Al igual que el año pasado, este también me toca hacer un balance.
He releído el balance del año pasado, y no he podido evitar hundirme un poco. ¿Por qué? Oh, os haré un resumen de este 2012.
Todo empezó como todos los años, una noche de 31 de diciembre, aunque era más 1 de enero. Noche vieja, y por primera vez, la terminé llorando. Como veréis, el año no empezó para nada con buen pie. Seguimos con los días y tuve un buen regalo de reyes, pero varios días después lo pasaría muy mal. Al menos, tuve a mi lado a esa persona que hizo que no perdiera del todo la cordura que me sujeta a este mundo. Febrero llegó sin mucho cambio, aunque una sombra oscura se cernía sobre mi vida sin que me diera cuenta. Marzo llegó, sobre todo el día 2. Llegué a casa casi a las 11 de la noche, y mi vida se derrumbó de una manera acojonante. La peor de las noticias que mi madre me podía haber dado: mi perro había dejado este mundo. Creo que nunca he llorado como lo hice aquella noche hasta que mi mano derecha llego a casa, como un príncipe sobre su corcel blanco acudiendo a la ayuda que pedía su princesa. Pero siguiendo con las cosas malas, ese príncipe decidió irse a cabalgar por ahí y conquistar nuevos territorios.
Por si fuera poco, durante estos primeros meses la que ha sido sin duda mi mejor amiga estaba cabreadísima conmigo, y a parte de esto, las dos amigas con las que solía quedar también empezaron a enfadarse conmigo. La culpa era mía, me estaba cerrando demasiado en mi misma y buscaba la salida en otras partes, dejando de lado a quien siempre estuvo conmigo. Entenderme, no eran buenos tiempos para mi. La oscuridad y sus sombras me perseguían y yo no podía luchar contra ellas, había dejado de ser fuerte por primera vez en mucho tiempo.
¿Algo positivo del comienzo del año? Que a pesar de todo, conseguí aprobar el primer curso de universidad y empezaba el verano que tanto ansiaba. A pesar de todos los planes que había hecho para este verano, casi no he cumplido ninguno. Lo único cierto y que cumplí con creces, fue ese viaje de vuelta a casa con algunos de la uni. Mi vuelta a mi querida Roma. Y al volver decidí que no me iba a joder nada ni nadie, que iba a reír. Me había cansado de darme de ostias contra el suelo.
El verano se acabó y empezó el nuevo curso. Sí, ese que cogí con tantas ganas pero que... Bueno, resultó de lo más raro e incomodo hasta que decidimos que el asunto no podía seguir así. Aunque parecía casi imposible, entre los de la uni habían "malos rollos", o al menos, situaciones muy incomodas. Supongo que la raíz del problema fuimos yo y mis paranoias mentales. Espero cambiarlas poco a poco, pero tampoco puedo prometeros nada. Soy impredecible en estos asuntos, y me estoy dando cuenta ahora.
Siguió el año, con sus lloros los día 2 de cada mes, con sus lloros cuando me daba por pensar demasiado, con sus risas con gente que no pensé que sería tan importante para mi como lo son ahora, con sus intentos de borrachera cada vez que me han obligado salir. Con sus casi ostias con todo el andén del metro aquél día de FEVER y con sus bailes la segunda vez. Con las partidas de futbolín en la Triangu, con las tardes de gorduras con mis chicas, con esas conversaciones que no llevan a nada en los grupos del Whats app. Con el amigo invisible y el regalo de Navidad. Por los logros que cuestan, pero que poco a poco voy cumpliendo. Con la fuerza que poco a poco voy recuperando, y la madurez que he adquirido sin darme cuenta para sumársela a la que ya tenía de antemano.
Echando la vista atrás y mirando el año así a grosso modo, diría que el año 2012 ha sido una autentica puta mierda. Sólo veo sufrimiento y lágrimas descarriadas casi todas las noches. Pero, como intento ser algo positiva (aunque sea una ardua tarea), voy a ver las cosas positivas:
El curso aprobado, todas las fiestas a las que he ido, las míticas y esas a las que nunca había ido antes. Las risas en cada una de estas, así como las charlas que mantenía con cierta persona (aunque siempre terminaba llorando). Aquella tarde de Txomin Barullo con mis neskis, que espero que se repita año sí y año también. Las lecciones que me ha dado la vida, aunque han sido muy duras, pero me han hecho ver la realidad. Ese viaje a Roma, en el que lloré pero sobre todo reí. El nacimiento de mi prima Irene, a la cual todavía no he tenido ocasión de conocer en persona. El gran anuncio de una próxima boda, que no veo la hora de que llegue. Esa celebración de divorcio que se hizo en jaias de Larra, que por mucho que me alegrase la boda, sé que ella está mejor ahora, y es lo que importa. El reencuentro con viejos amigos, esos de la infancia que más que compañeros de clase han sido tu familia. Mi logro perpetuo, que ahí sigue pero poco le falta para llegar a su fin. Ese animalito que adoptamos para Imanol y que a pesar de ser un hijo puta, también es adorable. La estrecha relación que estoy adoptando poco a poco con personas con las que apenas hablaba. Ese musical que tanto me hizo disfrutar y llorar. Y, como no, mi música y mi piano. Esa siempre me acompaña, y solo porque ella sigue conmigo, vale la pena haber pasado este año.
Dentro de siete horas, más o menos, empieza el nuevo año: 2013. Los supersticiosos estarán que se muerden las uñas, por eso de que da mala suerte, sobre todo si cae en martes. No considero que esté metida en este grupo de supersticiosos, pero siempre hay que tener precaución. Pero, pensando, me he acordado que el número 13 era el favorito de mi bisabuelo Pepe, al cual no conocí porque se fue de este mundo 364 días antes de que yo naciera. Mi ama siempre me ha dicho que, si no hubiera muerto, nos hubiéramos llevado bien. Es un plus, ¿no? Aparte, también es el número favorito de ella... Así que, ¿quién me dice a mi que este número no puede terminar por gustarme?
Sinceramente, no quiero esperar nada de este nuevo año que va a comenzar. No quiero hacerme falsas ilusiones ni ideas preconcebidas de lo que no será. Pero,me conozco un poco y sé que esto no va a pasar. Que seguiré siendo la misma idiota, ilusa y chica que siempre, por muy difícil que sea, mantiene la esperanza. Pero creo que este año seré menos tonta, a la vez que más avispada. Puede que me equivoque, pero es lo que de verdad deseo.
Así pues, me despido de este año con el poco cariño que puedo tenerle, un "sayonara, baby" creo que es suficiente. Cogeré este año con toda la alegría que la sidra, el kalimotxo, lambrus y los varios chupitos me van a brindar en una noche en la que espero destrozarme los pies de tanto bailar. Una noche que espero me deje agujetas de tanto reír, pero sobre todo, una noche en la que espero no destrozar el vestido. Sin mucho más que decir, porque me he explayado más de lo que pensaba...
Hasta más ver, 2012.
Un lugar donde escribir todo lo que siento en cada momento. Desahogarme cada vez que lo necesite. Un sitio donde poder escribir lo que quiera sin temor a que nadie lo lea y lo utilice en mi contra. Mi trocito de cielo.
lunes, 31 de diciembre de 2012
viernes, 21 de diciembre de 2012
Por si no hay mañana
No sé cuando, los Mayas decidieron aburrirse de escribir el calendario. No sé cuando y, sobre todo, a quién se le ocurrió decir que el mundo terminaría en ese día (veáse 21 de diciembre de 2012).
Pues bien, estamos a día 20 de diciembre de ese mismo año, y son las 23:44. Me queda menos de un cuarto de hora, supuestamente, de vida. Así que, aquí estoy yo escribiendo.
Escribo esta entrada para "despedirme". Me despido de todos vosotros, los que vivís cerca de mi. Esas personas a las que veo diariamente, que comparten conmigo horas interminables de asignaturas infumables. También están esos que están cerca, pero sólo les ves cuando quedáis para tomaros algo en cualquier parte. Luego está la familia, esa que ves de vez en cuando, en las visitas o en las comidas familiares, así como en el pueblo. Luego están los amigos, benditos amigos. No les ves mucho porque los horarios, los exámenes y la propia universidad os aleja. Pero oye, que cuando os juntáis, lo hacéis y bien. Pero, a pesar de todo, también hay personas que no están a diario en tu vida, aunque tú si te acuerdes de ellos. Y como no acordarme de esas personas que ya no están porque pasaron a mejor vida (o al menos, a un estado de paz inimaginable para los vivos).
Así que, aquí estoy. Escribiendo esto mientras me acuerdo de todos y cada uno de vosotros, estéis o no en mi día a día; así como en todo lo que he vivido con vosotros en estos 20 años de mi corta o larga vida, según como se mire.
Gracias a todos, por los buenos o los malos momentos, porque han condicionado mi forma de ser. A esas personas que han reído conmigo, me han regalado su más sincera sonrisa y a las que me han limpiado las lágrimas. A esas que me han dado ánimos cuando más lo necesitaba y a esas personas que me han hundido sin querer (o queriendo). Gracias a las personas que me han dado todo su amor, en la distancia y la cercanía. A esas personas que me han llamado para contarme que se han liado con el chico o chica que le gusta, para contarme que les han roto el corazón o que están más borrachos que nadie. Gracias a esas personas que me han abrazado al saludarme y al despedirse de mi. A esas personas que me han invitado a chupitos de fiesta sin siquiera conocerme, a los que me han obligado a salir de fiesta y a los que me han organizado la mejor fiesta sorpresa por mi cumpleaños. Gracias a las personas que han hecho de un final de año algo maravilloso, con su comienzo incluido, aunque no ha sido este año precisamente. A esas personas que cuentan conmigo y yo cuento con ellas, así como las personas que contaban conmigo como yo lo hacía con ellas, y me encantaría que siguiera siendo así aunque no lo es.
