miércoles, 31 de diciembre de 2025

El yin y el yang del 2025

Bueno. Vamos a terminar con esto rápido.

Enero celebrando reyes en casa de Tita Loi jugando al virus que nos viciamos como locos. Atardecer con las Ciao amore. Leerme aquel libro que me regaló Nath 9 años atrás. El cumple de mi tía Nerea con todos sus amigos en casa, y las risas que me eché con Andoni a base de los kali cargados que iba haciendo. Trabajar en el Irala mientras nuestro hotel estaba de obras. A final de mes empezar el libro de Alas de Onix, y el día en que quedé primera en el Brooklyn.

Febrero empezando fuerte celebrando los 86 años de Patri y acabando el día con mis QTP despidiendo al grupo de nuestra adolescencia: Esne Beltza. Descubrir el mundo de los tardeos por el cumple de Alex, un día increíble en el que me lo pasé genial y en el que me di cuenta de lo mucho que necesitaba una ocasión así. El día de San Valentín auto regalándome flores y un cactus porque sí, y la primera vez que me quedé a tomar las cervezas en el gimnasio.

Marzo sacándoles miles de fotos a mis gatos y a los atardeceres de la playa. El domingo que me fui a Bilbao por la mañana únicamente para comprar flores. El día que falleció Tía Araceli y la certeza de que La Corralina no será lo mismo sin ella. El cumple de Jare y el de ama en el que casi infarto porque parecía que Silver no podía respirar bien. Los 19 de Edu y el cumple de Rebeca en el que casi nos juntamos todos para comer.

Abril con la reapertura del hotel. El herpes que me salió en la cara. Bely Basarte sacando nueva música. Lo simpático que estaba Aimar, qué bien me cae. San Jordi un año más siendo mi día favorito. Mi cumple celebrándolo con los de la uni como hacía antaño. Qué buen día me dieron, qué bien me lo pasé y qué bien me sentó el kebap a las dos de la mañana en un banco de Bilbao hablando con Carlton antes de volver a casa.

Mayo empezando con el cumple de Freya. Bely Basarte utilizando mi mensaje para juntarlo con otros tantos y crear nuevas estrofas de su canción "Amor letal". Ese 14 de mayo fatídico en el que fuimos al veterinario para ver que Silver estuviera bien y nos dieran malísimas noticias. Mi bebé peludo tenía un linfoma. El cumple de amona al día siguiente, y la confirmación de que de todos los linfomas que podía tener Silver, el suyo era el peor. Celebrar el cumple de amona con una comida familiar. Tener que grabar un vídeo felicitando a Yasmina por su doctorado cuando tenía el humor de mierda por todo lo que estábamos pasando con Silver. Desi dándome un abrazo en el entrenamiento y acabar llorando mientras le contaba lo que me pasaba. Tirarme todo ese mes sacando fotos de Silver, solo como con Freya, y dándole todos los mimos del mundo mientras luchábamos a base de quimioterapias.

Junio con Yasmina presentando su tesis doctoral y estar emocionada viéndola presentar su trabajo mientras yo estaba en el mío. Llorar y llorar porque Silver no estaba bien y no comía. Celebrar el cumple de Arrate y ultimas los preparativos de la despedida de soltera de Ainize. Empezar la temporada de playa. Empezar el día de la despedida de Ainize con mi pelo cortado más de lo que quería. Acabar en Moma de tardeo por la despedida de soltera y seguir mano a mano con Ainize en jaias de Leioa. El 23 de junio tomar la difícil decisión de hablar con las veterinarias para que pudieran darle descanso a Silver. Y así llegó el 24 de junio, el día de la noche de San Juan. El día en que nos tuvimos que despedir de Silver para siempre y dejarle descansar. El último día que pude darle un beso en la nariz, acariciarle las orejas y decirle lo muchísimo que lo quería y que siempre le querré. Se me partió el corazón en mil pedazos, pero era la mejor decisión que podíamos tomar por él. El gato más mágico del mundo se fue el día de la noche mágica de brujas. Sigo echándole de menos.

