Yo no quería acabar el año así. Solo pedía ver el atardecer desde la playa de mi pueblo el último día del año. Pero bueno, me estoy adelantando.
El uno de enero llegó con prisas impuestas por el gobierno. El Covid no nos abandonó en época de navidades, y la noche vieja se vio llena de coches en la carretera intentando llegar a sus hogares antes de la una. Una cenicienta moderna a la que se le permitía quedarse una hora más, eso parecíamos. Otro año más que no lo empezaba en Sope, por lo que las tradiciones básicas de mis últimos años no se cumplían. ¿Puede ser que fuera como la entrada de 2020? Voy a empezar a ser un poco supersticiosa con esto. El concierto de Año Nuevo de manera indispensable. La comida en Morga con los de la universidad y ganar al Trivial con mi Sopepower. El día de Reyes lo adelantamos, y jugamos al Bingo como marca la tradición. El positivo en Covid de ama. El aniversario de mi partida a Florencia y los miles de recuerdos. Recordad a Aitite un año más. Me apunté al gimnasio con Olatz, y no se nos ocurrió otra mejor cosa que empezar con una clase de GAP a las ocho y cuarto de la mañana que luego rellenamos con un buen desayuno del puerto viejo. Día mundial de la pizza y final de la supercopa contra el Barça que ganó el Athletic de mi vida. Ir a una entrevista de trabajo con Rebeca, encontrarnos la grabación de una película de Alex de la iglesia donde vimos de lejos a Blanca Suarez y acabar en casa de Elena sin que estuviera ella echando unos Guitar hero con Alex y Aritz mientras nos tomábamos una copichuela. El desayuno de campeones después de comprar las entradas para el concierto de Gatibu en Sope. Filomena y sus metros de nieve que no se dejaron ver por aquí.
Uno de febrero siendo el 82 cumpleaños de Patri. Mis tortitas de plátano. El primer concierto post pandemia y llorar de la emoción. Subir por primera vez a la ikurriña que sobrevivió a aquel incendio de años atrás. El paseo en bicicleta hasta el Puerto. El fin de las restricciones por pueblos y el reencuentro de las tres. Los aperitivos internacionales. Mis gatos queriéndome.
El inicio de marzo marcado por títulos universitarios y plazas firmadas. El reencuentro con mi vecinita y la sobri que todavía seguía en su tripa. El Athletic que iba a jugar su segunda final de Copa del Rey y nosotros seguíamos viviendo el sueño. Las excursiones y la búsqueda del chocolate de nuestra infancia. La llamada de mi antigua jefa ofreciéndome el mismo puesto de trabajo y aceptarlo. Otra comida en Morga con los de la uni y el reencuentro con el capullo de mi amigo. El cumple de ama en el Guggenheim y comiendo en el mexicano de nuestros amores. El descubrimiento del chocolate y la compra más extrema. Mis gatos, otra vez. Más excursiones y batidos con los que saltarse la dieta. Mi playa querida.
Abril y la final de copa del 2020 jugada un año después, celebrando el llegar a la final con mi grupo burbuja con buena comida, pero no conseguir el resultado que se quería. Juego de Tronos con Loida. La visita sorpresa a Pablo con Keila. Las sobras de comida del vecino. Celebrar el cumple de Itxi al sol de la campa. La peque y su pompón. El atardecer desde Barrika. La segunda final de copa que tampoco ganamos. Corregir el libro de una amiga. Sant Jordi de mis amores. El paseo hasta el faro de Gorliz y los búnkeres. Mis veintitodos, los vientisiempre.
El quinto cumpleaños de la bebota. La foto de mi abuelo con Silver. Volver al hotel. El cumple de amona. Eurovisión desde el curro, la victoria de Italia. Los primeros días de playa. Celebrar mi cumple un mes después. La primera firma de libros de Haize después de tantos años.
