miércoles, 24 de octubre de 2012

Feeling Good

No sé como empezar esta entrada, pero sí (al menos, eso creo) como terminarla. Supongo que os voy a contar mi día, mi tarde y mi recién estrenada noche.
No esperaba mucho del día de hoy, como siempre vamos. He abierto el ojo por primera vez para cagarme en la puta alarma a las 10, como todo los días. Pero, como he cogido por costumbre últimamente, no he salido de la cama hasta dos horas después, para terminar haciéndolo todo a todo correr. Qué queréis que os diga, vivo al límite. Me ha dado por poner la música en el móvil, pero esta vez no he empezado con mi canción "Pasodoble". Esta vez la primera canción que he escuchado (a parte de la de mi despertador), ha sido la que ha puesto una amiga mía en el grupo más usado de mi Whatsapp. Hoy, mi día ha comenzado con una nueva banda sonora titulada "Buen día" de Los planetas. No la había oído nunca, pero ahí estaba yo escuchando esa nueva melodía. Como siempre, la menda lerenda se tenía que hacer la comida. Porque, pensándolo bien, ¿para qué desayunar a las 12 sabiendo que no vas a tener tiempo de comer después? Pues eso, que me he rebelado. Por mucho que mi madre me dijera: "¡Cómete las lentejas!", he cogido la sartén y me he preparado ese plato tan típico: Huevos revueltos con salchichas. Pero todo iba mal, demasiado aceite. Lo peor es que ya no podía hacer nada más que apechugar con la primera cagada del día. Plato a medio comer, porque me estaba sentando fatal, y esto es así. 
Hacer la comida no era mi única obligación para esta mañana. Tenía que plancharme la camiseta que me iba a poner. Y, como ya os he dicho, todo a contrareloj. Encima la muy asquerosa no quería dejar de estar arrugada, no sé si sería para burlarse de mi o qué demonios. Y eso no era lo único que había que planchar. Esta mata de pelo que llevo en la cabeza también se rebela contra mí, pero a esta la tengo algo más controlada. Viendo la hora que es, y por pura vagancia, le pido a mi madre el favor que me hará el día más llevadero: que me bajara al metro, que si no lo perdía (cierto como que estamos a día 23 de Octubre). Y como es genial esta mujer, ahí me ha bajado. Lo peor ha sido cuando he tenido que tirar la basura y he visto como se iba el metro. Pero, no pasa nada. Las mujeres de la casa están muy locas y deciden ir a Bidezabal (siempre es el plan B o, en este caso, la estación B). Ni Fernando Alonso hubiese alcanzado las velocidades que cogía mi madre, ni siquiera podía haber cogido la rotonda con tanta facilidad. Lo mejor ha sido cuando yendo por la carretera hacia Getxo hemos visto pasar el metro. Y yo no dejaba de repetir la misma frase: "¡VOY A PERDER EL PUTO METRO!". Nunca va nadie hacia Getxo, la gente que viva por aquí lo puede confirmar. Pues hoy, no sé por qué, le ha dado a todo el mundo por ir por esa carretera. La cuesta de Bide parecía interminable y los coches eran más lentos de lo normal. A la altura de la boca del metro ves como el metro ya está abajo y te cagas en todo ser viviente que te ha entorpecido el paso para llegar a tu destino. Pero sobre todo, te cagas en el puto Murphy y su jodida ley. Y, como último recurso y desesperación, le dices a tu madre que te lleve a Romo. Total, el metro no llegará antes que tú. Graciosa mi madre mientras conducía y veía como hacía cálculos con el dedo indice, para terminar diciéndote: "Te voy a llevar a Astrabu. Porque lo que tardo en meterme a Romo para dejarte en el metro, llego allí de sobra". Tres minutos exactos ha tardado desde la rotonda de Bide hasta la entrada de Astrabudua. Llegas exasperada, partiéndote el culo porque ya no sabes que más hacer y rezando para que el metro no haya pasado sin montarte en él. Dos minutos quedaban para que llegase cuando he puesto un pie en ese andén que conozco tan bien. Un poco de paz hasta llegar a San Mamés como todos los días, y ahí empieza el cardio. Todas las escaleras a pata, sino no llego al bus. 