Gracias. Gracias a todo el mundo que se ha cruzado en mi camino, para bien o para mal. Gracias por hacerme reír y romperme el corazón de una manera u otra. Gracias a todos por quererme por como soy, con mis rarezas y mis venas psicóticas de bipolaridad. Gracias por dejarme compartir vuestras vidas conmigo. Gracias por ser como sois, y por hacerme ser como soy.
A todos vosotros, GRACIAS por hacerme sentir viva. Sólo una cosa más. A pesar de lo bueno, lo malo, lo mejor y lo peor...
Os quiero.
Pues bien, estamos a día 20 de diciembre de ese mismo año, y son las 23:44. Me queda menos de un cuarto de hora, supuestamente, de vida. Así que, aquí estoy yo escribiendo.
Escribo esta entrada para "despedirme". Me despido de todos vosotros, los que vivís cerca de mi. Esas personas a las que veo diariamente, que comparten conmigo horas interminables de asignaturas infumables. También están esos que están cerca, pero sólo les ves cuando quedáis para tomaros algo en cualquier parte. Luego está la familia, esa que ves de vez en cuando, en las visitas o en las comidas familiares, así como en el pueblo. Luego están los amigos, benditos amigos. No les ves mucho porque los horarios, los exámenes y la propia universidad os aleja. Pero oye, que cuando os juntáis, lo hacéis y bien. Pero, a pesar de todo, también hay personas que no están a diario en tu vida, aunque tú si te acuerdes de ellos. Y como no acordarme de esas personas que ya no están porque pasaron a mejor vida (o al menos, a un estado de paz inimaginable para los vivos).
Así que, aquí estoy. Escribiendo esto mientras me acuerdo de todos y cada uno de vosotros, estéis o no en mi día a día; así como en todo lo que he vivido con vosotros en estos 20 años de mi corta o larga vida, según como se mire.
Gracias a todos, por los buenos o los malos momentos, porque han condicionado mi forma de ser. A esas personas que han reído conmigo, me han regalado su más sincera sonrisa y a las que me han limpiado las lágrimas. A esas que me han dado ánimos cuando más lo necesitaba y a esas personas que me han hundido sin querer (o queriendo). Gracias a las personas que me han dado todo su amor, en la distancia y la cercanía. A esas personas que me han llamado para contarme que se han liado con el chico o chica que le gusta, para contarme que les han roto el corazón o que están más borrachos que nadie. Gracias a esas personas que me han abrazado al saludarme y al despedirse de mi. A esas personas que me han invitado a chupitos de fiesta sin siquiera conocerme, a los que me han obligado a salir de fiesta y a los que me han organizado la mejor fiesta sorpresa por mi cumpleaños. Gracias a las personas que han hecho de un final de año algo maravilloso, con su comienzo incluido, aunque no ha sido este año precisamente. A esas personas que cuentan conmigo y yo cuento con ellas, así como las personas que contaban conmigo como yo lo hacía con ellas, y me encantaría que siguiera siendo así aunque no lo es.
Gracias. Gracias a todo el mundo que se ha cruzado en mi camino, para bien o para mal. Gracias por hacerme reír y romperme el corazón de una manera u otra. Gracias a todos por quererme por como soy, con mis rarezas y mis venas psicóticas de bipolaridad. Gracias por dejarme compartir vuestras vidas conmigo. Gracias por ser como sois, y por hacerme ser como soy.
A todos vosotros, GRACIAS por hacerme sentir viva. Sólo una cosa más. A pesar de lo bueno, lo malo, lo mejor y lo peor...
Os quiero.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Infinito amor de hermana mayor
"Hola fea. Sé que seguramente no sabrás a santo de qué te estoy escribiendo esto, bueno, pues resulta que hace muchísimo que nos hablamos, un año y pico y creo que nunca te he dado las gracias por todo como te mereces y creo que antes de que se acabe el año debería hacerlo. El día de tu cumple te puse un comentario bastante largo,pero eso no es suficiente. Eres mi hermana mayor, no es que diga " eres COMO mi hermana mayor ", es que lo eres, yo creo que una cosa como el adn no puede definir lo que es una persona para ti. Creo que ni con un millón de textos como este podría darte las gracias por todo, por estar ahí siempre , por decirme las cosas tal y como son aunque no me gustase oírlas, y por hacerme ver todo claro hasta cuando ni yo misma era capaz de levantar cabeza.Gracias por haberme ayudado aquel día que tenía que pedirle perdón a Koldo y no sabía ni cómo empezar y tu me mandaste ese mensaje con lo que dijo la abuela sauce; Abre tu corazón y lo entenderás. Gracias por sacarme una sonrisa con frases estúpidas o que solo tu y yo entendemos, y sobretodo gracias por ese mp el día de mi cumple que me hizo hasta llorar. Que ese día sabías que necesitaba tenerte ahí más que ningún otro y tu estuviste ahí, como siempre. En el mo que me mandaste me pusiste que te hacía ilusión que contase contigo para tomar decisiones y que te gustaba que te hablase aunque sea para contarte chorradas que me han pasado a lo largo del día, pues ten claro que eso siempre va a ser así. Que siempre que necesites hablar con alguien y no sepas con quien yo voy a estar presente, para darte un abrazo o para decirte lo que necesites o tengas que oír, aunque la noticia no te guste. Que siempre va a estar disponible mi teléfono por si tienes que llamarme a cualquier hora del día, o por si simplemente necesitabas hablar. Te diría tantas cosas más...pero no sé ni por donde seguir, son tantas cosas por las que has conseguido mejorar aunque sea un poquito mi año...que no, no ha ido el mejor de todos los años, pero podría haber sido mucho peor si no hubiese tenido a mi tita ahi para ayudarme cuando lo necesitaba. Que eres genial, y que no se te olvide nunca. Que ningún imbécil con mensajes inesperados a media noche consiga que te comas la cabeza por su culpa, no se lo merece. Y que te quede claro que si alguien te jode el día tu sobri va a estar ahí para darle un sillazo o una patada con las marteens a quién haga falta.Si, tienes 20 años, y yo 16, pero quién lo diría...somos iguales, bueno, sé lo que estas pensando, yo soy igual que tu, pero eso da igual, porque al fin y al cabo la conclusión es la misma. Creo que en mi vida había encontrado a otra persona que se pareciera tanto a mi en tantos aspectos, por eso me quedé tan impresionada cuando te conocí aquel día en Larra, y cuando empezamos a hablar. Entonces fue cuando empecé a entender por qué me llamaba mini Deb.
Creo que ya no puedo resumir más todo lo que te quería decir, el resto son recuerdos de momentos contigo o de conversaciones, ya que pocas veces nos vemos en persona, pero creo que en este texto ya queda claro lo que te quería decir, y pues eso tita, que te quiero mucho."
Yo que me meto a Tuenti porque sí y me encuentro con que mi "sobri" me ha mandado este pedazo de privado que no ha hecho más que sacarme sonrisas cada vez que leía una frase, y que ha hecho que termine con dolor en la cara de tanto sonreír y los ojos llorosos. La edad no importa en cuanto amor ni en cuanto a la amistad. Porque una buena amiga, una de esas que se convierte en tu familia, tu protegida o lo que sea, no importa que tenga 10 años más o 4 años menos. Que te quiero mucho lerda.
martes, 18 de diciembre de 2012
Subconsciente al ataque
10:01. Llevo despierta desde que ha sonado la primera alarma a las 8; y aunque tenía pensado estudiar, he seguido con mi rutina diaria de retrasar la alarma. Las 9, vuelve a sonar y la apago. Entre medias me he ido quedando dormida varias veces y, por raro que parezca, he soñado. Dos veces. Y el segundo sueño completaba el primero.
Mi sueño ha empezado con polvos mágicos, como esos que echaba Campanilla sobre Wendy y sus hermanos para que pudieran echar a volar. De hecho, creo que hasta he volado. Es raro, pero dentro de las rarezas, es lo normal. ¿Quién no ha soñado con volar alguna vez? Lo raro es cuando ha llegado una escena en la que aparecía mi madre, la madre de un amigo mío y estábamos en casa de mi abuela. De repente, mi madre dice algo así como: "Coge el taka-taka de tu abuelo y haz como que te cuesta andar. Él se preocupaba por ti, así que vendrá". Y ahí me pongo a andar a paso tortuga, cuando en el ordenador salta un vídeo sin que nadie le de al play. A lo que la madre del amigo este que os digo dice que no se cree nada, que es su ordenador y que hace cosas así. Es entonces cuando mi madre dice: "Échale 10 segundos para atrás al vídeo". Obedezco y, ¿cuál es la sorpresa?, que aparecen frases en la parte baja de la pantalla, como si alguien estuviera hablando. Era mi amigo, el hijo de la dueña del ordenador. Lleva casi 8 años muerto.
