para todas las mujeres: para aquellas que lo han vivido, por aquellas que tuvieron el valor de pedir ayuda, por aquellas que se quedaron en el camino. Porque esto tiene que parar.
Hoy sonrío por todas aquellas mujeres que son valientes y luchadoras. Porque son un orgullo.
Yo estoy en contra del maltrato a la mujer. ¿Y tú?
"Hoy vas a descubrir que el mundo es sólo para ti. Que nadie puede hacerte daño, NADIE puede hacerte daño."


sábado, 9 de noviembre de 2013

Los días 7

Esta entrada la debía haber escrito el mismo día cuando llegué de aquella quedada, pero por una cosa u otra no lo hice. 
Después de un año y pico, casi dos, esa persona me mandó un mensaje diciendo que quería quedar conmigo, para arreglar las cosas y pedirme perdón. Como no era de otra forma, cuando lo leí me quedé anonadada. No me lo esperaba para nada, pues creía que ya no volveríamos a saber nada la una de la otra nunca más. Después de no poder quedar el día estipulado, el jueves quedamos.
Estaba nerviosa, histérica incluso, porque no sabía qué iba a pasar ni cómo iba a reaccionar. Fuimos a un bar a tomar algo y, entonces, empezó a hablar. Entre los nervios y que quería que todo aquello acabara bien, me puse a llorar.
Nos sentamos en una mesa y seguimos hablando, aclarando aquellas cosas que finalmente hicieron que dejásemos de ser las mejores amigas que eramos. Después de eso empezó a contarme su verano, las cosas que había vivido y cómo eso le había abierto los ojos o hecho ver las cosas de otra manera. La vi mucho más madura y comprensiva que nunca. Pasaron las horas sin que nos diéramos cuenta, hasta que el camarero nos "echó". Fuimos hasta el metro, ya que iba siendo hora que cada cual volviera a su casa. Tardamos mucho rato en irnos, y entre medias nos despedimos como tres veces. Pero me quedo sobre todo con la primera despedida, cuando nos abrazamos y me dijo: "Te quiero" mientras me daba un beso en la mejilla. Entonces me sentí como siempre. Como aquellas dos amigas que eran como hermanas tiempo atrás, que se contaban todo y se reían del mundo. Que estaban mano a mano ante todas las adversidades. 
Se va un tiempo, pero creo (y espero) que mantendremos el contacto este tiempo, y que nos veremos antes de que se vaya aunque sea una última vez. 
Siempre dicen que "más vale tarde que nunca", y que "el tiempo pone a cada uno en su lugar". Pues bien. Puede que hayamos estado casi dos años sin hablar, sin saber nada la una de la otra si no fuera por el Facebook y porque algunas personas nos contaban cosas de la otra. Pero me gusta pensar que este tiempo nos ha servido de reflexión y nos ha enseñado que, a pesar de todo, seguimos queriéndonos como siempre y seguimos siendo buenas amigas. Pensaba que si hablábamos alguna vez e intentábamos arreglarlo, al principio no sería como siempre. Cual fue mi sorpresa al ver que esto no era así. Que, a pesar de todo, sigo viendo en ella a aquella chica de 13 años que conocí un verano cualquiera haciendo surf. Que sigo viendo a aquella chica que quería proteger de cualquier mal. Que sigo viendo a la que por mucho tiempo fue mi mejor amiga y espero que vuelva a ser así.
Si es que, los días 7 me traen buena suerte y sonrisas a mi vida. Y, en este caso, me ha traído de vuelta a mi buena amiga.

lunes, 4 de noviembre de 2013

De esto que

Estás hablando tranquilamente con un amigo y te salen decir cosas como estas en la conversación:
"Yo estoy hecha para ser una romántica empedernida. Que ve las parejas y suspira. Una escritora de novela romántica que a penas sabe que es el amor. Estoy hecha de amor y soledad. Y así me voy a quedar."
Yo, al igual que mi madre, soy una escritora frustrada. De esto que te salen las palabras por los poros de la piel.
(Deb el 2013/11/04 a las 11:41)

sábado, 2 de noviembre de 2013

2013/10/13

Dicen que cuando estamos tristes es cuando más escribimos. Pues bien, yo soy uno de esos casos en los que cuando el corazón suspira y el alma llora en un rincón oscuro, escribo.
Hoy es uno de esos días en los que, no sabes por qué, recuerdas millones de cosas y te imaginas otras tantas. Uno de esos días en los que te da por meterte en el Spotify, te pones "El regalo más grande" de Tiziano Ferro y te entran ganas de llorar sin saber por qué. Aunque, en realidad, en el fondo sabes que lo que te pasa es que se te han metido recuerdos y sentimientos en ambos ojos.
Recuerdas a esa persona del verano de 2009, aquella que te enseñó en la distancia lo que era el amor. Aquella que más que nadie hasta aquella fecha te rompió el corazón.
Por raro que parezca, apenas piensas en aquella persona del verano de 2011, la que te enseñó en primera persona lo que era tener una pareja y compartir con ella el día a día. Persona que, como no podía ser de otra manera, terminó rompiéndote también el corazón.
Por último, te acuerdas de esa persona de este verano de 2013. Esa asignatura pendiente de hace años que te devolvió las ganas de querer, de enamorarte. Pero todo acabó antes de que realmente empezara, dejándote con un sabor agridulce en la boca, pero con ganas de más.
Y me da por pensar: ¿Alguna de esas tres personas, en algún momento dado, se acuerda de mi? ¿De lo que vivimos, por muy efímero que fuera?
Entonces, mi cabeza me da una única respuesta: "No. Tú eres la única tonta enamoradiza que se acuerda de todo. Esa idiota que va con la coraza puesta por la vida, pero que en el fondo es más blanda que un oso de peluche".
Y vuelvo a empezar. Escondo a la romántica, saco a la guerrera.

