Hace tiempo escribí una entrada de un superhéroe del que me enamoré por su alegría. Hoy me he enamorado de este corto que me ha hecho llorar hasta decir "Basta", y eso que veía venir el final como veo llover desde mi ventana un día gris.
Últimamente me ha dado por pensar mucho en lo que quiero hacer con mi vida, y siempre hay niños en ella. Quiero ayudar a los niños pequeños, hacer que sonrían, que salten y bailen. Que rían hasta que les duela la tripa y limpiar cualquier rastro de dolor de sus caritas. Ayudarles y hacerles ver que nada ni nadie puede limitar su felicidad.
Estos son los vídeos que roban el corazón. Vídeos que recomiendo con los ojos cerrados y la mano en el fuego porque, ciertamente, no defraudan. Cortos con mucho sentimiento. Cortos que merecen ser largos.
Un lugar donde escribir todo lo que siento en cada momento. Desahogarme cada vez que lo necesite. Un sitio donde poder escribir lo que quiera sin temor a que nadie lo lea y lo utilice en mi contra. Mi trocito de cielo.
miércoles, 19 de febrero de 2014
viernes, 14 de febrero de 2014
Poema XX
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)