Julio llegó para llevarme con los pocos ánimos que tenía a un destino al que llevábamos tiempo queriendo ir: Sri Lanka. La aventura empezó fuerte teniendo en cuenta que casi no nos dejan entrar en el avión de Amsterdam-Bombay tenía overbooking. En esta ocasión se nos unió al viaje Loinaz, haciendo casi un remember de aquel viaje que hicimos a Irlanda 10 años atrás. Subimos a lo más alto de una de las montañas, vimos templos, hablé durante bastante rato con un chico australiano que nos encontramos en una de las excursiones, me enamoré del perro y la gata del hotel en el que nos quedamos. Seguimos yendo a visitar templos y nos pusieron una pulsera de hilo que se supone que se cae sola cuando cumples tu propósito. No sé cuál será el mío, pero la pulsera sigue en mi muñeca derecha. Me quería llevar a todos los perritos que nos íbamos encontrando por la calle. Me puse de smothies de chocolate y plátano hasta arriba. Volvimos a subir a otra montaña y me llevaba a las perritas con nosotras. Llegamos a la zona de playa, Hiriketiya, y allí, en el agua, por primera vez en mucho tiempo mi cabeza se quedó en silencio. Le guardo especial cariño a ese rincón por la paz que me trajo entre tanta tempestad y tristeza. Nos fuimos a ver elefantes durante toda una mañana y nos robaron directamente del bolso porque somos así de confiadas. Cogí una tabla de surf el último día que estuvimos en Hiriketiya, el día que peor mar había. Cogí dos olas, pero me supieron a gloria. En el siguiente punto del viaje, mientras mirábamos tiendas, me encontré en la calle un gato negro al que le llamaba "Freya" y venía corriendo. Estaba súper mimoso, y yo me quedé dándole amorcito mientras lloraba sentada en un escalón. Tuve que irme corriendo una vez salieron las chicas de la tienda, sin mirar atrás, porque se me partía el corazón. Último día durmiendo en Colombo, y la última aventura del viaje en el que no sabíamos por qué, no nos dejaban volar más allá de la India. Después de diez horas de escala metidas en el aeropuerto de Bangalore, pudimos volver a Amsterdam. El resto del mes lo dediqué a trabajar, entrenar y bajar a la playa cuando ya se me había bajado la quemazón del viaje. Y, muy importante, el huevito pasó la ITV a pesar de que el que me hizo la pre-itv me dijo que no lo haría. Para celebrarlo, me compré el viaje a través de Huakai: iba a cumplir mi meta de 3 años, 3 continentes. Me iba a México.

Agosto yendo a la playa y marcándome un doblete en Brooklyn un día que estaba de muy mala hostia. Lo mal que lo pasamos con los fuegos de León, que estaban cerca de nuestro pueblo, y con la desgracia de que una prima falleció cuando parecía que todo había ido bien con la operación. Se nos juntaron dos desgracias a la vez, no sabíamos por donde nos daba el aire. Ir con ama a ver el musical de "Los pilares de la tierra". Una tarde de Aste Nagusi quedar con Andrea y Rebeca, para irme pronto a casa porque estaba de mañanas. Para un día que podía salir de fiesta con los de la uni a tope, estaba con antibiótico y no bebí nada; me lo pasé genial y me reí muchísimo. Ese mismo mes empecé el que sería el último libro que iba a leer este año.

Septiembre viendo la vuelta ciclista desde el hotel y teniendo fiebre. Quedar para tomar algo con las ketchup e Ibon tres días antes de la boda de Ainize; y, como no, el propio día de la boda. El mes en el que el nuevo año escolar empieza, volvió Operación Triunfo y los lunes dejaron de ser menos lunes.

Octubre llegó y Nagore decidió que era un buen momento aprovechar que estaba mandando un audio contándoles lo de México para enviar la ecografía de su embarazo. Me pilló en el trabajo, y como no respondía a lo que estaban hablando entre ellas, decidió hacerme una videollamada que duró casi una hora. Pocos días después, la noticia de que otras dos amigas estaban embarazas llegó, y resulta que todas tienen la misma fecha de parto. También es el mes en el que Angui se vio la película de Kpop-Demon Hunters y me envió un podcast de 14 minutos explayándose sobre toda la influencia cultural de la misma. El cumple de Desi, a la que le hice un regalo por ser su cumple, pero sobre todo, por todo lo que me ha apoyado este año con todo lo de Silver. En este mes La Oreja de Van Gogh anunció que volvía Amaia, algo que ya nos lo olíamos todos por mucho que lo quisieran mantener en secreto. Llegó el 15 de octubre y no soplamos velas por el cumple de Silver. Hubiera cumplido 12 años, si es que era un bebé. Celebramos el cumple de mi primo Diego y Andoni a la vez, como ya es tradición. Días más tarde celebramos el 25 cumpleaños de Ainhoa y también le dimos los regalos de cumple a Iñigo. Y sin apenas darme cuenta, llegó el 27 de octubre y con ello la primera vez que cogía un vuelo sola para cruzar un charco. Lo del viaje a México fue una cosa maravillosa... 

