Otro año más ha llegado el 31 de Diciembre, aunque me da la sensación de que, esta vez, ha llegado demasiado pronto. Otro año más que toca hacer balance de este año que los supersticiosos están deseando terminar. Un año que yo no estaba muy segura de como sería, pero que me sorprendió para bien.
El año empezó de las mejores maneras posibles: una nochevieja estupenda y una nueva rutina diaria en la que me metía en ese pequeño Skoda para conseguir otro sueño de infancia. Que, aunque costó, lo conseguí. Ha sido un año que, académicamente, podría haber sido mejor. Aun así, me quedo con todo lo aprendido, las fuertes alianzas construidas con mi gente y las lágrimas compartidas. Pero con una buena dosis de cotilleo todo, por favor. Aquella boda que tanta ilusión me hizo, en la que mi tía estaba guapa a rabiar y los enanos de mis primos estaban para comérselos.
En cuanto al verano, que puedo decir. Ha estado cargado de todo tipo de emociones, así como de una nueva rutina satisfactoria. Empezó con jaias de Leioa, con los mensajes que no deberían haberme llegado nunca y sus respectivas risas. Siguió con mis amadas fiestas de pueblo, de las que tenía una buena sensación y, como no podía ser de otra manera, no me equivoqué. Cierto es, que no era algo que esperase, pero bien recibido fue. Jaias de Larra y sus historias a la espalda que te hacían sonreír como la más auténtica gilipollas. Sonrisas que mucho, o poco, estuvieron ahí para recordarme que puedo ser feliz.
Siguió el verano y volví al mar con mis antiguas amigas. Esas pobres tablas de surf que llevaban cuatro años (que se dice pronto) cogiendo polvo detrás de una puerta. La sensación que tuve fue maravillosa y siempre la recordaré, así como la ostia que me pegó una de ellas en toda la cabeza que me dejó más tonta de lo normal. Esas tardes encerrada mientras hacía sol y que me las amenizaban grandes personas que, aunque no hablase con ellas, se quedaban para hacerme compañía.
En cuanto a fiestas, pocas he pisado la verdad. Pero no me arrepiento de ninguna de las que fui, y mucho menos a las que no fui. Llegaron jaias de Bilbo y salí, incluso estando reventada, casi todos los días. Fueron aquellas mañanas en las que se afianzó una nueva tradición con esa compañera de fiestas: el abre/cierra bares, así como los desayunos gochos. El último día de jaias fue una madrugada de inflexión en la que cambié totalmente mi actitud hacia una persona, y me alegra decir que no he cambiado de parecer.
Sin quererlo ni beberlo, y pasando el tiempo de espera como pasa un papel volando en un vendaval, llegó ese viaje a Benidorm con mis bandoleros. Una semana en la que desconecté de todo el mundo y de todos los fantasmas que, de vez en cuando, me atormentaban. Siete días de risas constantes, sin ningún lloro (que es un logro), de aquellas maravillosas comidas de los Master chefs que eran bendecidas con "Bandolero". Siete días de los cuales los tres o cuatro primeros tuvimos bronca con los caseros. Siete días en los que no vimos la playa más que de noche. Siete días en el que, alguna vez, pensamos que estábamos en Mordor. Siete días en los que nos daba igual como vestirnos y a qué hora nos levantábamos. Siete días en los que cumplir un punto de mi lista "Cosas que hacer antes de morir". En definitiva, siete días que todos necesitábamos y aprovechamos a más no poder.
Volver a la rutina fue duro, y más aún con las clases a la vuelta de la esquina. Las depresiones post vacacionales son el mal absoluto, os lo digo yo. El curso empezó sin mucho entusiasmo a diferencia del anterior, pero hasta el momento me ha dado muy buenos ratos.
