jueves, 29 de mayo de 2014

Aupa Rufino

Hoy hace 105 que nació el Herrero de Andrakas. No es conocido por muchos, pero sí para aquellos que en mayor o menor medida están insertos en el mundo de la trikitixa. 
Rufino Arrola fue un hombre que aprendió de oído y de ver como tocaban otros. Un hombre que fue padre de 11 criaturas, nada más y nada menos.
Pero ante todo, es el padre de mi abuelo. Abuelo de mi padre. Mi propio bisabuelo. Aunque a penas le conocí, pues murió cuando yo tenía cuatro años, siento una conexión enorme con él. Cada vez que oigo su nombre, o ese grito tan característico cada vez que tocaban con él, me enorgullezco al máximo. Porque llevar su apellido, es un auténtico honor. 
La primera vez que escuché "Pozta zaharra" de mi grupo favorito, Esne beltza, no daba crédito a lo que mis oídos habían percibido. Ese "Aupa Rufino!" del que os he hablado antes. Ahora cada vez que la oigo es imposible que no me salga una sonrisa. Lo mejor es que en una de sus nuevas canciones han vuelto a meterlo, por lo que siento que una parte de mi bisabuelo está en ellos.
Ayer, al escuchar esta última canción que he comentado, me dio por buscar cosas de él como tantas otras veces he hecho. Volví a ver las pocas imágenes suyas que aparecen en Google. Pero el mayor descubrimiento fue en Spotify, en la que encontré una canción que está dedicada a él. Una canción que, cuando escuché un pequeño fragmento, se me puso la piel de gallina y los ojos llorosos. Cuando la oí entera, no pude evitar las lágrimas. "Zigarroa pistute, trikitixa suten", frase más que acertada para definir a mi aitxitxe.
Ahora tengo una nueva canción favorita y, como no podía ser de otra manera, se llama Aupa Rufino. 

En el cielo manda Dios
y en la tierra(i) el dinero
y en al Alto de(i) Andrakas
Rufino Arrola el herrero.

lunes, 26 de mayo de 2014

Cuack cuack

Hoy hace exactamente un mes que tengo 22 años, esos dos patitos que en un principio no quería y que ahora me parecen maravillosos. Y quien dice ahora, dice desde que los cumplí.
Sí, me han sentado bien. Los celebré dos veces con varios amigos, los celebré con mis abuelos (algo que hacía años no ocurría). Mi cumple empezó el 25 al llegar a casa y encontrarme la puerta de casa con dos globos y dos carteles como otras veces había encontrado. Un año más, mi vecina me hizo sentir especial. Salí tanto el viernes como el sábado, y no tengo que decir que me lo pasé como una autentica enana. Llegar el sábado de fiesta y encontrar una caja grande con regalos de mis amigas fue una manera perfecta de acabar el día. Ha pasado un mes y parece mentira que haya pasado tan rápido.
¿Sabéis? Hoy ha sido un gran día, a pesar de haber tenido dos exámenes. Sabía que al llegar a casa me estarían esperando los dos libros que pedí el otro día. Además, el viernes voy a ver después de cuatro años a mi escritor favorito y voy a hacer que me firme todos sus libros. ¿Sábado a la noche? Cena con las chicas después de un tiempo sin vernos. Por si todo esto no fuera motivo de felicidad suficiente, me he dado cuenta de que sí puedo ir al Ibilaldi y disfrutar del concierto esperado con esas dos personitas importantes para mí. Porque sí, aunque ya no nos veamos como antes y tampoco hablemos tanto como solíamos hacer, siguen siendo importantes para mí y siempre lo serán. Tengo ganas de que llegue el domingo y pasar un día de Ibilaldi como solíamos hacer. Beber, reír, cantar, bailar... Darlo todo con ellas. Porque son tres años sin pisar esta fiesta. La última vez que fuimos hubo concierto de Esne beltza. Creo que va siendo hora de volver a las andadas, y más todavía si tengo buena compañía y un concierto de mi grupo favorito de fondo, ¿no?
Así que solo diré... Doy gracias a los 22 o a lo que haya que darle las gracias. Cuack cuack