Llegué a día 27 de octubre antes de las diez de la noche, por lo que era el día en el que los animalitos emprenden el viaje a la tierra para visitar a las familias. Yo me llevé conmigo las fotos de Silver y Beltz, pero no podía faltar él: aitite. El 28 era el día que estaría sola por Ciudad de México, y aunque me costó salir del hotel porque me daba un poco de cosita, cuando salí y empecé a caminar no pude parar. Acabé llegando a la plaza del Zócalo, y no me esperaba encontarla llena de flores cempasúnchil y diferentes esculturas. Había música y se me erizó toda la piel, incluso se me escapó alguna lagrimita. Cogí el metro porque quería visitar la casa de Frida Khalo, pero terminé cogiendo un coche para que me acercase porque no me sabía ubicar para hacer el trasbordo. Le hice videollamada a Regina para hablar con ella y que me dijera todas las cosas que tenía que probar. Después me acerque hasta el barrio Coyoacan y probé una nieve de cereza. Volví al hotel sobre las seis de la tarde y ya no pude salir de lo cansada que estaba. Al día siguiente empezaba la aventura con el grupo, y conocí a la que sería mi compi de habitación durante esos 14 días en la propia recepción del hotel. Ese primer día nos juntamos gente de los tres diferentes grupos e hicimos varias visitas, comimos hasta reventar y casi no salimos del bar en el que estábamos porque nos querían timar. El primer día con el grupo completo fuimos a visitar las pirámides de Teotihuacán y acabamos en las trajineras de Xochimilco. Al día siguiente visitamos San Miguel de Allende, que estaba completamente decorado con flores por Día de muertos. Pasamos por un lugar llamado "Sala de despecho" en la que no nos dejaron entrar, y seguimos nuestro camino para la discoteca. Al día siguiente nos enteramos que en esa Sala estuvo Karol G. 

Noviembre partiendo un día más en la van, en esta ocasión dirección Guanajuato. Qué decir de este lugar: vimos el desfile de Catrinas, subimos al cementerio y vivimos en primera mano cómo celebraban allí la vida y la muerte todo a la vez. Allí fue donde lloré pensando en Aitite, y saqué foto de su foto. A cada paso que daba, él estaba en mi mente. Al día siguiente pasando por la plaza, escuché a unos mariachis cantar "A mi manera" justo después de que le contase a una de las compis de viaje que a aitite le quedó pendiente visitar ese país. ¿Casualidad? No lo creo. Ese mismo día todos nos pintamos la cara de Catrinas y acabamos en un karaoke dándolo todo. Seguimos la ruta y acabamos en Guadalajara. Sinceramente, un lugar que nos hubieramos saltado todos y ese día extra lo hubieramos metido en otra de las paradas, en mi caso, Sayulita. Visitamos la ciudad de Tequila, hicimos cata de ese licor del demonio y terminamos ese día en la plaza litrando tequila, comiendo patatas y cantando con los mariachis que contratamos. 

En cuanto llegamos a Sayulita, fui muy feliz. El mar me da mucha calma y necesitaba resetear. Hicimos snorkel y al siguiente día volví a bucear. Fue como andar en bicicleta, no se me hizo nada difícil y yo iba tan feliz durante esos 40 minutos que cuando tuvimos que subir pedí que me dejasen bajar. El último día hicimos yoga por la mañana y surf por la tarde. Me repito: qué feliz soy en el agua. En Puerto Vallarta salimos de fiesta y aquella noche surgieron los primeros gossips del grupo, a dos días de acabar el viaje. Hicimos el último día de playas y paseo al atardecer y prontito a dormir que al día siguiente cogíamos vuelo de vuelta a Ciudad de México. Vaya frío nos recibió. El último día del viaje, sin parte del grupo al que despedimos entre lágrimas la noche anterior, visitamos los que quedamos la Basílica de Guadalupe. Comimos y pusimos rumbo al aeropuerto. Una vez llegada a Madrid, y tras 6 horas de escala, volví a Bilbao con el corazón llenito de personas increíbles, de todo lo vivido allí y contenta porque volví a hacer actividades que me encantaban siendo pequeña. Qué duro fue volver. Casi a finales de noviembre celebramos el cumple de Elena con una comida y acabamos Carlton y yo con el tío de Aritz y Laura, la amiga de Elena, yendo a un bar a tomar unas rondas antes de que Carlton tuviera que coger el bus de vuelta a Vitoria.

