jueves, 24 de enero de 2013

Relax

¿Sabéis? Hoy he terminado los exámenes. Sí, después de todo un mes puedo gritar: ¡VACACIONES! Que bueno, más bien es una especie de puente, porque el lunes empezamos el segundo cuatrimestre. Ese en el que dos de cinco asignaturas eran las que me gustaban, pero la del Renacimiento dicen que va a ser bien jodida. Así que, aquí estoy, cagándome en todo. Pero bueno...
Tampoco sé porque grito "¡Vacaciones!", pues llevo desde que nos dieron las de Navidad tocándome las narices a dos manos. Todos los días a todas horas. Menos cuando me daba el siroco de volverme un poquito responsable y me daba por leer los apuntes. Pero ya me conocéis, soy una vaga que lo que más le gusta es estar tumbada en el sofá sin hacer nada. Añadiendo horas extra a mi titulación de vagancia. 
Hoy ha terminado una etapa más, la verdad es que ha sido un poco fatídica. Y sobre todo si lo comparo con la del año pasado. Las Navidades del año anterior no fueron las mejores ni echándoles un rápido vistazo por encima. Pero al menos estaba algo más centrada en los estudios. Además, siguiendo con las comparaciones, el año pasado salía casi todos los jueves, o al menos uno al mes. Pero este año... Sólo he salido dos juernes de mi segundo año universitario, y las notas están siendo... Como están siendo. Y digo yo, ¿voy a tener que empezar a salir como el año pasado para que las notas mejoren un ápice? No me importaría, la verdad. De hecho, hoy me estoy perdiendo la que puede ser la única oportunidad de salir con (prácticamente) toda la unipeople. Espero que haya otra, y que sea la semana que viene (he dicho).
Pero bueno, como suele decirse: "No hay mal que por bien no venga". Así que, con esto de que no tengo que estudiar hasta Mayo/Junio otra vez, voy a respirar. Aunque debería de estudiar las que me han quedado por las mañanas. Pero he decidido que estas dos primeras semanas voy a DORMIR. Algo que hecho profundamente de menos.
Mi etapa de relajación ha empezado hoy con unos cupcakes, los primeros que hago. Y, siendo sincera, no me han quedado nada mal. Normales, con chocolate, doble chocolate, y con distintos colores. Me ha dado por hacer postres, ¿qué queréis?
Así que... Aquí estoy. En mi momento relax porque, aunque sea un poquito, me lo merezco. Solo espero que a partir de hoy, vaya todo un poquito mejor. Así como fue la primera semana de año :)

viernes, 18 de enero de 2013

Super Antonio

Hoy va por este gran pequeñín. Ha salido en las noticias, y no he podido dejar de sonreír todo el rato. De emocionarme con las palabras de una de sus profesoras y el cariño que le brindan sus compañeros.
Sí, hoy va por este pequeñín llamado Antonio. Un niño de apenas 5 añitos que tiene más vitalidad que tú y que yo juntos. Y eso que tiene una pequeña dificultad, cosa que ni tú ni yo tenemos ni podremos imaginar a ciencia cierta cómo es. Antonio, ese pequeño que siempre tiene una sonrisa en su cara para todos. Ese que está más que integrado en una clase de niños de su edad, que lo quieren y adoran.
No hace mucho escribí una entrada relacionada con la inocencia de los niños. En él hablaba de cómo los niños reparten amor sin importar a quién ni cómo. Sin motivo ninguno. Este es un claro ejemplo, y espero que no sea el único. Con este pequeño vemos que la integración es posible, y que debería ser siempre así. Además, una amiga me ha contado hoy que un chavalín de nuestro pueblo ha sufrido bulling desde siempre, incluso en los nuevos colegios donde no le conocían. Tiene 12 años y prefiere no vivir antes que seguir así.
Y yo me pregunto, ¿por qué? ¿Por qué la vida es tan injusta con los más pequeños? ¿Por qué algunos niños son tan crueles con otros? ¿Por qué no pueden ser como Antonio y sus compañeros de clase? ¿Por qué no desaparece la maldad, al menos, entre los más pequeños? Hay veces que me enervo con este tipo de historias en las que unos se creen superiores a los demás y deciden martirizar a una pobre alma. Pero gracias a dios, a buda, al karma o a quién sea, hay historias que no te hacen perder la esperanza como la de Antonio. Y rezo, aunque no soy de rezar, porque la vida sea justa con los que tiene que serlo. Rezo para que no hayan más casos de bulling pero sí que hayan más casos de integración como los de mi nuevo super héroe favorito, al cual me encantaría conocer y abrazar. 
No me voy a extender más. Si no habéis visto este maravilloso vídeo, deberíais hacerlo. Pensar y, sobre todo, recapacitar. Por último, lanzo unas preguntas al aire: ¿En cual de las dos historias te gustaría que tus hijos fueran los protagonistas? Si alguien que tiene más problemas que tú te dice: "Eso no es nada" y te sonríe, ¿por qué no seguir su ejemplo y sonreírle a la vida? Yo lo tengo muy claro. Quiero un Super Antonio en mi vida, y en la de mis futuros hijos.