Empezar junio disfrutando de un día de playa en un día libre. La visita de mis amigos al hotel mientras estaba currando. Echar de menos jaias. Empezar el cumple de Olatz un día antes llenando la tripa de comida mexicana y mojitos. La merienda del cumple, por si nos habíamos quedado con hambre el día anterior y las velas que no se apagaban.
Julio con la victoria de Italia en la final del mundial. La tarde en la piscina con las chicas. Los días en los que Regina estuvo en casa y la transportamos a su México lindo llevándola a comer. La comida con los de la uni y su posterior "ir a tomar algo a jaias de Larra antes de que cierren los bares". El reencuentro con mis salseras de Malta. Querernos mucho en el trabajo (y qué importante esto). La primera dosis de la vacuna contra el Covid. Las patatas del Mcdo que me trajo Sheila y cómo me puse a llorar.
Agosto con la escapada exprés de 24h para ir a León como le prometimos Natalia y yo a mi prima linda. El columpio en las nubes, volver a ver a mi familia después de tanto tiempo. La borrachera tonta a base de cervezas. Volver a enamorarme de la catedral. El reencuentro de más de cinco minutos con mi madrileña favorita. La reina de Copas un día más en casa de Keila. Ir a Lekeitio de empalmada con Olatzi y no morir en el intento. La segunda temporada de Valeria. Volver a probar las "locas" después de tanto tiempo. Más playa con sus atardeceres. Más moscatos. La luna llena. Más atardeceres en los que poder perderse.
Septiembre y la noche de nachos, ginebra y cotilleos con ella como antaño. Comprar ese billete de avión. Más batidos y galletas. El volcán de La Palma que revivió. El viaje a Florencia con Olatz, que empezó reencontrándome con Nora en el aeropuerto con billete al mismo destino. Abrazar a mi antiguo casero como si fuera de la familia. Volver a abrazar a mi piccola Zuoyu. La sorpresa a la gente de la academia, en especial a mi Giada. Comer en mis sitios preferidos. El atardecer en mi lugar favorito de la ciudad. El último día de verano allí. Descubrir pocas cosas nuevas, pero emocionarme de las mismas como si fuera la primera vez. Las tradiciones que no cambian a pesar de haber pasado un año. Las fotos del fotomatón. Llorar escuchando a un artista callejero y saber que Florencia siempre será hogar. Cuánta vida me dieron esos días.
Octubre disfrutando de mi regalo de cumpleaños: el concierto de Rozalén. Los ocho -dios mío- años de Silver. Comprarle el vestido perfecto que iba a llevar a la boda de Itxi a una compañera de curro. La cena de despedida de Sheila y su posterior fiesta. La carta por el cumple de Regina. Los 30 de Iñigo.
Los arcoíris de Noviembre. El día que volví a tener una sesión con una profesional de la salud mental y salí llorando por lo mismo de siempre y algo más. La calma de la playa después. El nuevo proyecto de Oier y el arte de Naiara. La tan esperadísima boda de Itxi y David. El sorprendente desenlace de la infancia, la exaltación de la amistad después de tantísimos años. El comienzo de la semana de vacaciones para recuperarme, enfermar y descansar.
Empezar diciembre con el cumple de Tita Loi. Ser bendecida por Freya. El mensaje de Olatz en la que comenzó la locura que culminó días después al comprar esas entradas. La postal navideña por sorpresa de Cris. El cumple de Nata con toda su familia. Que no me toque la lotería que quería, pero sí la de ir a trabajar en mi día libre. El turno de noche compartido Bilbao - Oviedo. El comienzo del declive hasta llegar a hoy. Recordar a Isaac un año más. El amigo invisible a distancia. Positiva en Covid.