Diciembre llegó con el cumple de Tita Loi, aunque lo celebramos tres días después. Ese mismo día me llamó Carlton para decirme que no iba a ir a la despedida de soltera de Elena, la cual era dos días más tarde, porque acababa de fallecer su padre. Me quedé en shock. Llamé a Alex para contárselo y después hablé con Goiuri. A Angui se le contó Alex, y acabamos metiendo a Elena en el grupo para que supiera lo que había ocurrido y para ver qué hacíamos. Ese mismo 5 de diciembre, pusimos rumbo a Vitoria para estar en el tanatorio con él. En cuanto nos vio llegar, vino hacia mí y se echó a llorar. Se me rompió el corazón y no pude hacer otra cosa más que abrazarle lo más fuerte que pude. Después de una hora, pusimos rumbo a Jaca para seguir con lo planeado aunque ya nada sería igual. Al día siguiente fuimos a la nieve. Tras más de media vida, volví a hacer snowboard. Me lo pasé como una enana, y eso que no paraba de caerme al principio. Cerramos pistas y subimos a Marchica, donde alguna lagrimita ya se nos escapó a algunas pensando en quien faltaba ahí con nosotros. Al día siguiente hicimos buggies, breve encuentro en Biescas con Andrea (del grupo de México) y terminamos con el spa. La vuelta se nos hizo larga, pero llegamos a Vitoria para tomarnos un cafe/cola cao con Carlton y estar un ratito más con él. Pocos días más tarde me junté con Janire (otra del grupo de México) el mismo día que tenía el último concierto de Gatibu con las chicas al que también vino Nagore con su tripa de 5 meses. Han llegado las navidades, y mi ama me ha regalado las gafas para ir a la nieve. Y para finalizar el mes, acabé sumándome al viaje de volver a la nieve con Elena, Goiu y Angui. Dos días intensos en los que he vuelto a hacer snowboard, y en el que en esta ocasión el spa sí merecía la pena. 

Hasta hoy, 31 de diciembre. Me he levantado lo más tarde que he podido porque estaba agotada de estos dos últimos días. He ido a casa de amona para ayudarle a preparar la mesa para hoy. He comido tarde y me he bajado a dar un paseo por la playa. Nada más llegar a casa me he puesto a repasar el año, leyendo primero el anterior como siempre hago, y revisando las diferentes fotos para que no se me olvidase (que siempre se me olvida algo) nada. 

Así que así estamos. Dejando que termine este año que ha sido una montaña rusa de emociones, que se ha llevado tanto y también me ha traído cosas muy buenas. No tengo mucha estabilidad emocional desde que Silver ya no está, y eso que tengo a Freya martirizada de tantas veces que le doy besos y achuchones. Sigo yendo a entrenar todo lo que puedo, pero hay ocasiones en las que me vence la pereza. Quisiera hacer muchas cosas, pero tampoco encuentro el qué. Este año apenas he leído, 15 libros en todo el año. El anterior leí un total de 55, pero es que este año no me encontraba entre las palabras de otros y los libros que he leído, salvo alguno, no han sido las mejores elecciones. Sí es cierto que este año me he aficionado a escuchar podcast, y casi he estado más entretenida con eso que otra cosa. Agradecida por el nuevo disco de Bely Basarte, pero triste porque Rozalén se aleja de los escenarios durante un tiempo (bien merecido lo tiene, todo hay que decirlo). También ha llegado la última temporada de Stranger Things, cuyo último capítulo se estrena en unas horas. No sé si salir un rato de fiesta con mis tías o directamente volverme a casa y esperar a las dos de la madrugada para ver el capítulo final con ama. Todo incógnitas en la vida, todo problemas de primer mundo también.

En fin, que se me pasa la hora de poder tener unos minutos para prepararme que en teoría a las nueve tenemos que estar en casa de amona para terminar de preparar las cosas. Así que vamos a poner en la mesa las cosas que quiero para el siguiente año a ver si el universo lo recoge.