El siguiente sueño ha sido algo parecido, aunque esta vez estaba yo sola. Pero básicamente es lo mismo, solo que con mi móvil y el reproductor de música. Me hablaba (escribía) en la pantalla del móvil, y yo le preguntaba cosas. Una de ellas era si podía ver a Beltz, a lo que respondía que sí. "Creo que sabe que nos conocíamos, cada vez que te nombro o pienso en ti me mira y se pone contento". Es entonces cuando me he vuelto a despertar con una extraña sensación en el cuerpo. Creo que no lo había asimilado en el momento que me he despertado, pero ahora que lo estoy escribiendo las lágrimas asoman, aunque sea por un efímero segundo.
No soy de esas personas que creen en el espiritismo, en la güija, ni en poder hablar con los muertos. Pero cuando las personas, o los animales (me da igual), que querías se te presentan en sueños cuando sabes más que de sobra que llevan mucho tiempo sin estar aquí, me trastoca. Puede que haya soñado con Isaac porque dentro de 6 días hacen ya ocho años que se fue. Lo de Beltz me parece más normal, ya que lo tengo muy presente día a día, y algo menos de tres meses faltan para que cumpla un año de su partida.
No lo sé. Últimamente tengo unos sueños muy raros: de algunos me acuerdo, de otros no, algunos los olvido en el momento y, otros como este, me dejan tocada para todo el día. ¿Algún día mis sueños se dedicarán a hacerme feliz y no recordarme las cosas malas? El subconsciente vuelve al ataque.
Mi sueño ha empezado con polvos mágicos, como esos que echaba Campanilla sobre Wendy y sus hermanos para que pudieran echar a volar. De hecho, creo que hasta he volado. Es raro, pero dentro de las rarezas, es lo normal. ¿Quién no ha soñado con volar alguna vez? Lo raro es cuando ha llegado una escena en la que aparecía mi madre, la madre de un amigo mío y estábamos en casa de mi abuela. De repente, mi madre dice algo así como: "Coge el taka-taka de tu abuelo y haz como que te cuesta andar. Él se preocupaba por ti, así que vendrá". Y ahí me pongo a andar a paso tortuga, cuando en el ordenador salta un vídeo sin que nadie le de al play. A lo que la madre del amigo este que os digo dice que no se cree nada, que es su ordenador y que hace cosas así. Es entonces cuando mi madre dice: "Échale 10 segundos para atrás al vídeo". Obedezco y, ¿cuál es la sorpresa?, que aparecen frases en la parte baja de la pantalla, como si alguien estuviera hablando. Era mi amigo, el hijo de la dueña del ordenador. Lleva casi 8 años muerto.
El siguiente sueño ha sido algo parecido, aunque esta vez estaba yo sola. Pero básicamente es lo mismo, solo que con mi móvil y el reproductor de música. Me hablaba (escribía) en la pantalla del móvil, y yo le preguntaba cosas. Una de ellas era si podía ver a Beltz, a lo que respondía que sí. "Creo que sabe que nos conocíamos, cada vez que te nombro o pienso en ti me mira y se pone contento". Es entonces cuando me he vuelto a despertar con una extraña sensación en el cuerpo. Creo que no lo había asimilado en el momento que me he despertado, pero ahora que lo estoy escribiendo las lágrimas asoman, aunque sea por un efímero segundo.
No soy de esas personas que creen en el espiritismo, en la güija, ni en poder hablar con los muertos. Pero cuando las personas, o los animales (me da igual), que querías se te presentan en sueños cuando sabes más que de sobra que llevan mucho tiempo sin estar aquí, me trastoca. Puede que haya soñado con Isaac porque dentro de 6 días hacen ya ocho años que se fue. Lo de Beltz me parece más normal, ya que lo tengo muy presente día a día, y algo menos de tres meses faltan para que cumpla un año de su partida.
No lo sé. Últimamente tengo unos sueños muy raros: de algunos me acuerdo, de otros no, algunos los olvido en el momento y, otros como este, me dejan tocada para todo el día. ¿Algún día mis sueños se dedicarán a hacerme feliz y no recordarme las cosas malas? El subconsciente vuelve al ataque.
sábado, 15 de diciembre de 2012
La bella y la bestia
Hoy
he ido al musical de “La bella y la bestia”. La película siempre
me ha gustado, y no sé por qué y ni desde cuando, me hace llorar.
Me parece una historia tan perfecta y preciosa... Y la canción de
“Bella y Bestia” es sin dudar la más sincera y verdadera que he
oído. Será porque me siento identificada con Bella en algunos
aspectos. Será porque mi madre dice que físicamente me parezco a
ella. Será porque una amiga de la uni dice que soy la simbiosis
perfecta de ambos personajes. Será porque aprendí la lección que
intentan enseñar hace algo más de un año. Quién sabe. Nunca he
sabido escoger una sola princesa que me gustara, pero creo que Bella
es mi favorita. Así como la película me hace llorar, sabía que
viendo el musical no iba a ser distinto. Y así ha sido.
He
estado esperando el día de hoy con ansia desde que una amiga me
dijo: “Mi madre me ha regalado dos entradas para ir a ver 'La bella
y la bestia' y tú vienes conmigo”. Desde que me enteré de que
venían a Bilbao he fantaseado con ir a verlo y, mirar por donde, mi
deseo se ha cumplido gracias a ella. Hoy no sé porque tenía ganas
de llorar y, viendo como me pongo con LA canción, sabía que la
representación iba a sacar todo lo que tenía dentro.
Subir
hasta el tercer piso, sentarnos en los asientos y esperar. Empieza a
sonar la música y la reacción es inmediata: la piel de gallina y
los ojos llorosos. Al igual que la película, empieza con “Mi
pequeña aldea” y, aunque es una canción animada (en cuanto al
ritmo), me he puesto a llorar. Un poco, todavía no era el punto
álgido del musical, ese en el que sabía que iba a romper a llorar
como una desconsolada. Entre risas, sustos, medios bailes,
canturreando por lo bajo y comentando en momentos puntuales, nos da
el intermedio. Casi dos horas de función que se me ha pasado, como
un suspiro, sin darme cuenta.
Segunda
parte y esa canción en concreto está cada vez más cerca. Y de
repente, Bella le pide a Bestia que cene con ella. Y ahí ya es
cuando el corazón me da un vuelco porque está al caer más que
nunca. Bestia bien vestido y aseado, esperando a Bella. Preguntando
cómo sabe si está haciendo las cosas bien y qué hacer para que
ella se enamore de él. Y, ahí está. Al fondo, sin que la enfoquen,
sube ella. Para variar se me pone la piel de gallina y el corazón se
me acelera todavía más. Es entonces cuando se escucha: “Se oye
una canción que hace suspirar, y habla al corazón de una sensación
grande como el mar”. Y no puedo remediarlo. El labio inferior
empieza a temblar y las lágrimas escapan a una velocidad
exageradamente rápida cayendo por mis mejillas. “No hay mayor
verdad. La belleza está en el interior”. Y sigo llorando como si
la vida me fuera en ello, evitando que se me note, pero el cuerpo me
convulsiona entero. Si el hombre que estaba sentado a mi lado no se
ha enterado es porque estaba demasiado absorto en la propia escena.
Aún cuando ya ha acabado, sigo lloriqueando. La historia sigue, y
poco falta para que llegue el maldito final, ese que no quiero que
llegue. Puñalada en la espalda a la pobre bestia y una Bella
destrozada cuando le abraza y lo apoya en su regazo. Ese grito de “Te
amo” que hace que llores todavía más, aunque sabes perfectamente
lo que sucederá a continuación. Y, como en toda historia Disney que
se precie, los protagonistas viven juntos y felices para siempre.
Todos los personajes secundarios siendo humanos otra vez (como dice
la canción). Entonces sale Chip corriendo a donde su madre para
abrazarla y rompemos a llorar mi amiga y yo. Para terminar, ese gran
momento boda en el que sigues llorando, porque todo es perfecto,
precioso... Tan irreal que duele. Pero sonríes sin dejar de derramar
alguna que otra lágrima y aplaudes como una loca.
Me
ha parecido un musical excepcional. Lo tiene todo: te hace reír, te
hace llorar (si eres alguien tan sensible a la música y a las
historias felices como yo), te hace cantar, bailar, soñar... Te
lleva a tu infancia. Y eso es mucho.
Si
pudiera, reviviría esas dos horas y algo de función en el que he
dejado de pensar en todo. Una y otra vez. De hecho, creo que lo haré
en mi cabeza hasta el punto en el que el recuerdo se ralle como una
vieja cinta de vídeo. Me dejaré llevar hasta ese lugar en el que no
hay nada que me preocupe y solo sea felicidad en estado puro. Así
que, si me disculpáis, voy a seguir soñando.
domingo, 9 de diciembre de 2012
De celebraciones
Hace un tiempo escuché una canción en la radio que no la oía desde hacía tiempo. Esa canción siempre me ha recordado a una persona que ha quedado en el pasado, aunque me acuerde de él algunas veces. Hay una frase de esa canción que es perfecta para el día de hoy, ya que, en el momento que la escuché, me recordó a ti.
Dice algo así como: "Prometo encender en tu día especial una vela, y soplarla por ti. Prometo no olvidarlo nunca". Y esa frase viene a la perfección para el día de hoy (a pesar de que ya sean las 12 y haya acabado el día).