domingo, 13 de enero de 2013

V de Vagancia

Últimas horas de un domingo de otro fin de semana cualquiera. 
Y, ¿qué es lo que he hecho yo? Absolutamente NADA. Sí, sí, tal cual leéis. Ha sido un finde de lo más aburrido, de esos en los que ni siquiera el ordenador o la tele te animan o distraen. En el caso de hoy, ni siquiera un mundo alternativo como el que me da la lectura ha sido capaz de distraerme. Que le vamos a hacer, estoy aburrida. Cansada de no hacer nada, y el no hacer nada me cansa aún más. Supongo que la montaña rusa ha llegado a su fin y me ha dejado exausta. 
Mañana empieza una nueva semana. Una en la que no voy a tener que hacer otra cosa más que seguir con la rutina y estudiar. Ni siquiera me tengo que mover de casa a Vitoria todos los días. Estudiar, estudiar y más estudiar. Otra semana más siendo un ermitaño, aunque como siempre no estudiaré tanto como debería. Que le voy a hacer, estoy licenciada en vagancia. Peco de pereza a diario. 
Estoy escribiendo esta entrada de blog por escribir. Sinceramente, no sé ni por qué lo hago. Supongo que para no sentirme tan mal, será para pensar que al menos he movido en algo a las pocas neuronas que tengo. Who knows.
Si tuviera que ser una letra del abecedario, hoy, sería una V. Por eso de la vagancia, claro está.

viernes, 11 de enero de 2013

La la land

La vuelta a la rutina llegó el lunes, y yo tenía unas ganas de volver a empezar que no me las podía ni creer. Aunque los exámenes era algo que no me importaría eliminar, para que negarlo.
El lunes fue un gran día, claro que lo fue. Tenía otra calidad de vida, o más bien de pensamiento o actitud. Y no soy yo la que lo dice, también el profe de la auto escuela me lo dijo: "Se te ve contenta. Tienes otra chispa, otra actitud. Está guay." Y lo estaba, realmente lo estaba. No dejaba de sonreír, de hablar con una inmensa alegría. Contar mi espléndida Noche vieja me animaba, hablar de las Navidades también lo hacía. La verdad es que estas "vacaciones" expres no han estado nada mal.
Como veis, mi semana empezó en la más alta montaña, en el punto más alto de una atracción que te pone el corazón a mil por hora y la adrenalina se te sube como las burbujas del champán a la cabeza. Cómo me encanta esa jodida sensación.
Martes llegó sin mucho cambio. A pesar de tener examen, estaba la mar de tranquila. Seguí con esa rutina y no fue mal, aunque al terminar me llevé una sorpresa innecesaria. Aquí es cuando todo empieza a torcerse un poco, como en la montaña rusa que te da un lupin antes de una grandiosa caída. Miércoles comenzó siendo desastroso, pero no iba a permitir que mi situación física me jodiera la semana que tan bien había empezado. Me negaba. Jueves apareció como una señal de cambio de dirección en una carretera convencional con destino a ninguna parte, y decidí tomar esa salida. ¿Qué nuevo paraje me encontraría a la vuelta de la curva? Ah, sí. El deseado viernes. Puertas del cielo y paraíso que es el fin de semana. Mi viernes ha comenzado a las tres y media de la mañana. Esfuerzos que tiene que hacer una a veces. Mañana entre risas y gritos ahogados por estas mismas, chocolate caliente para intentar mantenerme despierta y un examen más. Pero todo esfuerzo merece su recompensa, por lo que una manzana (verde, que la roja se la quede Blanca) y las risas con los tuyos son el oro perdido de un Colón desesperado. Un poco más de esa rutina, que más que rutina, es puro vicio. Sencillamente, maravilloso. 
Vuelta a casa después de un día largo y agotador cuanto menos. A pesar de querer mantenerme despierta y soñar, me he quedado dormida y sin abrir la puerta del reino de los sueños. Pero no ha estado mal. Sin querer me he apoyado en la tecla OFF de mí misma y he descansado después de mucho tiempo. 
Así que aquí estoy, escribiendo porque me apetece. Escuchando música porque es mi mayor vicio, con los pies sobre la mesa porque no tengo que demostrarle a nadie que no soy una de esas señoritas del siglo XIX que tenían que ser correctas en todo momento. Aquí estoy, acompañada de mi nueva actitud diciendo a todo el mundo: "Te cambio un 'Sí' por ese 'Ya no puedo'". Me gusta este momento, me gusta como me siento, me gusta ser feliz. ¿Y qué? Creo que ya va siendo hora. Welcome to my La la land.

lunes, 7 de enero de 2013

Shall we dance?