jueves, 31 de octubre de 2013

This is Halloween

Esta noche casi todo el mundo se iba de fiesta y yo me iba a quedar en mi casa, con la manta en el sofá viendo la televisión. Pero...
Hoy es la noche de las brujas, y yo soy una de ellas (en mayor o menor medida), así que... Tendré que coger la escoba y echar a volar esta noche. A ver qué se cuece ;)



martes, 22 de octubre de 2013

Demasiado perfecto

¿Sabéis ese momento en la vida en el que piensas que no puedes ser más feliz? Bueno, pues el viernes pasado, 18 de Octubre, yo me sentía así.
Mi madre y una amiga mía se compincharon en mi contra para darme una grandísima sorpresa cuando llegase a casa. La escusa era perfecta y, yo que soy una ingenua, me lo creí como se cree en las buenas canciones. Me dijeron que fuera a ver la cama que mi madre había comprado, a ver si me gustaba. Fui a mirarla y vi que tenía fotos de Italia. Y entonces lo vi. En una esquinita de esa cama acolchada, una bolita peluda negra. Ahí estaba, mi gatete bonito. Mi Salem.
No podía creerme que al final estuviera en casa, por fin. No quería ni cogerlo, porque estaba dormido y no quería despertarlo. Pero una vez cogido, ya no lo pude soltar.
Tenía el fin de semana para no hacer nada, así que decidí que la pasaría con ese pequeñín que me dio razones más que suficientes para sonreír. Tan pequeño, no pudo hacer otra cosa más que adoptarme como madre. Si no le tenía encima, lloraba. Y yo que soy una blanda, pues me lo encaramaba encima. Todo el día tumbada en el sofá con el gato sobre mí. Así pasó el sábado, en el que a todos se nos caía la baba con ese bebé.
El domingo lo pasé fuera de casa, y cuando llegué sólo quería tenerle conmigo. Pasó la noche, y llegó el lunes. 6:30 de la mañana y una frase con la que mi corazón dio un vuelco: "El gato está frío". No sé como lo supe, pero lo sabía.
Me empecé a poner nerviosa. Mi madre tenía que ir a trabajar, y yo tenía que ir a la universidad. Pero no podía dejarle solito... No podía. Así que me quedé en casa. Con el pequeño pegado a mi, con dos toallas, intentando darle calor. No comía, y juraría que le costaba respirar. Una hora después, el pequeño me dejó llorando con él entre mis manos...
Tan rápido como vino, se fue. Apenas nos dio tiempo a cogerle cariño, pero os puedo asegurar que ayer pasé un día horrible en el que no podía parar de llorar. Doy gracias a que dos amigas mías vinieron y me hicieron compañía todo el día. Me sacaron de casa durante la mañana, me sacaron alguna que otra sonrisa y alguna carcajada. Cuando me dejaron otra vez en mi casa, entré llorando. Llegó mi madre de trabajar y nos pusimos las dos a llorar. Volvieron mis amigas y se llevaron al pequeño para enterrarlo. No tengo ni que decir que volvimos a llorar.
Hoy he ido a clase, y en algunos momentos en los que me acordaba de él, quería echarme a llorar. Pero no debía.
Ahora sé que tengo otro angelito por ahí, en el cielo de los animales o donde sea, que vela por mi.
Gracias por estos pocos días en nuestras vidas, Salem. Necesitábamos dar cariño y tú te dejaste querer. Nunca te olvidaremos, panterita.


jueves, 3 de octubre de 2013

Y es que...

Veo este tipo de vídeos y sigo pensando lo mismo: los animales son mejores que las personas. Tienen una sensibilidad que mucha gente carece. Los animales dan sin recibir nada a cambio. No entiendo como hay personas que los maltrata o los abandona. Si yo pudiera... No me cabrían en casa de todos los animales que tendría. 
Amo a los animales porque son amor incondicional.
http://www.telecinco.es/informativos/internacional/labrador-convence-sindrome-Down-juegue_0_1677900027.html

jueves, 15 de agosto de 2013

El gen

Soy una persona sensible, que ama de muchas formas y algunas bastantes equívocas. He visto de todo en esto del amor, también lo he sufrido. Y aún así mantengo la esperanza de enamorarme de alguien que pueda llegar a quererme como quiero.
Empecé el verano ilusionada. Había olvidado lo que era tener una estúpida sonrisa sin razón aparente en mi rostro. De suspirar y soñar con esa persona. Pero como siempre, el tiempo hace de las suyas. 
No sé qué pasará, porque tampoco es que haya terminado aquello que no llegó a comenzar del todo. Pero no tengo buena sensación, así como no la tenía cuando he ido al punto de encuentro. Yo y mi brujería, como no. 
Adoro mi apellido, pero no el gen que lleva incluido. 