Quiero ser feliz. Quiero viajar más. Quiero disfrutar de la vida, porque el tiempo pasa y no vuelve, y no quiero sentir que no estoy viviendo sino que estoy sobreviviendo. Quiero divertirme y reírme hasta que me duelan las comisuras de los labios. Quiero estar sana, y quiero que mi familia y mis seres queridos lo estén. Quiero la felicidad para todos ellos también. Quiero que Freya siga estando tan sana como nos dijo que estaba la veterinaria la última vez. Quiero sentirme realizada en el trabajo, y quiero aprender a darme una palmadita en la espalda cada vez que hago las cosas bien y no hacer como si nada. Quiero conocer a gente tan guay como la que he conocido en el viaje a México, y quiero que nos juntemos de nuevo para hacer alguna cosa. Quiero ser capaz de volver a hacer feliz a la Deborah más pequeña y adolescente, dándole los caprichos que quiera y haciendo actividades que le gustan como he hecho este año. Al fin y al cabo, somos la misma persona. Quiero que todo vaya bien. Quiero ser fuerte por si viene algo malo. Quiero ser capaz de mirarme al espejo y decirme que me quiero. Quiero cosas sencillas, creo que no pido tanto.

Por último, quiero dejar este año atrás. Quiero dejar atrás todo lo malo, todas las lágrimas; y quiero mirar hacia delante con ilusión. Porque dejo atrás este año lleno de negros, blancos y grises para dar paso al siguiente año. Tengo muchas esperanzas puestas en que sea bueno, porque la chica del 26 va a entrar al 2026 y espero que le dé mucha pena llegar al 31 de diciembre porque tendrá que despedirse de él.

Así que, adiós al yin y el yang del 2025.

miércoles, 1 de enero de 2025

Lo que he vivido en este 2024

Como cada año, pero en esta ocasión escribiendo la entrada el uno de enero porque el 31 de diciembre no me daban las horas, toca zambullirse en los recuerdos y los momentos que han marcado de una forma u otra este 2024 que ya hemos despedido.

El año lo empezamos como marca la tradición: con un chocolate caliente y el concierto de año nuevo. Aquel día sin hacer mucho ruido empecé con la primera lectura del año, y no he parado de leer en los doce meses. Le siguieron días de comida, atardeceres preciosos a esa entrada al nuevo año. Empecé oficialmente en Brooklyn para retomar aquello de pegarle a un saco y rebajar los niveles de ansiedad y estrés. Y no menos importante, el Athletic ganó al Barça 4-2 llevándonos así un pasito más cerca de la final de copa.


Febrero queda marcado por el viaje a Londres con ama, en el que nos adelantamos un mes a su cumple y fuimos a ver “El fantasma del a ópera”, porque yo no concibo ver un musical en otro idioma que no sea el de las canciones que tengo guardadas en mi cabeza. El Athletic dio un paso más en esto de ser David contra Goliat, y ganó al Atlético de Madrid por 3-0 haciendo que nuestros sueños empezaran a volar. Estábamos muy cerca.


El tercer mes del año lleno de imágenes de atardeceres, cielos bonitos y días de tormenta que me encanta disfrutar a través de la ventana. El 55 cumpleaños de ama y madrugar para participar en la Korrika.


A seis días de que empezara el mes de mi nacimiento, el Athletic hizo llorar a miles de aficionados. Pero esta vez fue de alegría. Nuestro equipo ganó la Copa de rey después de 40 años. Se me pone la piel de gallina solo de recordarlo. Cuánto sufrimos aquella noche en la que llegamos a penaltis. Cómo negaba cuando Olatz me decía: “¡Qué ya está! ¡Que hemos ganado”, a lo que le respondía que hasta que el arbitro no pitara final de partido no había nada asegurado. Pero así fue. Pitó, y las lágrimas no se hicieron de rogar. Aitite, Tía Xalba… Cuánto me acordé de vosotros. Cinco días después, la Gabarra salió a surcar la ría, y la marea rojiblanca empujó desde ambos lados. La Deborah de 14 años a la que le regalaron sus primeras camisetas estaba dando saltos de alegría, y me emocioné mucho por ella. Por fin lo hemos visto, mini Deb. Llegó día favorito de año con su rosa y libro, para tres días más tarde celebrar que cumplía 32 años. Antes de terminar el mes, rompimos tarjeta para el viaje del verano. 