Algo importante de este año es el hecho de tener de vuelta a mi lado a esa amiga que tanto he echado de menos estos años que hemos estado separadas. Tampoco es que nos veamos mucho ahora, pero sí más que antes. Se me va a ir, pero estoy segura de que hablaremos cuando podamos y nos pondremos al día como lo hacemos ahora (aunque no haya mucho que contar).
Otro hecho importante es el haber tenido la suerte de tener un gatito negro en casa, aunque se nos fue pronto. Y cómo ahora tenemos un gatito adoptado, que me tiene loca (en el mal y buen sentido). La satisfacción de saber que has salvado una vida es enorme.
Por si fuera poco, cumplí otro sueño: ese viaje a Londres en el que por fin vería el British (obsesión de infancia, no preocuparse). Momias, momias everywhere. Y yo feliz que iba de un lado para otro. Londres me gustó mucho, pero Oxford me engatusó. Tan pequeño, tan mono, con esa biblioteca que sale en uno de mis libros favoritos. Tan cerradas todas las facultades a los turistas y yo tan cabreada buscando una solución. Ya volveré, no saben con quien están hablando.
Ha sido un año de muchas risas, no tengo constancia de que hayan habido muchas lágrimas (y esto es muy raro). Año en el que algunas amistades se han hecho más fuertes, tanto que hasta da miedo, y otras han vuelto a mi lado. Me he dado cuenta también de que no se puede retener a las personas a tu lado por mucho que quieras, y que algunas de ellas se irán de tu lado por mucho que no quieras. Y que una persona que está a casi 1000km de distancia de ti te puede demostrar más que cualquier otra persona cercana. Año en el que he hecho cosas nuevas, las cuales han dado su fruto; y un año en el que, sobretodo, he viajado. Año en el que aprobé esa asignatura pendiente, pero que poco duró la alegría. Año en el que me he dado cuenta de que ni el bueno es tan bueno, ni el malo es tan malo. En definitiva, año de sentimientos, locuras, risas, alguna que otra lágrima, algo de cine, fiesta y mucho alcohol.
En resumen. Ha sido un BUENÍSIMO año, y no tenéis ni idea la pena que me da que se acabe. Ojalá no estuviera escribiendo esta entrada... Pero es lo que toca.
Al 2014 le pido que sea la mitad de bueno que este 2013 que se me escapa de las manos. Pero si quiere ser mejor, si es posible, lo recibiré con los brazos abiertos. No pido un mensaje a las 12 de la noche que diga "Quiero un 2014 a tu lado", porque esas cosas no pasan; y si lo hacen es porque yo soeríala estúpida que lo mandase. Pido que en este año no me falte la gente a la que quiero y me quiere: mi familia y mis amigos. Pido poder hacer lo que quiero sin ningún tipo de problema, y así poder ayudar a la gente. Pido algún viaje que otro, me da igual si es sólo al pueblo o si me voy fuera del país. Pero, sobretodo, pido no pedir nada y dejar que este año que entra en menos de 11 horas me sorprenda tanto como lo ha hecho este 2013. Siempre para bien, por favor.
Un lugar donde escribir todo lo que siento en cada momento. Desahogarme cada vez que lo necesite. Un sitio donde poder escribir lo que quiera sin temor a que nadie lo lea y lo utilice en mi contra. Mi trocito de cielo.
martes, 31 de diciembre de 2013
viernes, 27 de diciembre de 2013
Avestruz
Anoche me sentí un poco como aquel 27 de Octubre. Como aquel domingo en el que todas las preguntas que me daban miedo hacer tuvieron sus acojonantes respuestas.
Pensé, erróneamente, que aquello había pasado, que fue algo momentáneo. Pero algo dentro de mí tenía la sensación de que no era así. Soy idiota, porque todo este tiempo he visto que esa persona y yo somos muy parecidos, casi iguales. En esto no iba a ser diferente.
No sé qué hacer. Estoy igual de perdida que aquella vez. Lo único que cambia es que no nos veremos en un tiempo, y que cuando nos veamos será para hablar todo. A saber como siguen las cosas. A saber qué pensará. A saber si cambio.