viernes, 7 de junio de 2013

Agur eta ohore

Quién me iba a decir a mí que aquél miércoles cultural con los amigos de la uni iba a terminarlo cumpliendo el sueño de mi vida.
Todo empezó a las cuatro de la tarde, en Moyua. Fuimos al museo de Bellas artes y pasamos un buen rato allí dentro, haciendo honor a nuestra carrera. Salimos a por un McFlurry, para reponer fuerzas (y menos mal que lo hicimos) al sol mientras veíamos a los perros jugar. Pero sabíamos que teníamos que hacer algo importante...
Fuimos a San Mamés. Había que despedirse de la Catedral, aunque sólo pudiéramos hacerlo desde fuera y sacándonos una foto en el photocall. Pero, como manda la tradición, teníamos que tomarnos algo en Pozas. Terminamos yendo al Simply a por más alcohol del que teníamos pensado bebernos, y nos fuimos al coche. Entre risas, la llamada de un amigo: "Al final no voy con vosotros... Que entro en San Mamés". Odio, frustración, más odio y sobre todo envidia hacia esa persona. 
El partido empezó y nosotros ni siquiera estábamos oyéndolo por la radio. Hasta que me dio la neura, esos impulsos que a veces me dan. "Angui, es el último partido de San Mamés y ni siquiera estamos en un bar viéndolo". No duramos ni cinco minutos sentados, pusimos rumbo a nuestra amada Catedral. Ya allí, nos acercamos al mítico "El Estadio" para ver el partido como tantas otras veces he hecho: a hurtadillas y desde fuera, kalimotxo en mano.
El partido fluía, balón arriba, balón abajo, sin ningún gol de nuestro Athletic. Hasta que el equipo contrario hizo lo suyo y nos marcó. No pasaba nada, el Athletic todavía tenía su oportunidad, aunque la verdad, lo importante de esa tarde era honrar a San Mamés y despedirlo a lo grande. Y así, como que no quiere la cosa, grandes leyendas de nuestro amado equipo saltaron al campo: Dani, Iribar... Hasta que, de repente, salió él. El odio, la envidia y la frustración crecieron en el momento que mi ídolo, Julen Guerrero, pisó San Mamés después de tantos años y por última vez. Fue instantáneo y desde entonces no pude parar: me puse a llorar. Aquel dorsal con el número 8 estaba allí, a pocos metros de mí y no lo podía ver en persona. 
El encuentro terminó, y nos volvimos locos cuando vimos como sacaban las porterías por la puerta que teníamos más cerca. Corrimos hacía allí, para ver si teníamos suerte y nos dejaban entrar o, al menos, ver desde la lejanía. Después empezaron los sobornos al chaval de la puerta contigua, diciéndole que le pagábamos, pero que por favor nos dejara entrar, que teníamos que ver a Guerrero. La respuesta fue negativa. 
Corrimos hacia la puerta del palco, tenían que salir por algún lado al fin y al cabo. Pero volvió a darme la neura, y fui a recorrerme todo San Mamés para encontrar a un conocido que trabajaba aquél día. Con el lloro constante, llegué al final y no tuve suerte. Así que, tuve que poner en marcha el plan B. Fui a una de las puertas, donde estaba un chico. "Por favor, ¿puedes dejarme entrar? Ha jugado Julen Guerrero, es mi ídolo desde que era pequeña y jamás le he visto en persona." Su cara fue un poema cuando me dijo que no podía, y que le partía el alma no poder dejarme pasar. Las lágrimas aumentaron en ese mismo momento. Con la cara empapada y desanimada, volvía con mis amigos cuando vi a una chica, y pensé: "Esta es la última vez que intento colarme". Volví a repetir el mismo discurso, sincero al igual que mis lágrimas y, esta vez, tuve suerte. Cuando aquella chica me dijo "Venga, entra", me quedé sin aliento y no me lo pude creer hasta que vi que abría la puerta. Corrí escaleras arriba, sin saber hacia donde me dirigía, hasta que lo oí. El rugido de San Mamés. Entré, llorando como quien no ha llorado en su vida, con el móvil en la mano para grabar aquel mágico momento en el que el estadio estaba a oscuras, iluminado por aquellos farolillos roji blancos que tenía la gente. No paré de llorar. Tuve que pedirle al señor que estaba a mi lado si podía darle un abrazo, y me lo dio, reconfortándome como necesitaba que lo hicieran. Aunque estuviera sola en aquel momento, no me sentía así. Estaba arropada por esta familia tan grande que es la afición de San Mamés. Mis amigos me llamaban por el móvil, diciéndome que volviera donde estaban. Pero no podía... Mis pies se habían quedado paralizados y mi cabeza solo pensaba dos cosas: "es la última vez que entro en San Mamés" y "por favor, Julen, sal al campo con el resto de jugadores para que os pueda ver". 
Todo acabó. Las luces se encendieron y tuve (tuvimos) que volver a la realidad. Poco a poco la gente iba dejando sus asientos, aquellos en los que habrían vivido cientos de partidos. Atrás quedaban miles de recuerdos; incluso los míos, a pesar de ser muy pocos. Todavía llorando, con el corazón en un puño y los sentimientos a flor de piel, tuve que salir y despedirme para siempre de la Catedral. Cuando vi a la chica que me había dejado entrar, le di un abrazo y le dije que le debía la vida, a lo que ella sonrió y me dijo que no pasaba nada.
Volví con mis amigos, que estaban esperando en la puerta del palco. Apenas podía hablar. Tras un rato de expectación, en la que la mayoría de nosotros solo quería ver al gran rey león, poco a poco los jugadores de ambos equipos empezaron a salir. El nerviosismo se palpaba en el aire, y cuando una chica que teníamos al lado dijo que Julen Guerrero estaba en la otra puerta a punto de salir, casi no nos hacíamos responsables de nuestros actos.
Y, por fin, salió. No os hacéis idea de como la gente fue hacia él, una pequeña multitud que parecía enorme a su vez. Y todos estábamos allí por él, por el auténtico rey león del Athletic. Qué queréis que os diga, no me podía creer que le estuviera viendo. No sé ni cómo no me puse a llorar nada más verle. Cuando ya estaba más cerca de nosotros, cogí a mi amigo (que no pudo entrar en el campo) para que le firmara a él primero. El momento en el que le di el billete del metro de Roma (con mi fecha de cumpleaños) para que me lo firmase, es cuando empecé a hablar y parecer una auténtica loca. Con mi cara de fascinación y, supongo, que la emoción en la voz, le dije: "Julen, llevo 21 años esperando este momento". Según mi amiga, le debí decir que cuando saltó al campo me puse a llorar porque no estaba dentro viéndole. Yo no me acuerdo de eso, pero la creo. En ese momento me daba igual el resto de la gente, sólo existía él. Cuando me devolvió la cartera con el billete, y estaba sonriendo fue cuando le pedí los dos besos. Os puedo jurar, que ese momento no se me va a olvidar nunca. Salí de todo aquél alboroto y le llamé a mi madre. Como no podía ser de otra manera, me puse a llorar como una estúpida. Por fin... ¡POR FIN! Seguía mirándole en la distancia, y todavía no podía creérmelo. Allí estaba, mi ídolo desde que era una enana. La razón por la que en mi casa empezó a verse el fútbol, pues con dos años, salió él en la pantalla y grité su nombre. 21 años después, cumplí el sueño de mi vida.
La vuelta a casa fue silenciosa, mucho. Pero es que estábamos ensimismados. Alicaídos porque derrumban la Catedral, pero eufóricos porque habíamos estado con el eterno capitán, Guerrero.
No puedo imaginar una manera mejor para despedir ese campo que tanto nos ha regalado, tanto a los aficionados como a los propios jugadores. Sueños, risas, lágrimas y, sobre todo, emoción. Porque San Mamés no es un simple campo, no lo ha sido y nunca lo será. San Mamés es la Catedral, donde los sueños y los milagros suceden. Porque el Athletic no es sólo un equipo, es una familia junto con la afición. Porque San Mamés no es un murmullo en los partidos, es el rugido de un león. 
Espero que el nuevo campo nos traiga las mismas alegrías, sin olvidar las tristezas, que nos ha dado nuestro San Mamés en estos 100 años de vida. Que nuevas generaciones lleguen y sientan los colores como se han sentido en todo este tiempo por toda la gente que ama a este equipo. Y, sobre todo, que jamás se olvide de donde venimos, de cómo somos y cómo queremos seguir siendo... Auténticos.
Porque eso es San Mamés y eso es el Athletic: sentimiento, humildad, alegría, tristeza, alirones, rugidos, abrazos, lágrimas, sonrisas... Una familia, una pasión, un sentimiento. 