Mayo con el cumple de amona y el preciosísimo atardecer que hubo dos días después. Elena mandando mensajes raros a la gente de la uni para contarnos que estaba esperando un bebé. Volar a Barcelona a finales de mes a pesar de que el motivo principal, el concierto de los Jonas Brothers, se hubiera cancelado. Mi cara alucinando cuando Nagore me dijo que íbamos a que se probase su vestido de novia. Es que, ¿QUÉ? Comimos mucho, pero anduvimos todavía más. Cundió muchísimo el tiempo allí, tanto que hasta me quemé con el sol.


El 1 de junio estrené temporada de playa, había que trabajar el moreno antes del viaje del verano. Unos crujientes de idiazabal con su moscato al sol. La llegada de Niko, el segundo hijo de Haizea. El atardecer desde la cocina, cómo me gusta verlos en verano. La pateada que nos pegamos las chicas en el Kosta trail y sus consecutivas agujetas que intenté minimizar yendo a entrenar al día siguiente. Probar los famosos nachos del Tellagorri por el cumple de Olatz y las jaias de Sope.


El cuatro de julio pusimos rumbo a la aventura de este año, marcando así el pasaporte con el sello de un nuevo continente. Por primera vez pisaba África, y no para conocer Egipto… Zanzíbar, fuiste un sueño de atardeceres con tus barcos de vela blanca que tanto me recordaban a la película de Moana. Tanto azul me tenía enamorada. Sobrevivir con un pareo, la misma camiseta y un bikini durante cuatro días fue el pistoletazo de salida para unas vacaciones en las que simplemente existimos y nos rebozamos bajo el sol. El mismo día que llegamos del viaje me fui a entrenar, una lo echaba de menos. Ese “Estás morena, te sienta bien” que me subió un poquito el ego, seguir tostándome bajo el sol pero en mi playa y aquél épico día de paellas mano a mano con la de siempre. Uf, vaya risas nos echamos. El día que una clienta me regaló el ramo de flores porque le dio la gana y casi me pongo a llorar, y la tarde con mis Ciao Amore.


Agosto y aquel atardecer en el que sin que yo lo llamase, un perro vino directamente hacia mí mientras grababa un vídeo. Jaias del puerto y la noche de fiesta por Bilbao con los de la uni. Aprovechar todos los atardeceres del verano que quedaban para curar el alma. Silver debutando como diabético y el mal rato que pasé hasta que tuve noticias del veterinario.


En el mes de septiembre disfruté del último concierto de Esne Beltza que veré jamás al aire libre. La luna roja y las miles de fotos que le saqué, con su consecuente torticolis al día siguiente que me tuvo tiesa durante un par de días. La noche antes de un turno de mañana, me senté delante del ordenador y escribí “un capítulo” de algo en base a una canción con la que me obsesioné.


En octubre los astros se alinearon y todos los de la uni pudimos quedar para comer y darle los regalos a Elena para su futuro bebé, al que todavía no le habían puesto nombre y siempre seguirá siendo Junior. Los 11 años de Silver y el cumple de mi primo Diego. El nacimiento del hijo de Elena y por fin saber que se llamaba Aimar. Andrea regalándome los primeros tres libros de Harry Potter en ediciones especiales, casi me infarto.


Noviembre con la quedada QTP, siendo sorpresa para Nagore y los preparativos para el último concierto de Esne Beltza de su carrera. Volveremos a ser las adolescentes que fuimos, con camiseta renovada. El nacimiento de Hugo, el hijo de mi prima Alba. Ir a ver Wicked al cine con ama y llorar, para variar. El día de entrenamiento en el que fui primera de la tabla en todas las rondas, ese challenge 266 que me encantaba.


El último mes del año con unas vacaciones en las que me quedaba en casa. El cumple por los 30 Nata con una escape Room en al que salimos por los pelos, y el vigésimo aniversario del fallecimiento de Isaac. Comida en Vitoria con los de la uni y Olatz, que acabó con un Escape Room hecho en menos de 20 minutos y ver la casa de Carlton. El concierto de Rozalén en el que lloré, canté y el momento de bailar con ama. Simplemente, mejor que una sesión de terapia. Despedir el año en la playa de mis amores con un atardecer precioso. La vuelta a casa y tirar los farolillos con los vecinos.