Hoy es el tercer año en el que cumples años desde que te conozco. Pensándolo bien, cada cumpleaños desde que entraste a mi vida ha sido diferente.
El primer cumpleaños fue cuando sólo teníamos una amistad, de risas, mítica de compañeros. Todavía no habíamos empezado a tener esa relación de hermanos o mejores amigos. El segundo cumpleaños fue cuando salíamos juntos, hace un año ya de eso. Nunca miento cuando digo que el tiempo pasa demasiado deprisa. Y, el tercero y último, ese que estarás celebrando por ahí de fiesta, es en el que no hablamos. No mantenemos relación de ningún tipo. Pero como dijiste tú en mi cumpleaños, y como te he dicho yo en la felicitación, después de todo era lo mínimo que podía hacer. Pero como siempre, tengo que escribir. Y hacía mucho que no hablaba sobre ti, aunque la entrada de hoy es bastante directa y cualquiera que lo lea y me conozca sabe para quién es.
Hoy, siento que es el cumpleaños de un desconocido al que conocía bien. Felicidades.
Dice algo así como: "Prometo encender en tu día especial una vela, y soplarla por ti. Prometo no olvidarlo nunca". Y esa frase viene a la perfección para el día de hoy (a pesar de que ya sean las 12 y haya acabado el día).
Hoy es el tercer año en el que cumples años desde que te conozco. Pensándolo bien, cada cumpleaños desde que entraste a mi vida ha sido diferente.
El primer cumpleaños fue cuando sólo teníamos una amistad, de risas, mítica de compañeros. Todavía no habíamos empezado a tener esa relación de hermanos o mejores amigos. El segundo cumpleaños fue cuando salíamos juntos, hace un año ya de eso. Nunca miento cuando digo que el tiempo pasa demasiado deprisa. Y, el tercero y último, ese que estarás celebrando por ahí de fiesta, es en el que no hablamos. No mantenemos relación de ningún tipo. Pero como dijiste tú en mi cumpleaños, y como te he dicho yo en la felicitación, después de todo era lo mínimo que podía hacer. Pero como siempre, tengo que escribir. Y hacía mucho que no hablaba sobre ti, aunque la entrada de hoy es bastante directa y cualquiera que lo lea y me conozca sabe para quién es.
Hoy, siento que es el cumpleaños de un desconocido al que conocía bien. Felicidades.
jueves, 22 de noviembre de 2012
Feliz día de la música
Hoy, 22 de Noviembre, es un día especial para los que son como yo. Hoy es Santa Cecilia, patrona de los músicos. Cada 22 de Noviembre es un día en el que todos los que tocamos un instrumento tenemos una audición, y si no es el mismo día, es pocos días antes o después de dicha fecha.
Yo creo que es bonito que tengamos un día para nosotros, pero los que realmente sentimos la música y vivimos por ella, celebramos el día de los músicos, el día de la música o Santa Cecilia, diariamente.
En un día como hoy sobran las palabras, y la música es la mejor para expresar lo que se siente. En un día como hoy, yo tengo dos canciones que plasman a la perfección lo que siento por la música. Una de ellas se llama "Vivo por ella", que es bastante conocida. La otra se llama "Musica", está en italiano y es preciosa. Las frases que más destacaría de cada una de las canciones son:
"Musica è il mio amore, il primo e l'ultimo. Musica è il futuro ed il passato in me."
Y, la que siempre me pone la piel de gallina, la que cuando canto la canción rompo a llorar...
"Si hubiese otra vida, la vivo por ella también. Ella se llama música."
Yo creo que es bonito que tengamos un día para nosotros, pero los que realmente sentimos la música y vivimos por ella, celebramos el día de los músicos, el día de la música o Santa Cecilia, diariamente.
En un día como hoy sobran las palabras, y la música es la mejor para expresar lo que se siente. En un día como hoy, yo tengo dos canciones que plasman a la perfección lo que siento por la música. Una de ellas se llama "Vivo por ella", que es bastante conocida. La otra se llama "Musica", está en italiano y es preciosa. Las frases que más destacaría de cada una de las canciones son:
"Musica è il mio amore, il primo e l'ultimo. Musica è il futuro ed il passato in me."
Y, la que siempre me pone la piel de gallina, la que cuando canto la canción rompo a llorar...
"Si hubiese otra vida, la vivo por ella también. Ella se llama música."
Cansada
Estoy cansada.
Estoy cansada de correr en esta carrera que es la vida. La gente
corre más rápido que yo y a mi nunca me ha gustado perder. Pero
estoy demasiado cansada, tanto física como mentalmente. Siento que
no puedo seguir con este ritmo desbocado, que prefiero coger una
bicicleta e ir como una loca cuesta abajo en vez de correr cuesta
arriba.
No sé por qué
hoy he roto a llorar de esta manera tan tonta. Hoy es uno de esos
días en los que lloro porque sí, en los que gritar me parece la
única opción. No sé si es por los nervios que voy acumulando y que
nunca saco, o porque cualquier respuesta que me dan en una situación
fuera de lo común me trastoca y me rompe.
He tenido que
salir a la calle. Me ahogaba en mis propias cuatro paredes. No sé si
será por el frío o por qué, algo me he relajado. Pero recordar
ciertas cosas y, sobretodo, esa compañía nocturna, no ayudaba
mucho. He llegado al lugar donde tantas veces he derramado más de
mil lágrimas en mas de mil y una noches. Y hoy no ha sido excepción.
Al final, he terminado llamando a una persona que vive cerca de
donde estaba porque necesitaba un abrazo. Pero no me ha cogido. Así
que, como siempre y teniendo en cuenta que estaba preocupada, he
llamado a mi diario personal. Y ahí el grifo se ha vuelto a abrir,
entre lloros y gritos, me he ido relajando. Al final, y porque la
mano se me estaba quedando helada, he ido subiendo poco a poco a casa
con un único pensamiento en la cabeza.
"Que la estrella
fugaz que he visto me cumpla el deseo, por favor."
sábado, 10 de noviembre de 2012
Hasta que nos volvamos a tropezar
Ayer me pasó
algo que me hizo pensar el título de esta entrada.
Estaba yo en la
biblioteca cuando de repente un chico se tropezó con mi mochila.
Evidentemente, mi primera reacción fue la de ver si estaba bien, y
mi cara reflejaría a la perfección la preocupación que sentía en
ese momento. Lo que más me alucinó fue que él dijo
“Perdón” antes de que yo lo hiciera. Solo pude responder un “No,
no, tranquilo”. Se marchó y yo empecé a reírme con una amiga. La
situación, después de ver que no había pasado nada grave, era muy
cómica. Para que nos vamos a mentir, cualquiera se hubiera reído.
De vuelta a la normalidad, el chico volvió a pasar por mi lado
diciendo con una sonrisa: “Querías matarme, ¿eh?” a la vez que
me daba unos golpecitos en el hombro, a lo que respondí con una
tonta risita diciéndole que no. Me fui a clase pensando que ya nunca
volvería a verle. Cual fue mi sorpresa encontrármelo en la parada
del bus, aunque no se subió.
Aquello me hizo
pensar en toda la gente que conozco. En como las relaciones se
enfrían, en como dejamos de hablar los unos con los otros. Cómo
siempre hay una persona que se acuerda más de otra y, cómo dos
personas no se hablan si una de ellas no lo hace primero. Me hizo
pensar en esas personas que jamás hubieras pensado que ya no
estarían a tu lado, en aquellas con las que hablabas a diario y
decías que jamás las abandonarías. Esas a las que les contabas
todo y eran necesarias en tu día a día. Esas personas con las que
pasabas la mayor parte de tu tiempo y después todo cambió para que no os
vierais nunca.
También me he
acordado de que hay con mucha gente con la que no suelo estar, y que
cuando nos juntamos por una razón u otra, hablamos como si no
hubiera pasado el tiempo y prometemos que tenemos que quedar. Sí,
esa frase que los más adultos repiten más de una vez y nunca lo
terminan por cumplir. Esa frase que se está colando entre nosotros.
Luego hay otras personas, esas que eran importantes a más no poder
para ti, con las que te encuentras muy de vez en cuando. A esos
momentos los llamo yo “encuentros fortuitos”. Esos encuentros que
son tan inesperados que van acompañados por la frase “no me lo
puedo creer”. A veces no son de tu agrado, a veces crees que no lo
son pero en el fondo sí y, otras veces, quisieras que no se
hubieran formulado.
Por eso, he
llegado a la conclusión de que la última vez que nos veamos no será
un “Adiós” y ni siquiera un “Hasta luego”, porque el azar o
el destino puede cambiarlo todo en un momento. A partir de ahora, será
un hasta que nos volvamos a tropezar.
sábado, 3 de noviembre de 2012
Roma, capital de Italia
Para mi no sólo es eso. Para mi es
infinito amor. Es una ciudad que cumple con creces todas mis
expectativas. Es la ciudad que ha cautivado mi corazón. Todo empezó
con los libros de Federico Moccia, siguió con el viaje de 2011 y se
ha clavado aún más en este viaje de 2012.
Es una ciudad a la que volvería
siempre, año tras año, como cuando vas al pueblo en verano. Es una
ciudad que me roba el aliento, me altera el corazón y hace que se me
salten las lágrimas. Es una ciudad de la que enamorarse,
ilusionarse... Llenarse de vida.