Pillas el billete, te diriges a donde el conductor y le saludas con la más amplia de las sonrisas y un "Hola" encantador. No les ves, pero sabes que están en el final, en los asientos de siempre. Y antes de decir "Hola", uno de ellos le dice al otro: "Venga tío, díselo". A lo que el segundo responde: "Mañana 5€ FEVER". Y, por mucho que digas que no, sabes que vas a caer. Viaje entretenido, libro y música. Esa mezcla que tanto te gusta y tanto echabas de menos. Pasa una hora y ya estás en la universidad y esperas, por el bien de tus colegas, que todos vayan a Filo contigo (ya que había hecho el esfuerzo de ir SOLO para esa clase y, más todavía después de toda la odisea de la mañana). Pero para que engañarnos, solo he durado una hora de dos en esa clase. Huyes despavorida en el descanso con dos de tus amigos, bajáis a la biblioteca, pero termináis en la calle. Mi colega y su amiga María, que son inseparables. Se acaba la clase y baja el resto de grupo que te falta para tomarte ese batido que ya estaba pactado. Y como alma que lleva el diablo, vais a "Ferretti". ¡Bendito Ferretti! La cosa va de gordura: ayer empacho de tortitas con sirope y hoy batido de chocolate y kinder.
Varios recuerdos y risas después, cada cual sigue su camino: unos van a la biblioteca, otra vuelve a casa, la restante tiene que trabajar y los dos empanados de la vida tienen que llegar al bus. Debo decir que AMO ir a la estación solo por no tener que pegarme con la gente para poder entrar y conseguir mi sitio. Es algo casi orgásmico, y no hay más. Pillas el WiFi del bus (estos patateros, que son la ostia) y conectas el WA, que para algo tienes a gente hablándote para la fiesta nocturna de mañana. Porque, como bien he dicho antes, he caído en tentación. Ves que algunas fotos cambian, incluso la de esa persona. Y aunque en el momento te ha dado ese "no sé qué" que siempre te da, te das cuenta de que tampoco te había importado tanto como esperabas. Es un paso, ¿no? El bus arranca y yo sigo con mi lectura, sin luz, pero la sigo. Sin comerlo ni beberlo, llegas a Bilbo y tienes que pillar el metro de vuelta a casa. 
Llegas a Larra, con la música al máximo volumen, y no sabes por qué exactamente vas tan feliz y tan contenta. Si es por la cantidad de azúcar acumulado en estos dos días, si porque dos de tus amigos te han dicho "Qué guapa estás hoy" y te han subido el ánimo. Si es porque mañana vas a salir de fiesta, el primer Miernes de tu vida universitaria; porque has sentido o has dejado de sentir eso en ese preciso momento, o porque por fin tienes cascos nuevos y escuchas la música como SIEMPRE deberías oírla. No lo sé. Lo único que sé es que he llegado a casa, no había nadie y he seguido con mi concierto particular. He puesto el portátil y me he puesto a escuchar música. Me ha dado la vena y me he puesto "We are never ever getting back together", y no ha parado de reproducirse una y otra y otra vez. He decidido cambiar de canción (ya que ésta estaba puesta mientras buscaba otra), y no podía ser otra que "Paris (Oh la la)". Tiene un no sé qué que me pone no sé como. Y me encanta. Me motivo yo sola, y es genial. Lo mejor ha sido cuando el aleatorio del reproductor me ha ido poniendo "Hall of Fame" y después "Starship". Dios... Tendríais que haberme visto. Bailando sentada, con los cascos puestos en el portátil y cantando en mi interior como si fuera un concierto. Mi madre alucinaba. La siguiente canción ha sido "Feeling Good", la cual me recuerda a mi grupo favorito. De motivada en motivada, y tiro porque me tocaba. Llega ese himno que tanto me ha marcado, "Stronger". Cambiando un poco de ámbito, ha sonado "Pégate más", y yo seguía con mis bailoteos sentados, aunque esta vez no he podido evitar el cantar. Antes de cenar, la última canción que ha sonado ha sido "Stop & erase", que es otra canción que también me encanta por lo que significa para mi. 
Así que como veis, llevo una motivación en el cuerpo que no puedo con ella. No tenéis ni idea de lo buena que es esta sensación. Que vuelvo a sentirme invencible, que vuelvo a sentirme YO MISMA. Que me siento fuerte, y hacía tiempo que no me sentía así. Igual es solo por hoy, igual después viene la gran ostia. Esa a la que tanto temo, aunque estoy acostumbrada, tanto que estoy por adoptarla en la familia. Puede que mi tiempo de reflexión haya terminado, que sea la hora de sentirme viva, dejando lo malo de lado. Porque, como dice la canción: "It's a new dawn, it's a new day, it's a new life for me. And I'm feeling good."