AGUR ETA OHORE, SAN MAMÉS.
Beti bihotzean

martes, 4 de junio de 2013

Geroa, eroa

Sua bada, ukituz erretzen zaituena. Hotza izanez gerturatu bestela hoztuko zera. Beroa, arriskua; geroa, eroa. Beroa, geroa. Tren ugari bizi motz hontan, gutxi batzuk benetan merezi dutena. Hura hartu, arriskatu, ez galdu zure aukera. Biharko damuari ez utzi bidea. Iragana ez dut ahaztu, oraina berriz bizitu. Geroak zer dakarren beldurrik ez dut. Zure ametsak bizitu, erokeriaz margotu, saiakeran eroriz, burua altxatu!
Berotu naiz, kontziente naiz, nere kontraesanekin. Galduko naiz, aurkitu naiz, buruhausteen atzetik. Pauso bat aurrera noa, beste bat, gelditu gabe. Ibiliz burua galdu arte. Bizi beldurrik gabe. Kolpeak jasan ta malkoak dantzan daude. Bukaera ez da existitzen, agurrak milaka daude.

Un poco bruja

¿Sabéis ese tipo de gente que tiene un don especial? Ya sean pálpitos, lean las manos o prevean el futuro. Bien. 
No sé por qué yo siempre he sido una de esas que tiene pálpitos, y la mayoría de las veces han sido con consecuencias terribles. La sensación era horrible y, tiempo después, se hacían realidad los temores que atormentaban mi cabeza.
Luego hay veces que no siento pálpitos, pero por alguna razón que no conocía en el momento, reaccionaba de una manera u otra. Y, pensándolo, esto me ha pasado dos veces en menos de dos años.
¿Aterra? Sí. Pero también, en el fondo y de alguna manera, me protege. Pero en esta última ocasión, me ha explotado en la cara. 
No voy a rememorar las últimas 6 horas, porque la verdad, han sido una puta mierda. Con solo decir que el día ha empezado con una persona que sólo ha dormido dos horas, que tenía un examen, que le han dado una nota que le había alegrado el día y que por esta misma, le han amargado la tarde, lo digo todo.
Por una ocasión lo engloban todo. Y eso me ha afectado, y por lo que siento (y pienso mirando hacia el futuro) me va a afectar o perjudicar, como queráis decirlo, siempre. 
¿Qué pasa? ¿Una persona que es vaga a más no poder y que normalmente suspende o aprueba justo, no puede sacar una nota más alta de lo que acostumbran a ver los que la rodean? Enserio. Ya tengo suficiente con castigarme yo a mi misma para que otros lo hagan, ocupando así el papel de aquél que ya no vive conmigo. Vivía bien sin que nadie me hiciera sentir tonta. Sin que nadie me señalara por mis actos cuando ni siquiera les compete ni afecta a sus vidas. Ni mi madre me dice lo que he de hacer, ¿por qué vosotros sí? La verdad, no tenéis derecho alguno.
No esperaba este tipo de reacciones en aquellas personas que llamaba "amigos". Pero supongo que las cosas cambian, y que ninguno tenemos por qué pensar igual. Pero, anonadada me he quedado. Sobre todo por ti. Jamás esperé algo así de ti. Pero bueno, la vida es, como dijo mi madre no hace mucho, como una rosa: bella pero dolorosa. 
Que sí, que ya está. Que todo queda claro. Esto se ha acabado. De peores he salido. Es solo un bache más. 
Supongo que eso de que me llamen "sorgina" o "bruji" desde pequeña ha hecho mella en la persona que soy hoy. Tendré que hacer más caso a mis instintos, ya sean buenas vibraciones o malas. Porque, la verdad, es que soy un poco bruja.

domingo, 21 de abril de 2013

Desahogo momentaneo

Estoy escribiendo esto yo que sé por qué. Supongo que tengo la necesidad de desahogarme. Son muchas cosas las que llevo guardando dentro por muchas personas, algunas puntuales la verdad. En el momento no se ven las cosas claras, pero después de un tiempo, cuando la venda se cae de los ojos, todo se ve tan claro... Tanto que da miedo. Te das cuenta que lo que creías real era una total y absoluta farsa. Que ni las mejores amistades duran para siempre, así como el amor se puede esfumar con una sola mentira. ¿Los planes, promesas y juramentos? Desechables, como todo en esta vida. 
En fin. La vida da muchos giros, y yo sólo he sufrido unos pocos. Vendrán muchos más, y serán igual de dolorosos. Pero al menos sé que tengo la fuerza de pasarlos por alto y pisotearlos. Pisotearlos, como algunas personas han intentado hacer conmigo. 
Como se suele decir... El tiempo pondrá todo en su lugar.

sábado, 13 de abril de 2013

¡Tócame! Estoy en tus manos

Hoy he tenido un día de lo más musical. He amanecido a eso de las 11:15 de la mañana y he tenido mi terapia musical particular. Con mis cascos nuevos, perfectos para ser acompañada por mi amor incondicional, me he encaminado hacia el bus. Como cada día, he ido a la universidad, y la única clase que tenía era la de Música. Que mejor que hablar de los virtuosos Liszt, Chopin y Beethoven para seguir con la emoción que inundaba sin quererlo en mi interior. Nada hay que comentar de la magnifica novena sinfonía de Beethoven para que la piel se me ponga de gallina y los ojos llorosos. 
Y, por fin, la hora tan deseada de salida. Mis ansias de ver esos 7 pianos de cola repartidos por todo Bilbao. Por primera vez, ha llegado a nuestra ciudad esta iniciativa que ya se había visto en otras ciudades. 
He emprendido la caza de los pianos en la mejor de las compañías, aunque me han torturado un poco para que tocase. Mis nervios y yo íbamos de la mano, y el pánico escénico me iba pisando los talones. 
Catedral de Santiago, Plaza Nueva, estación de Abando, El Corte Inglés, Diputación Foral de Bizkaia, la Alhóndiga y el museo Guggenheim han sido el escenario de estos 7 magníficos instrumentos. En todos ellos había gente de diferentes edades, desde niños a personas adultas, novatos y profesionales. Todos movidos por el mismo sentimiento y pasión. Y ahí, entre empujones, largas esperas, pateadas por llegar a donde estaban y sonrisas incontables, me he arrancado (torpemente y condicionada) a tocar. 
Sinceramente, no esperaba ver a tanta gente. Bilbao está lleno de personas que tocan el piano, y me ha encantado poder compartir con ellos unos minutos en los que sólo pensábamos en lo mismo. Me he sentido parte de una gran familia que ni siquiera sabía que tenía. He disfrutado de todos y cada uno de los artistas, porque todos (en mayor o menor medida) lo somos.
Espero y deseo que esta iniciativa se promueva más a menudo, y que lo haga por todas las ciudades. Que los pianos tomen la calle y todo aquél que le apetezca, salga y toque aunque sea un DO o ese LA que necesitan otros instrumentos para afinar. O simplemente sentarse en la banqueta y tocar las teclas, acariciarlas o aporrearlas. Pero siempre con cariño, por favor. 
No puedo estar más encantada con el día de hoy, sobre todo la tarde. Me llevo un gran recuerdo para el futuro y una partitura maravillosa que un pianista había dejado en el piano de la estación. El eslogan no podía haber sido más acertado... "¡Tócame! Estoy en tus manos"