Es ese rinconcito del mundo en el que
quiero estar, necesito estar.
Ese lugar en el que pones un pie y todo, por mal que vaya, cambia
para bien. Te sientes mejor, te sientes guapa, te sientes
verdaderamente libre. Lugar de risas, sonrisas y lágrimas. Espacio
en el que te llenas de cultura y pasión.
No
podría describir con palabras lo que siento cuando pienso en Roma,
lo que siento cuando estoy allí. Es pura paz. Es un sentimiento tan
puro que debería de ser pecado. La sonrisa no se borra de la cara,
los pies aunque estén destrozados de tanto andar no se quejan y los
madrugones no suponen un problema.
La
gente dice que estoy obsesionada con esta ciudad, pero todos ellos se
acuerdan de mí cuando ven algo de allí o de Italia. Qué queréis
que os diga... Simplemente, amo esta ciudad.
miércoles, 24 de octubre de 2012
Feeling Good
No sé como empezar esta entrada, pero sí (al menos, eso creo) como terminarla. Supongo que os voy a contar mi día, mi tarde y mi recién estrenada noche.
No esperaba mucho del día de hoy, como siempre vamos. He abierto el ojo por primera vez para cagarme en la puta alarma a las 10, como todo los días. Pero, como he cogido por costumbre últimamente, no he salido de la cama hasta dos horas después, para terminar haciéndolo todo a todo correr. Qué queréis que os diga, vivo al límite. Me ha dado por poner la música en el móvil, pero esta vez no he empezado con mi canción "Pasodoble". Esta vez la primera canción que he escuchado (a parte de la de mi despertador), ha sido la que ha puesto una amiga mía en el grupo más usado de mi Whatsapp. Hoy, mi día ha comenzado con una nueva banda sonora titulada "Buen día" de Los planetas. No la había oído nunca, pero ahí estaba yo escuchando esa nueva melodía. Como siempre, la menda lerenda se tenía que hacer la comida. Porque, pensándolo bien, ¿para qué desayunar a las 12 sabiendo que no vas a tener tiempo de comer después? Pues eso, que me he rebelado. Por mucho que mi madre me dijera: "¡Cómete las lentejas!", he cogido la sartén y me he preparado ese plato tan típico: Huevos revueltos con salchichas. Pero todo iba mal, demasiado aceite. Lo peor es que ya no podía hacer nada más que apechugar con la primera cagada del día. Plato a medio comer, porque me estaba sentando fatal, y esto es así.
Hacer la comida no era mi única obligación para esta mañana. Tenía que plancharme la camiseta que me iba a poner. Y, como ya os he dicho, todo a contrareloj. Encima la muy asquerosa no quería dejar de estar arrugada, no sé si sería para burlarse de mi o qué demonios. Y eso no era lo único que había que planchar. Esta mata de pelo que llevo en la cabeza también se rebela contra mí, pero a esta la tengo algo más controlada. Viendo la hora que es, y por pura vagancia, le pido a mi madre el favor que me hará el día más llevadero: que me bajara al metro, que si no lo perdía (cierto como que estamos a día 23 de Octubre). Y como es genial esta mujer, ahí me ha bajado. Lo peor ha sido cuando he tenido que tirar la basura y he visto como se iba el metro. Pero, no pasa nada. Las mujeres de la casa están muy locas y deciden ir a Bidezabal (siempre es el plan B o, en este caso, la estación B). Ni Fernando Alonso hubiese alcanzado las velocidades que cogía mi madre, ni siquiera podía haber cogido la rotonda con tanta facilidad. Lo mejor ha sido cuando yendo por la carretera hacia Getxo hemos visto pasar el metro. Y yo no dejaba de repetir la misma frase: "¡VOY A PERDER EL PUTO METRO!". Nunca va nadie hacia Getxo, la gente que viva por aquí lo puede confirmar. Pues hoy, no sé por qué, le ha dado a todo el mundo por ir por esa carretera. La cuesta de Bide parecía interminable y los coches eran más lentos de lo normal. A la altura de la boca del metro ves como el metro ya está abajo y te cagas en todo ser viviente que te ha entorpecido el paso para llegar a tu destino. Pero sobre todo, te cagas en el puto Murphy y su jodida ley. Y, como último recurso y desesperación, le dices a tu madre que te lleve a Romo. Total, el metro no llegará antes que tú. Graciosa mi madre mientras conducía y veía como hacía cálculos con el dedo indice, para terminar diciéndote: "Te voy a llevar a Astrabu. Porque lo que tardo en meterme a Romo para dejarte en el metro, llego allí de sobra". Tres minutos exactos ha tardado desde la rotonda de Bide hasta la entrada de Astrabudua. Llegas exasperada, partiéndote el culo porque ya no sabes que más hacer y rezando para que el metro no haya pasado sin montarte en él. Dos minutos quedaban para que llegase cuando he puesto un pie en ese andén que conozco tan bien. Un poco de paz hasta llegar a San Mamés como todos los días, y ahí empieza el cardio. Todas las escaleras a pata, sino no llego al bus.
Pillas el billete, te diriges a donde el conductor y le saludas con la más amplia de las sonrisas y un "Hola" encantador. No les ves, pero sabes que están en el final, en los asientos de siempre. Y antes de decir "Hola", uno de ellos le dice al otro: "Venga tío, díselo". A lo que el segundo responde: "Mañana 5€ FEVER". Y, por mucho que digas que no, sabes que vas a caer. Viaje entretenido, libro y música. Esa mezcla que tanto te gusta y tanto echabas de menos. Pasa una hora y ya estás en la universidad y esperas, por el bien de tus colegas, que todos vayan a Filo contigo (ya que había hecho el esfuerzo de ir SOLO para esa clase y, más todavía después de toda la odisea de la mañana). Pero para que engañarnos, solo he durado una hora de dos en esa clase. Huyes despavorida en el descanso con dos de tus amigos, bajáis a la biblioteca, pero termináis en la calle. Mi colega y su amiga María, que son inseparables. Se acaba la clase y baja el resto de grupo que te falta para tomarte ese batido que ya estaba pactado. Y como alma que lleva el diablo, vais a "Ferretti". ¡Bendito Ferretti! La cosa va de gordura: ayer empacho de tortitas con sirope y hoy batido de chocolate y kinder.
Varios recuerdos y risas después, cada cual sigue su camino: unos van a la biblioteca, otra vuelve a casa, la restante tiene que trabajar y los dos empanados de la vida tienen que llegar al bus. Debo decir que AMO ir a la estación solo por no tener que pegarme con la gente para poder entrar y conseguir mi sitio. Es algo casi orgásmico, y no hay más. Pillas el WiFi del bus (estos patateros, que son la ostia) y conectas el WA, que para algo tienes a gente hablándote para la fiesta nocturna de mañana. Porque, como bien he dicho antes, he caído en tentación. Ves que algunas fotos cambian, incluso la de esa persona. Y aunque en el momento te ha dado ese "no sé qué" que siempre te da, te das cuenta de que tampoco te había importado tanto como esperabas. Es un paso, ¿no? El bus arranca y yo sigo con mi lectura, sin luz, pero la sigo. Sin comerlo ni beberlo, llegas a Bilbo y tienes que pillar el metro de vuelta a casa.
Llegas a Larra, con la música al máximo volumen, y no sabes por qué exactamente vas tan feliz y tan contenta. Si es por la cantidad de azúcar acumulado en estos dos días, si porque dos de tus amigos te han dicho "Qué guapa estás hoy" y te han subido el ánimo. Si es porque mañana vas a salir de fiesta, el primer Miernes de tu vida universitaria; porque has sentido o has dejado de sentir eso en ese preciso momento, o porque por fin tienes cascos nuevos y escuchas la música como SIEMPRE deberías oírla. No lo sé. Lo único que sé es que he llegado a casa, no había nadie y he seguido con mi concierto particular. He puesto el portátil y me he puesto a escuchar música. Me ha dado la vena y me he puesto "We are never ever getting back together", y no ha parado de reproducirse una y otra y otra vez. He decidido cambiar de canción (ya que ésta estaba puesta mientras buscaba otra), y no podía ser otra que "Paris (Oh la la)". Tiene un no sé qué que me pone no sé como. Y me encanta. Me motivo yo sola, y es genial. Lo mejor ha sido cuando el aleatorio del reproductor me ha ido poniendo "Hall of Fame" y después "Starship". Dios... Tendríais que haberme visto. Bailando sentada, con los cascos puestos en el portátil y cantando en mi interior como si fuera un concierto. Mi madre alucinaba. La siguiente canción ha sido "Feeling Good", la cual me recuerda a mi grupo favorito. De motivada en motivada, y tiro porque me tocaba. Llega ese himno que tanto me ha marcado, "Stronger". Cambiando un poco de ámbito, ha sonado "Pégate más", y yo seguía con mis bailoteos sentados, aunque esta vez no he podido evitar el cantar. Antes de cenar, la última canción que ha sonado ha sido "Stop & erase", que es otra canción que también me encanta por lo que significa para mi.
