sábado, 31 de diciembre de 2011

Goodbye 2011

Se acaba el año y es hora de hacer balance. El 2011 empezó en la mejor de las compañías, mis Que te peten. La primera foto y la primera juerga con ellas. Y todas las que nos esperaban y todavía nos esperan. En el Batzoki unos cuantos bailes y algún que otro trago, y de ahí al Sitio. Lo mejor fue la bajada, y lo que allí disfrutamos. Simplemente, fue la mejor Nochevieja y la mejor entrada posible al nuevo año.
Tres meses después cumpliría el mayor de mis sueños, uno de esos que jamás esperas cumplir. Un viaje, el viaje de mi vida. Roma. Un sueño hecho realidad, como ya he dicho. Allí supe a que me dedicaría el resto de mi vida, que era lo que realmente quería estudiar: Historia del Arte.
Un mes después cumplí los 19 años, esos que no quería cumplir pero que mis amigos hicieron que lo celebrara y los cogiera con ganas haciéndome una fiesta sorpresa. A pesar de no gustarme el número 9, no me puedo quejar de todo lo que estoy viviendo con ellos.
Un mes después, y teniendo su parte desde que volvimos de Roma, el amor llamó a mi puerta, trayéndome a la persona menos esperada para ello. Él, el chico que solo conocía de clase, que poquito a poco se convirtió en mi mejor amigo y hermano. Él, el que me pidió permiso para poder besarme. Ese que me ha dado tantos buenos momentos que es inevitable que no me salga una sonrisa. El chico que me ha enseñado todo, y el que sobretodo, me ha hecho ver la necesidad de cariño y de un simple beso, caricia o abrazo. Ese que me ha dado los casi 7 mejores meses de mi vida, pero sin duda, los mejores de este año.
En verano tuve una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Fui monitora de los más pequeños del grupo eskaut Eskubeltz e Iñurri. Llegué allí nerviosísima porque tenía miedo de hacer mal mi trabajo, ya que era la primera vez que hacía algo así. Siempre había estado en el otro lado. Fueron, sinceramente, los mejores 12 días de todo el verano. Rodeada de gente cariñosa, trabajadora y que siempre tenía una sonrisa para ti. Jamás me olvidaré de mis pequeños Kos, que eran lo más bonito de todo el campamento.
Además, también tuve la oportunidad (aunque solo una tarde) de estar en la txosna de Txomin Barullo en las fiestas de Bilbao. Me lo pasé realmente bien, aunque todo el tiempo estuviera trabajando. Pero el buen rollo que se respiraba, el compañerismo y las risas que me eché, no me las quita nadie.
Llegó el fin del verano, y con él el fin de todas las fiestas, de las cuales, pocas pude disfrutar. Y llegó un paso importante en mi vida, la universidad. Un año tarde, pero por fin he llegado. ¿Y qué me encontré allí? La que denominé mi “unipeople”. Esa que cada día me hace reír, que me saca una sonrisa, que me abrazan, me dan besos o lo que sea. Esa que siempre está ahí, para lo bueno, para lo malo y para lo peor. Esas personas que en apenas tres meses se han convertido en una parte importantísima en mi vida. Que si no hablo con ellos día a día, o no les veo, me hundo. Porque ellos me hacen grande, me hacen luchar.
Y, hoy, 31 de Diciembre de 2011, puedo decir que este año ha sido de lo más completito. Me he reído, he llorado, he bailado, he dormido, he trabajado y he estudiado (selectividad es lo que tiene). He hecho de todo, y siempre, siendo yo. Sin nadie que me dijera que no podía hacer eso o lo otro, que no me negara la salida de casa. Sin presiones, sin obligaciones, siendo libre. Y eso es lo que más me gusta. El hecho de poder equivocarme, porque en eso consiste la vida. En vivirla, equivocarte y aprender de tus errores. He viajado a un lugar de ensueño con la gente de clase, la cual hizo de ese viaje algo increíble e inolvidable. Me he sentido realizada como persona. Y sobretodo, me he enamorado. Por primera vez he sido capaz de querer a alguien que me quiere y sentirme bien conmigo misma, a pesar de los temores.
Así que, teniendo en cuenta todo esto, espero que este 2012 que viene en menos de 6 horas, sea igual o mejor que este que despedimos.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Ilusión y esperanza