He tenido un sueño maravilloso. De esos que al despertarme me han dibujado una sonrisa en la cara.
Estaba yo en un centro comercial, esperando junto con Imanol a que mi madre viniera. Me encontraba apoyada en una columna enfrente de un escaparate, cuando veo aparecer a dos chicos con traje. Ambos rubios, y con una pinta de pijos repelentes/creídos que no podían con ella. Es inevitable que mire a Imanol y rodar los ojos; parece que no es la primera vez que les he visto.
Lo bueno viene cuando el más alto de ellos empieza a colocarse la corbata, y el otro está parado enfrente mío, tendiéndome su mano. Yo alzo la deja y al final, la cojo. El pobre me daba lastima, que le voy a hacer. Cual ha sido mi sorpresa que me ha cogido y nos hemos puesto a bailar, sorteando a toda la gente que pasaba por allí. Cuando hemos terminado de bailar se ha ido con el otro pimpollo a saber dónde. Y yo me he quedado en el sitio con una sonrisa en la cara. ¿Qué le voy a hacer? Me encantan esos bailes.
Después, he bajado andando. Y, para colmo, oigo que alguien viene por detrás. Quién sino los dos chicos de antes. Pero esta vez el dúo tiene un nuevo amigo. El alto viene cantando "Shall we dance?" mientras bailotea a mi alrededor. El nuevo amigo, el más bajito me dice: "Estabas destinada a conocer a los Niatragas".
Entonces me he despertado. No sé a que ha venido el sueño, ni que diantres es "Niatragas". Sólo sé que me he levantado con muy buen ánimo, con la sonrisa en la cara y con la canción de "Shall we dance?" en la cabeza. Que sepáis, ha sido una mañana increíble. Y espero que se repita, mañana sí, mañana también.

domingo, 6 de enero de 2013

La inocencia de un niño

Llevo con esta entrada en mente desde hace mucho tiempo. De hecho, lleva en el apartado "Borrador" desde el 4 de junio de 2012. 
Si mi memoria no me falla, aquél día volviendo en metro a casa había un bebé en un carrito que no hacía más que sonreír y soltar risotadas adorables. Entrañable cuanto menos. Lo mejor es que me hacía sonreír y, por la fecha, os puedo asegurar que era lo que más necesitaba.
La cuestión es, que viendo a aquel bebé que no hacía más que sonreír, pues no tenía preocupaciones, me puse a pensar. 
Pensar en como la vida pasa, y cada día vas haciéndote más mayor, cada día tienes más preocupaciones... Cada día tienes algún motivo por el cual no sonreír como lo hacía él. Y, creo no ser la única que lo piensa, es una putada. Sí, claro que lo es. Porque con el paso del tiempo vas perdiendo la ilusión. Dejas de tener las ganas de hacer cualquier cosa, esas ganas que tenías cuando eras un crío que sólo pensaba en subirse en todos los árboles que pudiera. Cuando eras enano no pensabas en que si hacías "eso" podía pasar lo uno o lo otro, y la idea de romperte algún hueso, era algo que no te preocupaba. De hecho, creo que los que se rompían algo, hasta disfrutaban. Iba a ser el guay de la clase que llevaría el brazo, pierna, o lo que fuera escayolado. Eh, y que no falte la firma de nadie, ni los dibujos.
Otra cosa que adoro de la niñez es que no importa quién sea la otra persona, de dónde venga o si es alguien que conoces de toda tu (corta) vida. Si alguien te decía "¿Quieres ser mi amigo?", ahí te agarrabas a su brazo y os poníais a jugar. Amistades más sinceras que las de la infancia no vas a volver a tener. También me encanta que no les preocupa para nada si alguien se fija en ellos, si les gusta tal o cual. Les da exactamente igual, y si no son novios, se lo inventan. Total, nadie iba  a salir herido. Al menos, no entonces. 
Me encanta lo cariñosos que son, que te lo dan todo sin pedir nada a cambio. Su cariño es puro y maravilloso. Cuando un niño te abraza o te besa la mejilla, ten claro que es porque lo ha sentido de verdad. Que no hay nada en su pequeña y alocada cabecita que le diga: "Eh, pequeño. Dale un beso, así conseguirás lo que quieres de ella". A veces, sí que es cierto que te vienen dando arrumacos para conseguir un juguete o que le compres sus chuches favoritas. Pero no estoy hablando de eso. Hablo del amor que dan a todos, sin distinción. Hablo del cariño que te transmiten en una milésima de segundo. Hablo de esa sonrisa tonta que se te dibuja en la cara cada vez que les ves, o te muestran que eres importante para ellos.
Hoy he decidido escribir esta entrada porque he visto a un niño en las noticias. Un niño que no tendría más de dos años (y si llega). Una pequeña criatura que se tapaba los ojitos al ver su regalo de reyes, y no borraba esa encantadora y sincera sonrisa que me ha enamorado. Ha sido entonces cuando he vuelto a ver la inocencia de un niño, esa que vi el año pasado cuando mis primos abrieron los regalos que Papano (como ellos le llaman) les había dejado debajo del árbol. Esa clase de inocencia que tienen todos los pequeños, que creen en seres fantásticos que les conceden los regalos que quieran a cambio de ser formales durante todo el año. Esa inocencia que tanto les caracteriza, la cual evita que sufran con lo que pasa en el mundo. Esa inocencia que algunos pierden antes que otros; ya sea porque ellos mismos quieren perderla y ser mayores, así como los que no han podido retenerla consigo porque han tenido que crecer de golpe. A los primeros les digo: no tengáis prisa por crecer. La infancia es, sin duda, la mejor etapa del ser humano (aunque todas las demás también tengan lo suyo). El tiempo pasa demasiado deprisa, os lo digo yo. Y, cuando queráis daros cuenta, será demasiado tarde para volver atrás. A los segundos os diré, que pase el tiempo que pase, siempre tendréis un niño dentro que alguna vez saldrá. Y no queráis retenerlo, pues vais a ver que sois vosotros mismos los que queréis que salga a corretear.
Ojalá yo pudiera tener la inocencia que tenía con cuatro añitos. Eran tiempos en los que sólo me preocupaba cumplir los cinco años. Me creía mayor. Si ya os lo digo yo: nada como la inocencia de un niño.