Así que como veis, llevo una motivación en el cuerpo que no puedo con ella. No tenéis ni idea de lo buena que es esta sensación. Que vuelvo a sentirme invencible, que vuelvo a sentirme YO MISMA. Que me siento fuerte, y hacía tiempo que no me sentía así. Igual es solo por hoy, igual después viene la gran ostia. Esa a la que tanto temo, aunque estoy acostumbrada, tanto que estoy por adoptarla en la familia. Puede que mi tiempo de reflexión haya terminado, que sea la hora de sentirme viva, dejando lo malo de lado. Porque, como dice la canción: "It's a new dawn, it's a new day, it's a new life for me. And I'm feeling good."
domingo, 21 de octubre de 2012
Standby (Extremoduro)
"Me da vértigo el punto muerto y la marcha atrás, vivir en los atascos, los frenos automáticos y el olor a gasoil. Me angustia el cruce de miradas, la doble dirección de las palabras y el obsceno guiñar de los semáforos. Me arruinan las prisas y las faltas de estilo, el paso obligatorio, las tardes de domingo y hasta la línea recta. Me enervan los que no tienen dudas y aquellos que se aferran a sus ideales sobre los de cualquiera. Me cansa tanto tráfico y tanto sinsentido, parado frente al mar mientras que el mundo gira."
Y me siento tan identificada que hasta me asusto. No, en verdad, me alegra ver que no soy la única que se siente así. Me gusta ver que no hace falta que lo escriba yo. Alguien que no sabe ni que existo, sabe expresar como me siento algunas veces. Y me gusta.
Y me siento tan identificada que hasta me asusto. No, en verdad, me alegra ver que no soy la única que se siente así. Me gusta ver que no hace falta que lo escriba yo. Alguien que no sabe ni que existo, sabe expresar como me siento algunas veces. Y me gusta.
domingo, 14 de octubre de 2012
Domingo
Hoy es domingo, último día de la semana y también de este gran acueducto que, sinceramente, se me ha hecho cortísimo.
Hoy me he despertado con el ruido que hacía mi ama en la casa, ya fuera limpiando o haciendo la maleta. Pero lo que más me ha llamado la atención es que llovía, y mucho. Estando en la cama me he imaginado que fuera, al otro lado de la ventana, hacía un día gris. De esos en los que lo único que te apetece hacer es estar tirada en el sofá, con una manta y unas palomitas en la mesa viendo una película cualquiera. Pero eso no es todo. También quieres a esa persona a tu lado, que te abrace bajo la manta y te de calor, ese que nadie ni nada más puede dártelo. Sentir su respiración tranquila y sus latidos al mismo ritmo que el tuyo. Lento y relajado. Tum tum, tum tum. Y, derrepente, notas como te pasa el brazo por los hombros y te achucha en momentos ocasionales haciéndote sentir querida. Y como no, sacándote una sonrisa estúpida.
Hoy es uno de esos días grises en los que te encantaría volver a sentir aquello que sentías, uno de esos días en los que a pesar de lo que digas, te encantaría tener a una persona especial a tu lado. Simplemente para estar ahí, abrazándote y haciéndote feliz. A veces, la compañía del chocolate no es suficiente.
Hoy me he despertado con el ruido que hacía mi ama en la casa, ya fuera limpiando o haciendo la maleta. Pero lo que más me ha llamado la atención es que llovía, y mucho. Estando en la cama me he imaginado que fuera, al otro lado de la ventana, hacía un día gris. De esos en los que lo único que te apetece hacer es estar tirada en el sofá, con una manta y unas palomitas en la mesa viendo una película cualquiera. Pero eso no es todo. También quieres a esa persona a tu lado, que te abrace bajo la manta y te de calor, ese que nadie ni nada más puede dártelo. Sentir su respiración tranquila y sus latidos al mismo ritmo que el tuyo. Lento y relajado. Tum tum, tum tum. Y, derrepente, notas como te pasa el brazo por los hombros y te achucha en momentos ocasionales haciéndote sentir querida. Y como no, sacándote una sonrisa estúpida.
Hoy es uno de esos días grises en los que te encantaría volver a sentir aquello que sentías, uno de esos días en los que a pesar de lo que digas, te encantaría tener a una persona especial a tu lado. Simplemente para estar ahí, abrazándote y haciéndote feliz. A veces, la compañía del chocolate no es suficiente.
martes, 2 de octubre de 2012
Mal
Hoy
es uno de esos días. Uno de esos días en los que a pesar de que
haya salido el sol y brille más que los días anteriores, lo ves
todo negro. Es uno de esos días en los que taparte con la manta para
no salir de la cama es el mejor plan del día. El día en que en vez
de tener un pie derecho y otro izquierdo, los dos son de este último.
Hoy es un día de esos en los que pierdes tu lucha diaria y no estás
a gusto contigo misma, no con el resto del mundo.
Sí,
por si no había quedado claro, hoy es uno de esos días. Hoy es ese
día del mes en el que sé quien está y quien no volverá jamás. Y
ya llevo así siete meses, y ojalá no los hubiera pasado. Si ya era
una razón de peso el simple hecho de echar en falta a ese ser vivo
que ya no está, la idea de que mi amiga Inés vaya a hacerme una
visita me ayuda en absoluto. Y por si fuera poco, el reciente
fallecimiento de un familiar de una de mis amigas acaba por rematar
la faena.
Siempre
he dicho que los días con el número nueve me daban mala suerte:
pasaba algo malo, me hacían daño o no paraba de llorar. Hoy me he
dado cuenta que desde hace siete meses los días con el número dos
empiezan a ocupar ese lugar, solo falta que el día doce también
pase algo malo para completar el pack.
Y
así voy, mes sí y mes también recolectando malas noticias,
derramando lágrimas que no deberían ni existir. Coleccionando
falsas sonrisas, esas que te pegas con celo a la boca, que así duele
menos la mentira.
Lo
peor de todo es que mi rutina nunca cambia, y cuando intento cambiar
el sino, hay algo que hace que no pueda cambiar de carril y siga en
esta recta sin sentido hacia el fatídico final.
Hoy
es uno de esos días en los que cogería la bici y me iría a ese
lugar, para respirar aire puro y ver ese atardecer que, aunque sea un
poco, me cambia el humor y me calma. Hoy es uno de esos días en los
que me siento mal.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Vuelta al cole
¿Veis esa sonrisa? Es de hace dos veranos, en unas fiestas cualquiera con mis amigas. ¿Sabéis qué? He tenido esa puta maravillosa sonrisa todo este día. ¿Por qué? Por que he vuelto a la universidad. Algunos diréis: "¡Estás loca!". Sí, estoy loca por ser feliz. Porque he vuelto al sitio donde nada es malo; bueno, exceptuando los trabajos y los futuros exámenes. Es el sitio donde lo único que hago es reír, sonreír, sentirme jodidamente viva, sintiéndome invencible.
Os voy a contar mi día, quiero dar un poco de envidia aunque puede que no lo consiga. He amanecido a las 8 y algo, cuando mi madre ha entrado por la puerta después de trabajar durante la noche en el hospital, me ha dado un beso en la mejilla y me ha dicho "¡Vuelta al cole!". He seguido durmiendo hasta las 10, que ha sonado como tantas otras veces esa canción que tengo por alarma: "Who I am". Quince minutos después he conseguido levantarme de la cama, la pereza no se va nunca de golpe, y paso de luchar contra ella porque sé que voy a perder la batalla. Una ducha para empezar el día, un desayuno la mar de simple para poner el cuerpo en funcionamiento y para continuar con las tareas matutinas, hacerme la comida. 11:00 a.m y salgo por la puerta para hacer el mismo camino del año pasado. Baja al metro, pero encima vete corriendo el último trozo para no perderlo. Empezamos bien, un poquito de cardio por la mañana. Siéntate, respira hondo y déjate llevar. En Berango entra un hombre que se sienta enfrente de mí con un "¡Hermosa!" que me hace sonreír. Sigue hablándome durante todo el camino, ya que se ha bajado en Deusto y mi parada era la siguiente. Se ha despedido de mí diciendo: "Otro día nos vemos en otro viaje. No se me va a olvidar esa carita." Y me vuelve a sacar una sonrisa sin que él se lo proponga. Me bajo en mi parada con unas ganas locas de llegar a mi destino. Subo las escaleras andando, para seguir con eso del ejercicio. Y cuando por fin salgo de la boca del metro para entrar en la estación de buses que ya conozco como la palma de mi mano, ahí les veo a cuatro de mis amigos. Y como no, me dejo guiar por lo que siento en ese momento. Contacto visual con ellos y mi puño se alza sin que yo pueda pararlo, dejando que suba y que baje. Cuando me acerco más a ellos y a la taquilla me pongo a cantar como que no quiere la cosa "dale con la uni takatá!" y me da igual que la gente me mire o deje de hacerlo. Porque estoy feliz de volver.