En general creo que ha sido un año bueno aunque ha habido momentos en que la ansiedad ha apretado por mucho que intentase tomarme las cosas con risa. La salud este año ha estado bailando un poco, y el herpes de mi ojo se ha reactivado para en una semana de tratamiento ponerse bien. He vuelto a entrenar y esa rutina me hace muy feliz, hasta el punto que en julio cuando estaba de vacaciones mi cuerpo me pedía hacer ejercicio. He leído un total de 55 libros, una cantidad que no había alcanzado nunca antes en mi vida. Estoy muy contenta por ese logro que ni siquiera me había impuesto, y espero que este año me traiga nuevas lecturas con las que disfrutar y evadirme de la realidad. Cada vez publico menos cosas en las redes, pero tampoco tengo la sensación de estar viviendo la vida al máximo. A veces la angustia de no saber qué estoy haciendo, qué propósitos de vida tengo e incluso la idea de la muerte (dios, que tétrica me estoy poniendo) me atacan durante la noche cuando voy a dormir y no me dejan descansar. Espero que esto cambie en este 2025 -no haré la rima- por mi propia salud mental. Quizá debería volver a terapia, creo que hay mucha mierda todavía en el cajón que tengo medio cerrado y que debería limpiar para seguir adelante.


Probablemente me deje alguna que otra cosa en el tintero, porque como se suele decir: si no hay foto, no ha pasado. A mí me ocurre que si no tengo documento de lo vivido se me olvida, y me da mucha pena. Tengo la sensación de que este año ha pasado volando y que yo he pasado de puntillas. Quizá sea una simple percepción, pero acabo de leer la entrada del año pasado y me parece que viví cuatro vidas diferentes en comparación a lo que he vivido en este 2024. Me lo tomaré como que haya sido un año de descanso después del trajín del año anterior, y para coger fuerzas para este nuevo año que ya está siendo acompañado por la música de concierto de Año nuevo a pesar que esté en el trabajo. 


Me quedo con todos los atardeceres que he visto, con los viajes que he hecho y con las nuevas incorporaciones a la vida que ha habido a mi alrededor. Me quedo con la gente a la que quiero y me quiere, con los ratitos que podemos juntarnos porque la vida adulta es lo que tiene: no nos juntamos tanto como quisiéramos. Me quedo con mis gatos, que últimamente les ha dado por dormir conmigo y por la compañía que siempre me hacen. Me quedo con la familia, que a pesar de lo que pase, siempre está ahí para que nos apoyemos en lo que haga falta. Me quedo con las risas, y con los llantos. De eso trata la vida: de las subidas, las bajadas, pero en definitiva, del camino y de quien te acompaña.


Querido 2025. Has empezado con buenos deseos en vídeo llamadas y mensajes, a los que han seguido las risas nada más llegar al vecindario cuando he gritado mi tradicional “¡Feliz año, Sope!”, ese grito que los vecinos echaron de menos y al final he terminando echando farolillos al cielo con ellos. Hoy me ha tocado levantar el país después de solo tres horas de sueño, pero la recompensa será la comida con mi familia. 


Como cada año, no hago propósitos del año exactos. Simplemente lanzo deseos igual que los farolillos de anoche. Ojalá poder pisar el tercer continente distinto en tres años. Ojalá encontrar libros que me atrapen tanto que se me pasen las horas volando. Ojalá seguir divirtiéndome tanto mientras pego al saco y me río con los entrenadores y, obviamente, seguir quejándome con los funcionales que luego me dejan unas agujetas interesantes. Ojalá seguir riendo tanto con los de mi alrededor y seguir emocionándome tanto cuando escucho música. Ojalá siga adelante con la idea de escribir una historia entorno a esa canción que descubrí en verano; tengo dos personajes secundarios pero no me vienen a la mente los nombres de los protagonistas, por lo que tengo bloqueo escritor (?). No llegará a nada esa historia/novela, pero será algo escrito por mí y por pura diversión. Ojalá aprenda cosas nuevas que me puedan aportar algo a la vida, ya sea ocioso o para la vida laboral. Ojalá me enamore, que creo que merezco un poco de ese amor romántico que tanto leo. Ojalá no me falte nadie. Ojalá siga aprendiendo a quererme, a escucharme, a entenderme y mimarme. Ojalá todo siga así de bien. Ojalá que todos estos “ojalá” se cumplan. Quiero que se cumplan.


Querido 2025, bienvenido a la vida. Ojalá que el 31 de diciembre tenga muchas cosas buenas que escribir sobre ti.