miércoles, 2 de enero de 2013

Año nuevo, misma vida

¡FELIZ 2013!
Sí, bueno, es una felicitación en general, porque este año he decidido no felicitar a la gente uno por uno. Además, ya estamos al segundo día de este nuevo año, por lo que a penas tiene importancia.
Espero que hayáis tenido una magnifica noche vieja, porque la mía lo fue, aunque terminó mucho antes de lo que esperábamos. Pero hoy no vengo a hablar de la última noche del año, aunque sería bueno recordarla, porque tuvo muchos puntazos. Por ejemplo, ponerse ciega a tequilas solo pagando una vez.
Hoy vengo a escribir mi lista de propósitos de año nuevo. Sí, esa misma que hacemos todos los años y JAMÁS cumplimos. Al menos, no todos los puntos de la larga lista. Así que aquí va:

-Suspender todos los exámenes y repetir el curso.
-No hacer nada de ejercicio.
-No salir de fiesta.
-No reírme.
-Llorar día sí y día también.
-No abrazar ni dar besos a la gente que quiero.
-No tener ordenado mi cuarto.
-Seguir siendo tan ilusa.
-No viajar.
-Dejar el piano de lado.
-No leer ningún libro.
-Romper los cascos para el móvil nada más comprarlos.
-No escuchar música en todo el día.
-No quererme ni tenerme en alta estima.
-Seguir con el ánimo por los suelos.
-Tener miedo a todo.
-No seguir poniéndome gorda a comer.
-Conseguir que la gente me odie.
-Mandar las amistades a tomar por culo.
-Encerrarme en casa y no salir ni para tirar la basura.

Y podría seguir. Oh, claro que podría. Los que hayáis leído la lista estaréis pensando: ¿¡PERO QUE DISE, LOKA!? Bien, os voy a revelar un secreto. ¿Sabéis eso que solemos decir de "Año nuevo, vida nueva"? Bueno, pues NO. Este año va a ser igual que el anterior y todos los demás desde que estamos en este mundo. Seguirá siendo la misma mierda. Seguirás teniendo las mismas dudas y los mismos problemas. Y, como no, seguirás sin cumplir los propósitos que te pongas a principios de año. Un cambio se hace cuando crees que puedes hacerlo y, sobre todo, conseguirlo. No porque lo hagas (intentes) al principio del año va a resultar la ocasión adecuada. Lo sé, acabo de haceros una revelación que os salvará la vida. De ahí que mi lista sea esa, porque sé, gracias a la experiencia, que los propósitos de año nuevo casi nunca se cumplen ;)