Trayecto en el bus. Una hora que, bueno, se ha hecho tan amena como siempre. Aunque se echa de menos a esa gente que ya no coge el bus contigo, o bien porque tienen piso en Vitoria o porque han dejado la carrera. Y, por fin, llega esa última curva que te va a dejar en frente del Aulario, que también lo conoces bien. Bajáis al zulo los cuatro juntos para ver si los demás ya han llegado, pero no. Vuelta a la calle para aprovechar un poco el sol antes de entrar. Y, derrepente, los ves. Otros cuatro amigos de la uni, y vas correteando hacia una persona en concreto, porque es una de las pocas personas que no has visto en todo el verano. Y te abrazas a ella como si no hubiera mañana, y tal es la emoción que hasta te haces daño en un brazo. Os sentáis todos en el suelo, prefiriendo comer al aire libre que en nuestro comedor particular. Y entonces llega otra de las últimas piezas, esa que aunque ahora mismo está un poco dañada os abraza y besa con más cariño que nadie. Y como una gran familia os ponéis todos a comer entre risas, comentarios desagradables y demás. Pero como bien se suele decir: la confianza da asco. Tener tiempo de sobra hace que vayáis a ver como está la cafetería, esa que el día de la última recuperación estaba en obras. Pero ahora está preciosa, aunque parece el McDonald's. Os sentáis en una mesa de cuatro nueve personas. Unos toman café y otros nos ponemos a jugar al mus o, al menos, a intentarlo. Termináis por poner otra mesa más, aunque para el juego sea un incordio. Llegan más compañeros que te saludan y sonríes porque es automático. Cuando te das cuenta tienes que salir de allí para empezar el curso con nada más y nada menos que Filosofía. ¿Los sitios? Para que vamos a mentirnos, todos en la parte derecha, al lado de la ventana, ocupando las tres últimas filas. Como tiene que ser. Las buenas costumbres no hay que perderlas, ¿no? Llega el profesor y te da la charla de siempre. Esa introducción que o te asusta o no te disgusta del todo. Me ha tocado estar en el segundo grupo... O más bien me obligo a estarlo porque si no mal voy a empezar. Y cuando acaba, os volvéis a ir de vuelta a la facultad. Una se pilla su segundo café, y la otra se come algo de lo que queda de su arroz. Sin darte cuenta, la hora de la segunda clase está llegando y tienes que entrar. Corriendo, para que no te quiten los asientos traseros. Entra el profesor y no sabes lo que pensar. ¿Será majo o será un completo muermo al estilo Rajoy? Se pone a hablar y piensas que no es para tanto. Te hace gracia las tonterías que suelta. Hasta que saca la lista de cosas prohibidas en clase, y luego empieza a mandaros los trabajos. Sí, esos que, sobre todo el individual, no tienes ni zorra idea de como empezar ni qué es exactamente lo que te ha pedido que hagas. Media hora o una hora, no recuerdo cuanto tiempo ha estado el hombre hablando, solo sé que todos hemos salido igual: acojonados. Así que para calmar los nervios, vuelta con la mayoría a la cafetería. Y una pica para el cuerpo, aunque sabes perfectamente que prefieres un kalimotxo y matarías por que lo que estás bebiendo fuera uno. Y con un poco de alcohol en el cuerpo te encaminas al bus de vuelta, y reconoces perfectamente esa cola. Aunque, siendo sincera, no era tan larga como esperaba que fuera. Será por la hora, puede que el horario de este año tenga algo positivo al fin y al cabo. Te sientas, aunque no en el sitio de siempre porque tú amigo te lo ha robado. Te pones la música y decides hacer algo productivo: leer el texto de filo. No entiendes una mierda pero por lo menos la primera lectura ya está hecha, y cuando acabas decides echarte una cabezada para pasar la media hora que queda. Mentira todo, no he dormido pero sí que he descansado la vista. Algo es algo, ya tendré tiempo de dormir. Llegas a Bilbao y te das cuenta que ya ha pasado el primer día, pero para ti parece uno más. Como si no hubiera pasado el tiempo, como si no hubiese habido un verano entre medias. Creo que eso es bueno, creo que significa que estoy genial donde estoy, que realmente ese es mi lugar. Y como todos los días desde hace un año, vuelves a coger el metro de vuelta a casa siendo la última parada Larrabasterra. Para tu sorpresa y máxima alegría, cuando llegas al final del viaje ves que una amiga tuya también ha bajado. Y como hace mucho que no la ves, la abrazas como si no os hubieseis visto en años. Y te encanta.
¿El final de esta pequeña historia? Una sonrisa increíble en mi cara. Una sonrisa que, sinceramente, echaba muchísimo de menos que apareciera. Por fin vuelvo a tener ese brillo en los ojos o por lo menos me ha parecido verlo. Y eso me gusta :)
Qué queréis que os diga... Así da gusto volver a empezar otra vez ♪
Os voy a contar mi día, quiero dar un poco de envidia aunque puede que no lo consiga. He amanecido a las 8 y algo, cuando mi madre ha entrado por la puerta después de trabajar durante la noche en el hospital, me ha dado un beso en la mejilla y me ha dicho "¡Vuelta al cole!". He seguido durmiendo hasta las 10, que ha sonado como tantas otras veces esa canción que tengo por alarma: "Who I am". Quince minutos después he conseguido levantarme de la cama, la pereza no se va nunca de golpe, y paso de luchar contra ella porque sé que voy a perder la batalla. Una ducha para empezar el día, un desayuno la mar de simple para poner el cuerpo en funcionamiento y para continuar con las tareas matutinas, hacerme la comida. 11:00 a.m y salgo por la puerta para hacer el mismo camino del año pasado. Baja al metro, pero encima vete corriendo el último trozo para no perderlo. Empezamos bien, un poquito de cardio por la mañana. Siéntate, respira hondo y déjate llevar. En Berango entra un hombre que se sienta enfrente de mí con un "¡Hermosa!" que me hace sonreír. Sigue hablándome durante todo el camino, ya que se ha bajado en Deusto y mi parada era la siguiente. Se ha despedido de mí diciendo: "Otro día nos vemos en otro viaje. No se me va a olvidar esa carita." Y me vuelve a sacar una sonrisa sin que él se lo proponga. Me bajo en mi parada con unas ganas locas de llegar a mi destino. Subo las escaleras andando, para seguir con eso del ejercicio. Y cuando por fin salgo de la boca del metro para entrar en la estación de buses que ya conozco como la palma de mi mano, ahí les veo a cuatro de mis amigos. Y como no, me dejo guiar por lo que siento en ese momento. Contacto visual con ellos y mi puño se alza sin que yo pueda pararlo, dejando que suba y que baje. Cuando me acerco más a ellos y a la taquilla me pongo a cantar como que no quiere la cosa "dale con la uni takatá!" y me da igual que la gente me mire o deje de hacerlo. Porque estoy feliz de volver.
Trayecto en el bus. Una hora que, bueno, se ha hecho tan amena como siempre. Aunque se echa de menos a esa gente que ya no coge el bus contigo, o bien porque tienen piso en Vitoria o porque han dejado la carrera. Y, por fin, llega esa última curva que te va a dejar en frente del Aulario, que también lo conoces bien. Bajáis al zulo los cuatro juntos para ver si los demás ya han llegado, pero no. Vuelta a la calle para aprovechar un poco el sol antes de entrar. Y, derrepente, los ves. Otros cuatro amigos de la uni, y vas correteando hacia una persona en concreto, porque es una de las pocas personas que no has visto en todo el verano. Y te abrazas a ella como si no hubiera mañana, y tal es la emoción que hasta te haces daño en un brazo. Os sentáis todos en el suelo, prefiriendo comer al aire libre que en nuestro comedor particular. Y entonces llega otra de las últimas piezas, esa que aunque ahora mismo está un poco dañada os abraza y besa con más cariño que nadie. Y como una gran familia os ponéis todos a comer entre risas, comentarios desagradables y demás. Pero como bien se suele decir: la confianza da asco. Tener tiempo de sobra hace que vayáis a ver como está la cafetería, esa que el día de la última recuperación estaba en obras. Pero ahora está preciosa, aunque parece el McDonald's. Os sentáis en una mesa de cuatro nueve personas. Unos toman café y otros nos ponemos a jugar al mus o, al menos, a intentarlo. Termináis por poner otra mesa más, aunque para el juego sea un incordio. Llegan más compañeros que te saludan y sonríes porque es automático. Cuando te das cuenta tienes que salir de allí para empezar el curso con nada más y nada menos que Filosofía. ¿Los sitios? Para que vamos a mentirnos, todos en la parte derecha, al lado de la ventana, ocupando las tres últimas filas. Como tiene que ser. Las buenas costumbres no hay que perderlas, ¿no? Llega el profesor y te da la charla de siempre. Esa introducción que o te asusta o no te disgusta del todo. Me ha tocado estar en el segundo grupo... O más bien me obligo a estarlo porque si no mal voy a empezar. Y cuando acaba, os volvéis a ir de vuelta a la facultad. Una se pilla su segundo café, y la otra se come algo de lo que queda de su arroz. Sin darte cuenta, la hora de la segunda clase está llegando y tienes que entrar. Corriendo, para que no te quiten los asientos traseros. Entra el profesor y no sabes lo que pensar. ¿Será majo o será un completo muermo al estilo Rajoy? Se pone a hablar y piensas que no es para tanto. Te hace gracia las tonterías que suelta. Hasta que saca la lista de cosas prohibidas en clase, y luego empieza a mandaros los trabajos. Sí, esos que, sobre todo el individual, no tienes ni zorra idea de como empezar ni qué es exactamente lo que te ha pedido que hagas. Media hora o una hora, no recuerdo cuanto tiempo ha estado el hombre hablando, solo sé que todos hemos salido igual: acojonados. Así que para calmar los nervios, vuelta con la mayoría a la cafetería. Y una pica para el cuerpo, aunque sabes perfectamente que prefieres un kalimotxo y matarías por que lo que estás bebiendo fuera uno. Y con un poco de alcohol en el cuerpo te encaminas al bus de vuelta, y reconoces perfectamente esa cola. Aunque, siendo sincera, no era tan larga como esperaba que fuera. Será por la hora, puede que el horario de este año tenga algo positivo al fin y al cabo. Te sientas, aunque no en el sitio de siempre porque tú amigo te lo ha robado. Te pones la música y decides hacer algo productivo: leer el texto de filo. No entiendes una mierda pero por lo menos la primera lectura ya está hecha, y cuando acabas decides echarte una cabezada para pasar la media hora que queda. Mentira todo, no he dormido pero sí que he descansado la vista. Algo es algo, ya tendré tiempo de dormir. Llegas a Bilbao y te das cuenta que ya ha pasado el primer día, pero para ti parece uno más. Como si no hubiera pasado el tiempo, como si no hubiese habido un verano entre medias. Creo que eso es bueno, creo que significa que estoy genial donde estoy, que realmente ese es mi lugar. Y como todos los días desde hace un año, vuelves a coger el metro de vuelta a casa siendo la última parada Larrabasterra. Para tu sorpresa y máxima alegría, cuando llegas al final del viaje ves que una amiga tuya también ha bajado. Y como hace mucho que no la ves, la abrazas como si no os hubieseis visto en años. Y te encanta.
