Como cada año, aquí estoy un 31 de diciembre más. En menos de media hora se me van estos 12 meses, esos 365 días en los que he vivido grandes cosas. Y sobre todo, se me va un año increíble en el que he aprendido mucho.
La nochevieja del 2013 fue muy atípica. Con mis neskis, algunos compañeros de la uni. No queda constancia de aquella noche más que algunos vídeos chorras en los que no aparezco. No hay fotos, y tampoco hubo bailes. Pero eso no quita que me riera con mis acompañantes. La vuelta a casa antes de tiempo por el increíble vacío estomacal que tenía, y las sobras de la cena que desaparecieron en tres diferentes estómagos.
El año comenzó, como otros tantos antes, sin mucho cambio en la vida de una servidora. Estudiar y más estudiar. Pero a partir de marzo las cosas empezaron a moverse de una u otra forma, comenzando así una etapa movidita aunque productiva. La asignatura pendiente del año anterior volvió a aparecer para, como el año anterior, pasar de largo al de un tiempo. Dicen que "segundas partes nunca fueron buenas", pero tampoco es bueno quedarse con las ganas.
Entre tanto, mi 22 cumpleaños llegó. No quería cumplirlos entonces, y ahora no quiero desprenderme de ellos. Empezaron en compañía de gente con la que no suelo estar, en ese irlandés que tantas veces he pisado en estos últimos años. Nunca olvidaré la ida a Bilbo en coche con uno de mis mejores al volante, y la llamada de atención de los municipales. Así como el control de la vuelta cuando íbamos en busca de la tortilla perfecta. El festejó siguió al día siguiente con esa mafia que considero otra familia: mi unipeople. Aquella canción que me dedicaron en el bar, aunque no fuera "Bandolero", pero que tanto significa para nosotros. Y no puedo pasar por alto el arte de mis primos para felicitarme.
El mes de mayo llegó acompañado de los exámenes de universidad. Esos que, por primera vez, aprobé a la primera y me permitieron tener vacaciones un maravilloso día 17. Cerveza en mi rincón favorito de la tierra viendo un precioso amanecer. ¿Conocéis una mejor manera de empezar las tan ansiadas vacaciones de verano? Yo no.
Y ahí todo empezó, siguió, o como queráis llamarlo. Fiestas de Leioa, con sus historias tanto buenas como no tan buenas. Jaias de Sope, y aquella rutina del verano anterior vino a estar presente para ayudarme un poco con los futuros gastos que agosto me traería. Entre fiesta y fiesta, los días iban pasando raudos y veloces.
Descubrimos nuevas fiestas (descubrir AKA ir a disfrutar de ellas) de las que me proclamo FAN INCONDICIONAL. Mano a mano con mi compi perfecta, noche tras noche sin fallar casi ninguna. Por los motes de esas nuevas personas que "aparecieron" en nuestra vida, para bien o para mal. Por las risas incontroladas que nos hemos podido llegar a echar durante todo el verano. Sin ella todo hubiera sido distinto, así que espero que mi pollito no me falte nunca.
Y entonces llegó. Vuelta a la tierra de mis amores, vuelta a Italia. Aquella semana que pasé entre Florencia y Venecia, con sus respectivas visitas a Pisa y Verona, fue una de las mejores semanas de mi vida. Comenzó con la superación de un "bache", por llamarlo de alguna manera. Derribé una puerta importante en mi vida, y me siento muy orgullosa por ello. Me empapé de arte por todas partes, y las ganas que tengo de volver son inaguntables. Pero todo llegará, y volveré para enamorarme un poquito más.
Vuelta a tierras vascas para seguir mano a mano de fiesta con la gente de mi al rededor. Tiempo en el que el orgullo salía a relucir a la vuelta de cambio. Tiempo en el que las risas estaban aseguradas. Tiempo que, tras la Aste Nagusi de Bilbo, se esfumó como lo hace el humo de una chimenea en invierno.
Septiembre y su vuelta al cole. Vuelta con sus más y sus menos. Con la alegría al pensar que puede ser mi último año de carrera, pero con la idea de que todavía me queda todavía uno más. Pero todo se verá. Como muchas veces digo, las cosas menos esperadas a veces suelen ocurrir. Y ya me han ocurrido algunas de ellas, por lo tanto...
No estoy muy contenta de cómo he descrito este año que ya se nos ha ido. Sí, ya estamos a 2015. De hecho, ya llevamos 13 minutos en él. Es la primera vez que escribo a todo correr una entrada de este tipo, pero es que me ha sido imposible en el día de hoy sentarme delante del ordenador para rememorar este INCREÍBLE año.
Sólo me queda decir gracias. GRACIAS a todas aquellas personas que, de alguna manera, habéis hecho de este año 2014 algo memorable. Por aquellos que siempre estuvisteis y a los que no os vi tanto. Por ser la mejor compañía a la hora de crear nuevos recuerdos y sumarlos a otros tantos. Por correros las mayores juergas a mi lado, o sentaros en cualquier sitio a tomar algo tan simple como un Nestea. Por sacarme las sonrisas más sinceras y las carcajadas más sonoras, así como hacer callar al mínimo llanto que quisiera salir de mi garganta. Por ser partícipes de las historias más inverosímiles en la vida de una servidora. Por esto y muchísimo más, a todas esas personas que habéis aportado algo a este año que se nos escapa, GRACIAS. Espero que no me faltéis este 2015 que ha entrado con ganas, pero más importante aún: no me faltéis nunca.
Como siempre, pedir al nuevo año lo mismo que el anterior. Que no me falte mi gente, algunos viajes de esos que me encantan (aunque ya sé que tengo dos viajes en estos primeros tres meses que me van a volver loca de la emoción). Que los deseos que he pedido se cumplan, aunque según mi madre se van a cumplir ya que se han quemado completamente.
Gracias 2014 por ser un año memorable, en el que he madurado un poquito más. En el que he crecido como persona, he reído a más no poder, he bailado hasta quedar agotada, alguna que otra lagrimilla ha caído porque, como se suele decir: no puedes ver el arcoiris sin un poco de lluvia. Y a ti, 2015, bienvenido.