Tenía que haber cogido al toro por los cuernos (y nunca mejor dicho) antes de irme de viaje. Todo estaba planeado. Pero ni con él, ni con el otro, hice nada. Supongo que mi poco valor ha quedado relegado a un minúsculo agujero negro en la tierra. Supongo que me estoy volviendo un poco avestruz cuando en el fondo siempre he sido un poco águila.
(2013.12.20)
Pensé, erróneamente, que aquello había pasado, que fue algo momentáneo. Pero algo dentro de mí tenía la sensación de que no era así. Soy idiota, porque todo este tiempo he visto que esa persona y yo somos muy parecidos, casi iguales. En esto no iba a ser diferente.
No sé qué hacer. Estoy igual de perdida que aquella vez. Lo único que cambia es que no nos veremos en un tiempo, y que cuando nos veamos será para hablar todo. A saber como siguen las cosas. A saber qué pensará. A saber si cambio.
Tenía que haber cogido al toro por los cuernos (y nunca mejor dicho) antes de irme de viaje. Todo estaba planeado. Pero ni con él, ni con el otro, hice nada. Supongo que mi poco valor ha quedado relegado a un minúsculo agujero negro en la tierra. Supongo que me estoy volviendo un poco avestruz cuando en el fondo siempre he sido un poco águila.
(2013.12.20)
domingo, 1 de diciembre de 2013
A mi futuro novio
Querido futuro novio. Te escribo para que sepas algo más de mí que no se ve a simple vista. Bueno, mejor pensado, te voy a hablar de mí respecto al amor y lo que espero de él.
Querido futuro novio. Aquí donde me ves soy una chica sensible que va de dura por la vida porque no quiere sufrir por amor. Pensarás: si no quieres sufrir por amor, no mereces vivirlo. Al fin y al cabo, cuando nos enamoramos estamos dispuestos a todo. Lo que hacemos es dar nuestro corazón a la otra persona con la esperanza de que no lo dañe. Pues bien. Eso lo he hecho y me han dañado, es por eso por lo que le temo al amor.
Aún así, tengo algunas ideas de como quiero que seas o cómo espero que seas conmigo (pero que te salga del corazón, ¿eh? Mentiras no las quiero).
Quiero un novio atento, que me demuestre que me quiere. Y con esto no quiero decir que me estés regalando cosas cada semana o cada mes. Todo lo contrario. A mi se me gana con acciones, no con palabras o regalos. Se me gana con sonrisas, con abrazos, con hacerme reír. Aguantarme cuando estoy de mala leche, y me hagas sonreír cuando esté llorando. Que me digas que todo va a ir bien aunque los dos sepamos que es mentira. Que me haga rabiar y me saque de quicio, porque en el fondo me encanta; y que después me de un beso para hacer que me vuelva blanda.
Un novio al que le guste quedarse tumbado en el sofá viendo películas conmigo al calor de una manta. Que vayamos a dar paseos y nos quedemos a ver las puestas de sol en la playa mientras me abraza desde atrás. Un novio al que le guste jugar a la play porque, ¿a quién no le gusta picar a la otra persona y acabar haciéndole cosquillas para que pierda y luego besarle? En fin, quiero un novio que también sea mi amigo.
Querido futuro novio. No te puedo asegurar que vaya a ser la mejor novia del mundo, pero sí que lucharé por intentar serlo. Que cuando me necesites estaré ahí para lo que sea: reír, llorar (aunque a los chicos os cueste más que a nosotras), saltar, gritarle al mundo que estás hasta los cojones del resto de gente, ir a comer al McDonalds... Te apoyaré en todas las decisiones que tomes, estaré a tu lado en los buenos y malos momentos. Haré que sonrías todos los días que estés conmigo, aunque me cueste la vida y más. No hace falta que estés a diario conmigo, ni que cambies a tus amigos por mi. De hecho, esto último no te lo permitiría.