Acabo el año de una forma que no quería. Estaba siendo positiva -por primera vez en mi vida- y pensaba que la PCR que, casualmente, me hicieron el día 28 de diciembre saldría negativa. Inocente de mí. Después de 72h he recibido el mensaje que no quería leer. El mensaje que me prohibía bajar a disfrutar del último atardecer desde mi playa querida. El mensaje que, tras 9 días de confinamiento, alargaba un poco más el encierro. El mensaje que no permite que abrace a mis abuelos hasta dentro de mucho tiempo. El mensaje que no me ha dejado abrazar a mi vecina ni a su niña; tampoco me ha dejado abrazar a mi amiga que ha venido a traernos pan. El mensaje que ha hecho que siga siendo consecuente con lo que está pasando con el mundo, y que hay gente que parece no comprender.
Sí, no es el final de año que quería. Pero no me puedo quejar. En algún lugar, en alguna casa, habrá una silla menos. En algún lugar, en algún hospital, hay sanitarios que siguen a pie de cañón para que la humanidad no nos vayamos a tomar por culo (aunque nos lo merezcamos). En algún lugar, habrá gente que celebre la entrada a este nuevo año en la misma situación que yo. Y es que no somos pocos los que en estas fechas tan señaladas y que yo tan poco disfruto estaremos -o seguiremos- confinados.
Querido 2021. Lo sé. Tenías muchísima presión encima. Para algunas personas habrá ido bien, para otras mal. Yo, sinceramente, no me puedo quejar. Después de mi vuelta de Florencia, de que el tema laboral en mi sector no estuviera bien, que sorteamos el Covid como pudimos... La verdad que no ha ido mal. Conseguí trabajo y aprendí a llevarlo mejor que cuando comencé en 2019. He disfrutado de este verano atípico como he podido. He vuelto a mi segundo hogar cuando pensaba que no podría hacerlo. Tengo salud, aunque ahora mismo -o al menos tres días atrás- el bicho esté en mi sistema. Tengo una familia que me quiere y me apoya en las decisiones que tome. Unas amigas que me animan a tirarme al charco aunque pueda que no funcione. Tengo unas compañeras, las que siguen y las que ya han marchado, que son lo más y hacen que el día a día en el hotel no sea una angustia aunque sea un cuadro. Tengo dos bebés peludos que me alegran los días, aunque uno de ellos me tenga las manos llenas de mordeduras. Creo que es todo lo que puedo pedir y deseo que siga en mi vida.
Ahora bien, a ti que llegas en menos de dos horas. Esperemos que el meme de "Cuando te das cuenta que 2022 se dice -en inglés y por dobles números- TWENTY TWENTY TOO". Querido 2022, tengamos la fiesta en paz. Bastante tenemos los pobres que nacimos en 1992 con cambiar de década y pasar de los juveniles veintes a los TREINTA. Y pensar que cuando éramos infantes creíamos que la gente de 30 años tenía la vida solucionada... Inocentes, una vez más.
Querido 2022. Nunca hago propósitos de año nuevo, pero este año tiene que ser especial. Me he comprado una agenda anual para ello; demasiadas expectativas para un cuaderno tan pequeño. Siempre pido lo mismo: salud para todos los que quiero, unos viajes a donde se pueda y felicidad. Cosas básicas. Que las cosas malas sean poquita cosa, y que las buenas valgan por tres por lo menos. Que disfrute de mis últimos meses con el primer patito intacto, y que coja los treinta como si no hubiera un mañana. Que sea capaz de tratar con mi ansiedad y abrazarla. Quiero quererme un poquito más, y así día a día. Ojalá ser capaz de devolver a los que me quieren y aprecian todo lo que me dan. Ojala sea un magnífico año. Querido 2022. Tus predecesores han dejado el listón alto y bajo a la vez. Solo tú puedes decidir si ser tan surrealista o hacernos volver a unos cuantos años atrás y recuperar esa normalidad que no sabíamos que echaríamos tanto de menos.
Querido 2022. Mis veintidós fueron especiales para mí, y tú acabas con los mismos dígitos. Como dice Taylor Swift (que en parte este ha sido su año) en una de sus canciones: "I don't know about you, but I'm feeling twenty two". Ojalá que seas un año maravilloso que recordar con una sonrisa puesta, porque vaya con el 2021.