sábado, 2 de marzo de 2013

Urte bat jada

Hoy hace un año que mi mundo se derrumbó, que mi vida se partió en dos, que me sumergí en una oscuridad de la que no sé si he salido del todo. Hoy hace un año que se marcho para no volver lo único que he querido con toda mi alma y todo mi corazón. Hace un año que mi perro no está conmigo, un año de auténtica soledad. 
Son 365 días de un año que parecía interminable, en el que los lloros los días 2 eran inevitables. Que le voy a hacer, sabía que me iba a doler tanto o más de lo que hizo aquella fatídica noticia que me dio mi madre. Lo peor de todo es que sabía, inconscientemente, que algo malo había pasado aquel dos de Marzo de 2012. Al llegar a casa a las 11 mis peores temores, de la mano de mi mayor miedo, golpeó la puerta de mi corazón para desgarrarlo. 


Echo de menos aquellos días de verano en los que bajábamos hasta Larra y jugar en la fuente era el mayor divertimento. Acabábamos siempre empapados los dos.












Así como las noches en las que salíamos a pasear cuando jarreaba como si no hubiera mañana. Pero no importaba, porque la compañía era suficiente.















Echo de menos estar estudiando y tenerle ahí, cerca de mi. Era la mejor compañía en esos momentos de desesperación absoluta.



Su compañía mientras estaba en la sala sin hacer nada. El hecho de dejar la mano caída en el sofá para acariciarle la cabeza, y cómo me pedía mimos rozando su hocico contra mi mano.


O cuando me sentaba a su lado en la cocina sólo para estar con él.



Sus posturas divertidas, aunque la mayor de las veces le hacían que se pusiera así.


Pero también era un auténtico modelo de su propia pasarela natural, en la que salía perfectamente precioso.

¿Qué os decía? PRECIOSO.








Echo de menos su carita bonita mirándome con esos ojos que me robaban el alma. Que cada vez que lo miraba me entraban ganas de comérmelo a besos.
¿Qué puedo decir de un perro que ha vivido conmigo 10 años, o lo que viene a ser la mitad de mi vida? Sólo cosas bonitas. Porque siempre que estaba mal, iba y me abrazaba a él. Recuerdo como lloriqueaba y me lamía la cara cada vez que lloraba. Era tan tierno que creía morir cada vez que lo hacía. También sus lloriqueos cuando tocaba el piano (lo siento por ello). 


De verdad, no tenéis ni idea de lo que he querido y quiero a este perro. Mi lobito, mi chucho, mi churri, mi cosa, mi gordi... Resumiendo, mi TODO. De lo mucho que le echo de menos en todos los aspectos. Odio no haberme podido despedir de él aquel día, y me martirizaré con ello durante años. Y lo sé. Sólo espero que esté donde esté, sea feliz como cuando estaba en casa.  





Ojalá pudiera volver a abrazarte, Beltz. Maite zaitut, txikitxu.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Aprendamos de él


Queda prohibido llorar sin aprender, 
levantarte un día sin saber que hacer,
tener miedo a tus recuerdos.
Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.
Queda prohibido no demostrar tu amor, 
hacer que alguien pague tus deudas y el mal humor.
Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles sólo cuando los necesitas.
Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.
Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.
Queda prohibido echar a alguien de menos sin
alegrarte, olvidar sus ojos, su risa,
todo porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.
Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.
Queda prohibido no crear tu historia,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita.
Queda prohibido no buscar tu felicidad, 
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no sería igual.


Queda prohibido - Pablo Neruda


viernes, 15 de febrero de 2013

L de Lo conseguí

Hace tiempo que quiero escribir esta entrada y, de hecho, el 24 de enero hice un borrador en el que sólo constaba el título. Me adelanté, y tuve que borrarlo.
Jamás imaginé que mi deseo de cuando era una enana me iba a costar tanto realizarlo. Casi tres largos años, en los que iba y venía apareciendo por la autoescuela cual fantasma de las navidades pasadas. Hasta que una amiga me obligó, como quien dice, a presentarme al examen. Ese que me daba tanto terror. Ese que aprobé más que sobrada. 
Luego llegaron las prácticas y la excitación. Puto vicio rutinario. Las risas con el profesor y esas conversaciones que, sacadas de su contexto, hacen pensar peor que mal. Y, sobre todo, esa confianza que tendría con un familiar. Esas dos horas diarias que se pasaban volando a una velocidad de 120km/h. Días que mantenía en secreto a los míos.
Este secreto a llegado a su fin, y ya iba siendo hora. Llevo callándome la alegría desde el 23 de Noviembre. Mi amiga Santa Cecilia fue una buena patrona aquel día 22 en el que me embarqué en esta nueva aventura acompañada de mi amiga del alma de la infancia. 
Y aquí estoy. Tres intentos después, siguiendo los pasos de mi madre, esperando a que me den mi carnet provisional. Ese que me dará un poquito de libertad cada vez que la necesite, incluso cuando llueva. No veo la hora de poder coger el coche e irme a las playas a ver atardecer con la compañía de un buen libro y buena música. 
La verdad, cuando puse mi cabeza a pensar en cómo sería esta entrada, me imaginaba que sería una de esas en las que me explayo y no paro de escribir todo lo vivido. Pero la verdad, es que no me salen las palabras. Será que estoy agotada. Pero, aunque no es el resultado que esperaba, aquí está otro capítulo de mi vida que sólo acaba de empezar. Y espero que no termine.
Hoy me siento una L de "Lo conseguí"

jueves, 14 de febrero de 2013

Catorce, ni más ni menos

"El Día de San Valentín es una celebración tradicional de países anglosajones que se ha ido implantando en otros países a lo largo del siglo XX principalmente en la que las parejas de enamorados expresan su amor y cariño mutuamente. Se celebra el 14 de febrero, onomástico de San Valentín. En algunos países se conoce como Día de los Enamorados y en otros como Día del Amor y la Amistad."