Querido futuro novio. No sé dónde estás, ni quién eres, ni siquiera si te conozco o estoy por conocerte. Si eres de aquí o de allí. Me da igual. Quiero que sepas que yo no suelo estar con cualquiera, y que si estoy contigo, es por algo. Y ese algo será que te quiero, aunque seguramente nunca te lo diga o me cueste la vida decírtelo la primera vez.
Querido futuro novio. Estamos en diciembre, último mes del año. Tienes este tiempo para aparecer o tendrás que esperar hasta 2015. ¿Por qué? Porque la vida me está enseñando que sólo tengo novio o alguien especial los años impares. Siempre podrías ser tú el primero en llegar en un año par, pero no me hago ilusiones.
Querido futuro novio. Aquí estoy, dispuesta a intentarlo.
Querido futuro novio. Aquí donde me ves soy una chica sensible que va de dura por la vida porque no quiere sufrir por amor. Pensarás: si no quieres sufrir por amor, no mereces vivirlo. Al fin y al cabo, cuando nos enamoramos estamos dispuestos a todo. Lo que hacemos es dar nuestro corazón a la otra persona con la esperanza de que no lo dañe. Pues bien. Eso lo he hecho y me han dañado, es por eso por lo que le temo al amor.
Aún así, tengo algunas ideas de como quiero que seas o cómo espero que seas conmigo (pero que te salga del corazón, ¿eh? Mentiras no las quiero).
Quiero un novio atento, que me demuestre que me quiere. Y con esto no quiero decir que me estés regalando cosas cada semana o cada mes. Todo lo contrario. A mi se me gana con acciones, no con palabras o regalos. Se me gana con sonrisas, con abrazos, con hacerme reír. Aguantarme cuando estoy de mala leche, y me hagas sonreír cuando esté llorando. Que me digas que todo va a ir bien aunque los dos sepamos que es mentira. Que me haga rabiar y me saque de quicio, porque en el fondo me encanta; y que después me de un beso para hacer que me vuelva blanda.
Un novio al que le guste quedarse tumbado en el sofá viendo películas conmigo al calor de una manta. Que vayamos a dar paseos y nos quedemos a ver las puestas de sol en la playa mientras me abraza desde atrás. Un novio al que le guste jugar a la play porque, ¿a quién no le gusta picar a la otra persona y acabar haciéndole cosquillas para que pierda y luego besarle? En fin, quiero un novio que también sea mi amigo.
Querido futuro novio. No te puedo asegurar que vaya a ser la mejor novia del mundo, pero sí que lucharé por intentar serlo. Que cuando me necesites estaré ahí para lo que sea: reír, llorar (aunque a los chicos os cueste más que a nosotras), saltar, gritarle al mundo que estás hasta los cojones del resto de gente, ir a comer al McDonalds... Te apoyaré en todas las decisiones que tomes, estaré a tu lado en los buenos y malos momentos. Haré que sonrías todos los días que estés conmigo, aunque me cueste la vida y más. No hace falta que estés a diario conmigo, ni que cambies a tus amigos por mi. De hecho, esto último no te lo permitiría.
Querido futuro novio. No sé dónde estás, ni quién eres, ni siquiera si te conozco o estoy por conocerte. Si eres de aquí o de allí. Me da igual. Quiero que sepas que yo no suelo estar con cualquiera, y que si estoy contigo, es por algo. Y ese algo será que te quiero, aunque seguramente nunca te lo diga o me cueste la vida decírtelo la primera vez.
Querido futuro novio. Estamos en diciembre, último mes del año. Tienes este tiempo para aparecer o tendrás que esperar hasta 2015. ¿Por qué? Porque la vida me está enseñando que sólo tengo novio o alguien especial los años impares. Siempre podrías ser tú el primero en llegar en un año par, pero no me hago ilusiones.
Querido futuro novio. Aquí estoy, dispuesta a intentarlo.
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