Ilusión y esperanza. Dos únicas palabras que nos hacen funcionar de una manera distinta. Dos palabras que nos hacen pensar que todo puede ser posible en esta vida, cuando lo imposible es lo que realmente predomina. La ilusión siempre está con nosotros, desde que somos muy pequeños. Ilusión significa querer darlo todo por cumplir tu sueño de ser un gran artista. De ser ese cantante de rock que tanto te gusta. Ilusión es lo que pones cada vez que te dan una nueva partitura. Ilusión es algo que ves en la cara de los pequeños cada Navidad, cuando se acuestan sabiendo que al día siguiente el gordo mágico les va a traer sus regalos. Ilusión es lo que hay en una persona cuando empieza un nuevo proyecto, o una nueva relación. Esperanza significa no darlo todo por perdido. La esperanza siempre esta ahí, acompañándote cuando esperas por saber una nota de un examen importante. La esperanza, aunque no quieras, siempre te dice que has aprobado. Esperanza, dicen, es lo último que se pierde. Algunas veces desearía que fuera lo primero que se perdiese.
Pero lo peor es cuando esas dos únicas palabras se unen para formar un torbellino de emociones en tu interior. Lo peor es cuando se juntan después de una ruptura. Porque mantienes la esperanza de que él volverá corriendo y te arropará entre sus brazos. Porque ese rayito de luz que es la esperanza, te dice que todo saldrá bien. Que volverá y te querrá como nunca antes. Y ahí entra su compañera la ilusión. Esa que te hace sonreír cuando piensas en ese momento que tanto esperas. Te ilusionas con cada palabra que te dice en una conversación insustancial. Te ilusiona cada sonrisa suya, aunque sabes que puede ser por cualquier cosa. Te ilusionas tanto, que hasta sueñas con él y su regreso. Y mientras la ilusión va inundando tu mente, la esperanza va creciendo en tu interior. Y tú, pobre ingenua, te lo vas creyendo más y más. Te sientes invencible, aunque en el fondo estas luchando por no rendirte ante esas dos palabras que, al fin y al cabo, sabes que te van a hacer daño. Te sientes capaz de decirle a esa persona de todo, de actuar de una manera concreta para que todo acabe siendo como en una película. Para que tu final feliz resulte como en tu cabeza, simplemente perfecto.
Son solo dos palabras, pero su poder es increíble. Te puede fortalecer, pero también te pueden hundir. Por eso, siempre es mejor no ilusionarse y esperanzarse a la velocidad de la luz. Pero es algo que no podemos controlar. Por mucho que te digas a ti misma: "Ni se te ocurra mantener la esperanza", la mantienes. Porque así es el ser humano, demasiado sensible, demasiado débil. Pero a pesar de ser capaz de destruirte, sin la ilusión y la esperanza no tendríamos nada por lo que luchar. No tendríamos esa ilusión de hacer cosas nuevas, de vivir nuevas experiencias, de conocer a gente nueva... De ser felices.
Por eso, nunca te des por vencido, nunca te rindas... Y sobre todo, no pierdas la ilusión y la esperanza.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Duele

Duele caerte del columpio cuando eres una cría. Duele cuando te enfadas con tu mejor amiga de la infancia. Duele hacerse mayor y dejar las muñecas de lado. Duele ser defraudada, no importa de quien sea la culpa. Duele tanta falsedad entre tu gente. Duele enamorarse por primera vez. Duele cuando tus padres se separan. Duele cuando alguien desaparece de tu vida para siempre, porque es ley de vida. Duele, todo en esta vida lo hace. Duele pensar en todo lo que has pasado con esa persona. Duele recordar cada momento como si acabase de pasar. Duele salir del metro y lo primero que ves es ese recuerdo que tanto te ha hecho feliz. Duele echarte de menos a cada momento, cuando no estabas junto a mi. Duele extrañar esos dulces besos. Duele saber que ya no te podré abrazar. Duele pensar que eres mi mejor amigo, y que has sido algo más. Duele ver que no me ha dado tiempo a demostrarte todo lo que sentía. Duele que esto haya acabado antes de que pudiéramos pasar todo. Duele saber, que jamás te diré "Te quiero". Duele saber que eras tú y nadie más. Duele pensar en el futuro. Duele tener estas ganas de llorar a cada momento. Duele el nudo en la garganta y las lágrimas que resbalan. Duele el tener que ser fuerte y sonreír. Duele saber que cuando oiga esas canciones, serás tú en la única persona que piense. Duele tener la certeza de que esto no volverá. Duele no saber qué pasará. Duele saber, que los sueños no se cumplen. Duele dejarte ir.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Soledad

¿Qué puedes hacer cuando te quedas sola en casa? Cuando nadie está al rededor, ni tu madre, ni tu novio, ni siquiera tus amigos.
La soledad es algo que siempre esta ahí, pero normalmente no la percibimos. ¿Por qué? Porque siempre estamos rodeados de personas, ya sea en el trabajo, en la universidad o en casa. Pero siempre hay algun momento en el que te quedas sola, sin nadie a tu alrededor. Y ahí llega ella. Esa compañera que no quieres que esté nunca a tu lado por mucho que te sientas sola. Porque, la soledad, es algo que nadie quiere sentir. Siempre queremos estar rodeados de esas personas que nos quieren a pesar de todos los errores que cometemos y de las imperfecciones que tenemos. Siempre necesitamos a ese alguien que te mire y te diga: "Eh, todo saldrá bien. Cuenta conmigo". Siempre necesitamos que nos demuestren el cariño, que nos abracen, que nos mimen... Siempre necesitamos estar cerca de alguien. Porque cuando estamos solos con nosotros mismos, todo nuestro mundo se desmorona. Por eso prefiero estar en compañía de gente que quiero. Para que me hagan olvidar que, a veces, me siento muy sola a pesar de estar rodeada de miles de personas. Para que me recuerden que vale la pena ser feliz. Para que me hagan sonreir.
No me gusta estar sola, y menos en días como hoy. Fríos y lluviosos.