¿Bonito, verdad? Hoy es un día en el que se supone que todo es bonito, de ese color rosa pasteloso que a las chicas nos debería de caracterizar, pues lo hacía cuando éramos crías. Es un día en el que todos están felices, se sonríen y esas parejas enamoradas se besan delante de todo el mundo, pensando que tienen una excusa por la cual demostrarlo al resto de la gente. Un día en el que se regalan rosas: rojas o rosas, da igual. Porque las flores de la amada siempre son las elegidas y bien recibidas por esta. Y estas, van acompañadas de unos dulces. Cajas de bombones con forma de corazón. Es un día que cualquier chica enamoradiza quiere que llegue para que su novio la haga sentir especial.
Pero, el amor no se demuestra sólo un día. El amor y el cariño se demuestra a diario. A tu pareja, a tu familia, a tus amigos. SIEMPRE hay que demostrar el cariño a quien se quiere, aunque no lo hagas de la forma correcta.
Yo siempre he sido de esas chicas que creían en la tontería de San Valentín. Que soñaba con tener un novio y hacer algo especial como se ve en las películas americanas. Pero nada es como en las pelis, y yo tuve un único día de San Valentín. ¿Qué cómo fue? Sinceramente, fue un día de lo más normal. Quedamos como todos los días, nos dimos los besos que siempre nos dábamos y aquellos abrazos que tanto significaban. Hablamos y nos reímos, como siempre hacíamos. Pero fue un día más, en el que no nos regalamos nada el uno al otro. Con deciros que el único regalo que tuvimos fue un llavero que nos regaló su padre, os lo digo todo. No necesité nada, porque como ya os he dicho antes, el amor y el cariño se demuestran a diario.
Las cosas se aprenden con el paso del tiempo. Y esto es algo que he aprendido con sólo un San Valentín. ¿Qué me gustaría tener un día como lo estarán teniendo algunas parejitas? Pues sí, en el fondo soy una tonta enamoradiza y una romántica. Pero es lo que hay, y tampoco es que me quite el sueño. Además:

"Valentín -conocido como San Valentín- se refiere a uno de los tres santos mártires romanos del s. III de existencia discutida, que vivieron en la antigua Roma. La festividad de san Valentín era celebrada por la Iglesia Católica Romana cada 14 de febrero hasta 1969 en el calendario litúrgico tradicional, cuando fue eliminada esta fecha del calendario postconciliar."

¿Veis? Es 14 de febrero, día 45 de este año 2013. El día en el que un amigo mío cumple años, así como lo hace su padre. También es el día en el que murió un mártir. Es otro día más, como lo fue ayer y lo será mañana. A pesar de todo, os deseo un feliz San Valentín a todos los que tengáis pareja, a mis amigos y a mi familia. Yo me voy a dedicar a pasarlo con mis tres amantes: un rato con el sofá, dormiré con la cama y amaré a la música incluso en sueños.

jueves, 24 de enero de 2013

Relax

¿Sabéis? Hoy he terminado los exámenes. Sí, después de todo un mes puedo gritar: ¡VACACIONES! Que bueno, más bien es una especie de puente, porque el lunes empezamos el segundo cuatrimestre. Ese en el que dos de cinco asignaturas eran las que me gustaban, pero la del Renacimiento dicen que va a ser bien jodida. Así que, aquí estoy, cagándome en todo. Pero bueno...
Tampoco sé porque grito "¡Vacaciones!", pues llevo desde que nos dieron las de Navidad tocándome las narices a dos manos. Todos los días a todas horas. Menos cuando me daba el siroco de volverme un poquito responsable y me daba por leer los apuntes. Pero ya me conocéis, soy una vaga que lo que más le gusta es estar tumbada en el sofá sin hacer nada. Añadiendo horas extra a mi titulación de vagancia. 
Hoy ha terminado una etapa más, la verdad es que ha sido un poco fatídica. Y sobre todo si lo comparo con la del año pasado. Las Navidades del año anterior no fueron las mejores ni echándoles un rápido vistazo por encima. Pero al menos estaba algo más centrada en los estudios. Además, siguiendo con las comparaciones, el año pasado salía casi todos los jueves, o al menos uno al mes. Pero este año... Sólo he salido dos juernes de mi segundo año universitario, y las notas están siendo... Como están siendo. Y digo yo, ¿voy a tener que empezar a salir como el año pasado para que las notas mejoren un ápice? No me importaría, la verdad. De hecho, hoy me estoy perdiendo la que puede ser la única oportunidad de salir con (prácticamente) toda la unipeople. Espero que haya otra, y que sea la semana que viene (he dicho).
Pero bueno, como suele decirse: "No hay mal que por bien no venga". Así que, con esto de que no tengo que estudiar hasta Mayo/Junio otra vez, voy a respirar. Aunque debería de estudiar las que me han quedado por las mañanas. Pero he decidido que estas dos primeras semanas voy a DORMIR. Algo que hecho profundamente de menos.
Mi etapa de relajación ha empezado hoy con unos cupcakes, los primeros que hago. Y, siendo sincera, no me han quedado nada mal. Normales, con chocolate, doble chocolate, y con distintos colores. Me ha dado por hacer postres, ¿qué queréis?
Así que... Aquí estoy. En mi momento relax porque, aunque sea un poquito, me lo merezco. Solo espero que a partir de hoy, vaya todo un poquito mejor. Así como fue la primera semana de año :)