domingo, 21 de octubre de 2012

Standby (Extremoduro)

"Me da vértigo el punto muerto y la marcha atrás, vivir en los atascos, los frenos automáticos y el olor a gasoil. Me angustia el cruce de miradas, la doble dirección de las palabras y el obsceno guiñar de los semáforos. Me arruinan las prisas y las faltas de estilo, el paso obligatorio, las tardes de domingo y hasta la línea recta. Me enervan los que no tienen dudas y aquellos que se aferran a sus ideales sobre los de cualquiera. Me cansa tanto tráfico y tanto sinsentido, parado frente al mar mientras que el mundo gira."

Y me siento tan identificada que hasta me asusto. No, en verdad, me alegra ver que no soy la única que  se siente así. Me gusta ver que no hace falta que lo escriba yo. Alguien que no sabe ni que existo, sabe expresar como me siento algunas veces. Y me gusta. 

domingo, 14 de octubre de 2012

Domingo

Hoy es domingo, último día de la semana y también de este gran acueducto que, sinceramente, se me ha hecho cortísimo. 
Hoy me he despertado con el ruido que hacía mi ama en la casa, ya fuera limpiando o haciendo la maleta. Pero lo que más me ha llamado la atención es que llovía, y mucho. Estando en la cama me he imaginado que fuera, al otro lado de la ventana, hacía un día gris. De esos en los que lo único que te apetece hacer es estar tirada en el sofá, con una manta y unas palomitas en la mesa viendo una película cualquiera. Pero eso no es todo. También quieres a esa persona a tu lado, que te abrace bajo la manta y te de calor, ese que nadie ni nada más puede dártelo. Sentir su respiración tranquila y sus latidos al mismo ritmo que el tuyo. Lento y relajado. Tum tum, tum tum. Y, derrepente, notas como te pasa el brazo por los hombros y te achucha en momentos ocasionales haciéndote sentir querida. Y como no, sacándote una sonrisa estúpida. 
Hoy es uno de esos días grises en los que te encantaría volver a sentir aquello que sentías, uno de esos días en los que a pesar de lo que digas, te encantaría tener a una persona especial a tu lado. Simplemente para estar ahí, abrazándote y haciéndote feliz. A veces, la compañía del chocolate no es suficiente.

martes, 2 de octubre de 2012

Mal

Hoy es uno de esos días. Uno de esos días en los que a pesar de que haya salido el sol y brille más que los días anteriores, lo ves todo negro. Es uno de esos días en los que taparte con la manta para no salir de la cama es el mejor plan del día. El día en que en vez de tener un pie derecho y otro izquierdo, los dos son de este último. Hoy es un día de esos en los que pierdes tu lucha diaria y no estás a gusto contigo misma, no con el resto del mundo.
Sí, por si no había quedado claro, hoy es uno de esos días. Hoy es ese día del mes en el que sé quien está y quien no volverá jamás. Y ya llevo así siete meses, y ojalá no los hubiera pasado. Si ya era una razón de peso el simple hecho de echar en falta a ese ser vivo que ya no está, la idea de que mi amiga Inés vaya a hacerme una visita me ayuda en absoluto. Y por si fuera poco, el reciente fallecimiento de un familiar de una de mis amigas acaba por rematar la faena.
Siempre he dicho que los días con el número nueve me daban mala suerte: pasaba algo malo, me hacían daño o no paraba de llorar. Hoy me he dado cuenta que desde hace siete meses los días con el número dos empiezan a ocupar ese lugar, solo falta que el día doce también pase algo malo para completar el pack.
Y así voy, mes sí y mes también recolectando malas noticias, derramando lágrimas que no deberían ni existir. Coleccionando falsas sonrisas, esas que te pegas con celo a la boca, que así duele menos la mentira.
Lo peor de todo es que mi rutina nunca cambia, y cuando intento cambiar el sino, hay algo que hace que no pueda cambiar de carril y siga en esta recta sin sentido hacia el fatídico final.
Hoy es uno de esos días en los que cogería la bici y me iría a ese lugar, para respirar aire puro y ver ese atardecer que, aunque sea un poco, me cambia el humor y me calma. Hoy es uno de esos días en los que me siento mal.