viernes, 18 de enero de 2013

Super Antonio

Hoy va por este gran pequeñín. Ha salido en las noticias, y no he podido dejar de sonreír todo el rato. De emocionarme con las palabras de una de sus profesoras y el cariño que le brindan sus compañeros.
Sí, hoy va por este pequeñín llamado Antonio. Un niño de apenas 5 añitos que tiene más vitalidad que tú y que yo juntos. Y eso que tiene una pequeña dificultad, cosa que ni tú ni yo tenemos ni podremos imaginar a ciencia cierta cómo es. Antonio, ese pequeño que siempre tiene una sonrisa en su cara para todos. Ese que está más que integrado en una clase de niños de su edad, que lo quieren y adoran.
No hace mucho escribí una entrada relacionada con la inocencia de los niños. En él hablaba de cómo los niños reparten amor sin importar a quién ni cómo. Sin motivo ninguno. Este es un claro ejemplo, y espero que no sea el único. Con este pequeño vemos que la integración es posible, y que debería ser siempre así. Además, una amiga me ha contado hoy que un chavalín de nuestro pueblo ha sufrido bulling desde siempre, incluso en los nuevos colegios donde no le conocían. Tiene 12 años y prefiere no vivir antes que seguir así.
Y yo me pregunto, ¿por qué? ¿Por qué la vida es tan injusta con los más pequeños? ¿Por qué algunos niños son tan crueles con otros? ¿Por qué no pueden ser como Antonio y sus compañeros de clase? ¿Por qué no desaparece la maldad, al menos, entre los más pequeños? Hay veces que me enervo con este tipo de historias en las que unos se creen superiores a los demás y deciden martirizar a una pobre alma. Pero gracias a dios, a buda, al karma o a quién sea, hay historias que no te hacen perder la esperanza como la de Antonio. Y rezo, aunque no soy de rezar, porque la vida sea justa con los que tiene que serlo. Rezo para que no hayan más casos de bulling pero sí que hayan más casos de integración como los de mi nuevo super héroe favorito, al cual me encantaría conocer y abrazar. 
No me voy a extender más. Si no habéis visto este maravilloso vídeo, deberíais hacerlo. Pensar y, sobre todo, recapacitar. Por último, lanzo unas preguntas al aire: ¿En cual de las dos historias te gustaría que tus hijos fueran los protagonistas? Si alguien que tiene más problemas que tú te dice: "Eso no es nada" y te sonríe, ¿por qué no seguir su ejemplo y sonreírle a la vida? Yo lo tengo muy claro. Quiero un Super Antonio en mi vida, y en la de mis futuros hijos.

domingo, 13 de enero de 2013

V de Vagancia

Últimas horas de un domingo de otro fin de semana cualquiera. 
Y, ¿qué es lo que he hecho yo? Absolutamente NADA. Sí, sí, tal cual leéis. Ha sido un finde de lo más aburrido, de esos en los que ni siquiera el ordenador o la tele te animan o distraen. En el caso de hoy, ni siquiera un mundo alternativo como el que me da la lectura ha sido capaz de distraerme. Que le vamos a hacer, estoy aburrida. Cansada de no hacer nada, y el no hacer nada me cansa aún más. Supongo que la montaña rusa ha llegado a su fin y me ha dejado exausta. 
Mañana empieza una nueva semana. Una en la que no voy a tener que hacer otra cosa más que seguir con la rutina y estudiar. Ni siquiera me tengo que mover de casa a Vitoria todos los días. Estudiar, estudiar y más estudiar. Otra semana más siendo un ermitaño, aunque como siempre no estudiaré tanto como debería. Que le voy a hacer, estoy licenciada en vagancia. Peco de pereza a diario. 
Estoy escribiendo esta entrada de blog por escribir. Sinceramente, no sé ni por qué lo hago. Supongo que para no sentirme tan mal, será para pensar que al menos he movido en algo a las pocas neuronas que tengo. Who knows.
Si tuviera que ser una letra del abecedario, hoy, sería una V. Por eso de la vagancia, claro está.

viernes, 11 de enero de 2013

La la land

La vuelta a la rutina llegó el lunes, y yo tenía unas ganas de volver a empezar que no me las podía ni creer. Aunque los exámenes era algo que no me importaría eliminar, para que negarlo.
El lunes fue un gran día, claro que lo fue. Tenía otra calidad de vida, o más bien de pensamiento o actitud. Y no soy yo la que lo dice, también el profe de la auto escuela me lo dijo: "Se te ve contenta. Tienes otra chispa, otra actitud. Está guay." Y lo estaba, realmente lo estaba. No dejaba de sonreír, de hablar con una inmensa alegría. Contar mi espléndida Noche vieja me animaba, hablar de las Navidades también lo hacía. La verdad es que estas "vacaciones" expres no han estado nada mal.
Como veis, mi semana empezó en la más alta montaña, en el punto más alto de una atracción que te pone el corazón a mil por hora y la adrenalina se te sube como las burbujas del champán a la cabeza. Cómo me encanta esa jodida sensación.
Martes llegó sin mucho cambio. A pesar de tener examen, estaba la mar de tranquila. Seguí con esa rutina y no fue mal, aunque al terminar me llevé una sorpresa innecesaria. Aquí es cuando todo empieza a torcerse un poco, como en la montaña rusa que te da un lupin antes de una grandiosa caída. Miércoles comenzó siendo desastroso, pero no iba a permitir que mi situación física me jodiera la semana que tan bien había empezado. Me negaba. Jueves apareció como una señal de cambio de dirección en una carretera convencional con destino a ninguna parte, y decidí tomar esa salida. ¿Qué nuevo paraje me encontraría a la vuelta de la curva? Ah, sí. El deseado viernes. Puertas del cielo y paraíso que es el fin de semana. Mi viernes ha comenzado a las tres y media de la mañana. Esfuerzos que tiene que hacer una a veces. Mañana entre risas y gritos ahogados por estas mismas, chocolate caliente para intentar mantenerme despierta y un examen más. Pero todo esfuerzo merece su recompensa, por lo que una manzana (verde, que la roja se la quede Blanca) y las risas con los tuyos son el oro perdido de un Colón desesperado. Un poco más de esa rutina, que más que rutina, es puro vicio. Sencillamente, maravilloso. 
Vuelta a casa después de un día largo y agotador cuanto menos. A pesar de querer mantenerme despierta y soñar, me he quedado dormida y sin abrir la puerta del reino de los sueños. Pero no ha estado mal. Sin querer me he apoyado en la tecla OFF de mí misma y he descansado después de mucho tiempo. 
Así que aquí estoy, escribiendo porque me apetece. Escuchando música porque es mi mayor vicio, con los pies sobre la mesa porque no tengo que demostrarle a nadie que no soy una de esas señoritas del siglo XIX que tenían que ser correctas en todo momento. Aquí estoy, acompañada de mi nueva actitud diciendo a todo el mundo: "Te cambio un 'Sí' por ese 'Ya no puedo'". Me gusta este momento, me gusta como me siento, me gusta ser feliz. ¿Y qué? Creo que ya va siendo hora. Welcome to my La la land.

lunes, 7 de enero de 2013

Shall we dance?

He tenido un sueño maravilloso. De esos que al despertarme me han dibujado una sonrisa en la cara.
Estaba yo en un centro comercial, esperando junto con Imanol a que mi madre viniera. Me encontraba apoyada en una columna enfrente de un escaparate, cuando veo aparecer a dos chicos con traje. Ambos rubios, y con una pinta de pijos repelentes/creídos que no podían con ella. Es inevitable que mire a Imanol y rodar los ojos; parece que no es la primera vez que les he visto.
Lo bueno viene cuando el más alto de ellos empieza a colocarse la corbata, y el otro está parado enfrente mío, tendiéndome su mano. Yo alzo la deja y al final, la cojo. El pobre me daba lastima, que le voy a hacer. Cual ha sido mi sorpresa que me ha cogido y nos hemos puesto a bailar, sorteando a toda la gente que pasaba por allí. Cuando hemos terminado de bailar se ha ido con el otro pimpollo a saber dónde. Y yo me he quedado en el sitio con una sonrisa en la cara. ¿Qué le voy a hacer? Me encantan esos bailes.
Después, he bajado andando. Y, para colmo, oigo que alguien viene por detrás. Quién sino los dos chicos de antes. Pero esta vez el dúo tiene un nuevo amigo. El alto viene cantando "Shall we dance?" mientras bailotea a mi alrededor. El nuevo amigo, el más bajito me dice: "Estabas destinada a conocer a los Niatragas".
Entonces me he despertado. No sé a que ha venido el sueño, ni que diantres es "Niatragas". Sólo sé que me he levantado con muy buen ánimo, con la sonrisa en la cara y con la canción de "Shall we dance?" en la cabeza. Que sepáis, ha sido una mañana increíble. Y espero que se repita, mañana sí, mañana también.

domingo, 6 de enero de 2013

La inocencia de un niño

Llevo con esta entrada en mente desde hace mucho tiempo. De hecho, lleva en el apartado "Borrador" desde el 4 de junio de 2012. 
Si mi memoria no me falla, aquél día volviendo en metro a casa había un bebé en un carrito que no hacía más que sonreír y soltar risotadas adorables. Entrañable cuanto menos. Lo mejor es que me hacía sonreír y, por la fecha, os puedo asegurar que era lo que más necesitaba.
La cuestión es, que viendo a aquel bebé que no hacía más que sonreír, pues no tenía preocupaciones, me puse a pensar. 
Pensar en como la vida pasa, y cada día vas haciéndote más mayor, cada día tienes más preocupaciones... Cada día tienes algún motivo por el cual no sonreír como lo hacía él. Y, creo no ser la única que lo piensa, es una putada. Sí, claro que lo es. Porque con el paso del tiempo vas perdiendo la ilusión. Dejas de tener las ganas de hacer cualquier cosa, esas ganas que tenías cuando eras un crío que sólo pensaba en subirse en todos los árboles que pudiera. Cuando eras enano no pensabas en que si hacías "eso" podía pasar lo uno o lo otro, y la idea de romperte algún hueso, era algo que no te preocupaba. De hecho, creo que los que se rompían algo, hasta disfrutaban. Iba a ser el guay de la clase que llevaría el brazo, pierna, o lo que fuera escayolado. Eh, y que no falte la firma de nadie, ni los dibujos.
Otra cosa que adoro de la niñez es que no importa quién sea la otra persona, de dónde venga o si es alguien que conoces de toda tu (corta) vida. Si alguien te decía "¿Quieres ser mi amigo?", ahí te agarrabas a su brazo y os poníais a jugar. Amistades más sinceras que las de la infancia no vas a volver a tener. También me encanta que no les preocupa para nada si alguien se fija en ellos, si les gusta tal o cual. Les da exactamente igual, y si no son novios, se lo inventan. Total, nadie iba  a salir herido. Al menos, no entonces. 
Me encanta lo cariñosos que son, que te lo dan todo sin pedir nada a cambio. Su cariño es puro y maravilloso. Cuando un niño te abraza o te besa la mejilla, ten claro que es porque lo ha sentido de verdad. Que no hay nada en su pequeña y alocada cabecita que le diga: "Eh, pequeño. Dale un beso, así conseguirás lo que quieres de ella". A veces, sí que es cierto que te vienen dando arrumacos para conseguir un juguete o que le compres sus chuches favoritas. Pero no estoy hablando de eso. Hablo del amor que dan a todos, sin distinción. Hablo del cariño que te transmiten en una milésima de segundo. Hablo de esa sonrisa tonta que se te dibuja en la cara cada vez que les ves, o te muestran que eres importante para ellos.
Hoy he decidido escribir esta entrada porque he visto a un niño en las noticias. Un niño que no tendría más de dos años (y si llega). Una pequeña criatura que se tapaba los ojitos al ver su regalo de reyes, y no borraba esa encantadora y sincera sonrisa que me ha enamorado. Ha sido entonces cuando he vuelto a ver la inocencia de un niño, esa que vi el año pasado cuando mis primos abrieron los regalos que Papano (como ellos le llaman) les había dejado debajo del árbol. Esa clase de inocencia que tienen todos los pequeños, que creen en seres fantásticos que les conceden los regalos que quieran a cambio de ser formales durante todo el año. Esa inocencia que tanto les caracteriza, la cual evita que sufran con lo que pasa en el mundo. Esa inocencia que algunos pierden antes que otros; ya sea porque ellos mismos quieren perderla y ser mayores, así como los que no han podido retenerla consigo porque han tenido que crecer de golpe. A los primeros les digo: no tengáis prisa por crecer. La infancia es, sin duda, la mejor etapa del ser humano (aunque todas las demás también tengan lo suyo). El tiempo pasa demasiado deprisa, os lo digo yo. Y, cuando queráis daros cuenta, será demasiado tarde para volver atrás. A los segundos os diré, que pase el tiempo que pase, siempre tendréis un niño dentro que alguna vez saldrá. Y no queráis retenerlo, pues vais a ver que sois vosotros mismos los que queréis que salga a corretear.
Ojalá yo pudiera tener la inocencia que tenía con cuatro añitos. Eran tiempos en los que sólo me preocupaba cumplir los cinco años. Me creía mayor. Si ya os lo digo yo: nada como la inocencia de un niño.