¿El final de esta pequeña historia? Una sonrisa increíble en mi cara. Una sonrisa que, sinceramente, echaba muchísimo de menos que apareciera. Por fin vuelvo a tener ese brillo en los ojos o por lo menos me ha parecido verlo. Y eso me gusta :)
Qué queréis que os diga... Así da gusto volver a empezar otra vez ♪
lunes, 3 de septiembre de 2012
Maitia
Medio año sin ti. Parece que fue ayer cuando te fuiste para no volver... Pero aunque no quiera, estos seis meses se han pasado volando. Te echo de menos, no tienes idea de cuanto. Te necesito en mis momentos buenos, y todavía más en los peores. Necesito esas salidas nocturnas que eran solo nuestras, en las que solo dejábamos que nos acompañaran la música y la luna.
Beltz, eres lo que más he querido en mi vida. Eres ese amor que nunca me ha fallado. Que has estado ahí cuando más lo necesitaba sin pedir nada a cambio. Simplemente, eres ese amor que si existiera en un hombre no dudaría en casarme con él a la primera de cambio.
Ojalá estuvieras aquí. Ojalá nunca te hubieras ido... Ojalá tantas cosas... Maite zaitut txikitxu. Beti bihotzean ♥
Beltz, eres lo que más he querido en mi vida. Eres ese amor que nunca me ha fallado. Que has estado ahí cuando más lo necesitaba sin pedir nada a cambio. Simplemente, eres ese amor que si existiera en un hombre no dudaría en casarme con él a la primera de cambio.
Ojalá estuvieras aquí. Ojalá nunca te hubieras ido... Ojalá tantas cosas... Maite zaitut txikitxu. Beti bihotzean ♥
sábado, 1 de septiembre de 2012
El final del verano
"Summer has come and passed. The innocent can never last. Wake me up when September ends."
Aquí estamos, un año más a uno de Septiembre. El verano está llegando a su fin, aunque aquí en Bilbao hace ya tiempo que el sol nos abandonó para recordarnos con la lluvia la verdadera naturaleza de la costa. Hoy brilla un poco el sol, pero la temperatura no acompaña. Empieza a enfriarse el ambiente como se enfrían algunas relaciones.
Ha llegado el día que todo estudiante odia. Ese día con el que empieza la cuenta atrás para volver a la misma rutina de todos los años: ir a clase, deberes, estudiar, los fatídicos exámenes... Ese día que yo también siempre he odiado, aunque en el fondo, estuviera deseando que llegase para volver a encontrarme con mis amigos. Este año no es distinto. Tengo sentimientos contradictorios, como en muchas otras ocasiones. No quiero que llegue porque eso significa que el tiempo cambia, las hojas caen y el ánimo decae. Que el verano ya se ha ido como se va la arena de tus manos cuando sopla el viento. Que ya no se podrá bajar a la playa a tomar el sol, ni salir todas las noches de fiesta en fiesta y poder dormir todo el siguiente día. Quedar con tus amigos para hacer cualquier cosa a cualquier hora. Perderte por el mundo sin necesidad de nada más. Pero, por otra parte, quiero que llegue ese día en el que me voy a volver a juntar con mis compañeros de uni, esos que me hacen los días más a menos. Y que cojones, que cuando estoy con ellos soy realmente feliz. Es increíble como cambio cuando estoy con ellos, como dejo de pensar en toda la mierda que me rodea, en las rayadas que siempre tengo en mi cabeza... Una vez alguien me mandó el siguiente mensaje: "Es alucinante lo feliz que se te ve con la uni people... Me encanta verte así..." Y razón no le faltaba. Todo se desvanece y solo están ellos y nuestras locuras. Y me encanta. No sabéis lo necesario que se hace estar con ellos día sí y día también, porque si no todo se trastoca y el mundo se desmorona. Por eso mismo no veo la hora de empezar las clases. Para olvidarme de todo, evadirme de todo y reírme de la puta vida. En la uni estoy entretenida aunque no quiera, y aunque la excusa sea coger mil de apuntes que luego tendré que estudiar. Pero merece la pena por ese estado de máxima felicidad que me dura todo el día.
A pesar de todo, me da pena que este verano se acabe. Tenía muchos planes, de los cuales pocos (por no decir casi ninguno) se han cumplido. Me dije a mi misma que este iba a ser mi verano, que nada me iba hacer perder la sonrisa y que lo iba a disfrutar como si fuera el último de mi vida. Ingenua. Lo único que he cumplido de mis planes pre veraniegos ha sido que a penas he faltado a ninguna fiesta, y que he ido a muchas más de las que jamás había ido. He bebido casi lo mismo que en todo el primer año de universidad en dos meses. Salía sin alcohol, pero en mi mano siempre había un vaso lleno. Me he bebido hasta el agua de los floreros, os lo puedo asegurar. Me he reído como nadie, aunque también he llorado como nunca. He forjado nuevas amistades con gente a la que conocía de vista del instituto y con la que jamás pensé que tendría una relación como la que tenemos ahora. A penas he ido a la playa, la pereza siempre ganaba la batalla y yo me quedaba en casa cual friki viendo series. Así estoy de pálida y transparente (también es porque ando pachucha pero vaya...). El único plan establecido desde hacía meses y que se ha cumplido, y con creces, ha sido ese viaje a Roma en el que reí y lloré.
Este verano, a pesar de haber durado solo dos meses y a penas haberlo disfrutado, ha venido cargado de historias, sentimientos y emociones. He reído, he llorado, me he comido la cabeza como hacía mucho que no me la comía y he decidido demasiadas cosas. He cometido errores, dulces y amargos, pero errores al fin y al cabo. He sufrido crisis de identidad, esas que venían acompañándome desde hace tiempo y sé que seguirán haciéndolo solo por joder al personal. He pensado mucho, como siempre demasiado. Pero creo que era necesario, al menos en algunos aspectos.
El verano todavía no ha terminado del todo y a mi me quedan algunas batallas más en las que luchar. Espero que no salga muy herida, que el nuevo año o curso, como queráis llamarlo, comienza y sé que voy a tener que combatir en otras guerras más. Pero, como algunas cosas más en la vida, estas guerras que me tocan librar son imprescindibles. Puede que después de perder o salir victoriosa, vuelva a ser yo misma. No sé como sucederán las cosas, ni como terminará todo, pero... Es lo que hay. Las cosas cambian al fin y al cabo. Y, aunque este verano esté llegando a su fin, el año que viene vendrá uno nuevo cargado de nuevas aventuras. Esperemos que no se haga de rogar como lo ha hecho este.
Habrá quien esté cantando "Wake me up when September ends", pero yo prefiero mantenerme despierta y ver que es lo que me depara este mes. Sea malo o bueno. Estoy preparada. Al menos, eso creo.
viernes, 31 de agosto de 2012
Luna llena
Hoy es 31 de Agosto de 2012 y hay luna llena, la segunda del mes. Esa que es llamada "Luna azul". Y por ser el día que es, os voy a confesar algo. Tengo una pequeña obsesión con la luna llena. Desde siempre. No sabéis lo fascinada que me quedo cada vez que la luna llena sale una vez al mes. Lo que es mirarla y que se me caiga la baba. Sentir que su brillo me brinda calor y me da fuerza para seguir adelante con todo. La luna, ese satélite que ronda nuestro planeta. Tan blanca y tan pura. Tan jodidamente perfecta.
Os voy a contar el comienzo de este romance. Cuando era pequeña (no tan pequeña), a mis amigas y a mi nos dio por escribir historias fantásticas basándonos en películas que nos gustaban. Así que ahí estaba yo, enfrente de aquel ordenador dejando a mi imaginación volar. Pero tenía un problema... Necesitaba un apellido fantástico, algo que no fuera normal en nuestra vida. Así que le pregunté a mi madre. Me miró y no lo dudó ni un solo momento: "Moonshadow". Sombra de luna. Nunca pensé que lo que iba a ser un simple apellido para una historia que jamás vería la luz se volvería una parte tan importante de mi. De hecho, hubo una temporada en que algunas personas me llamaban "Moonsha" (por eso de acortar), o directamente, cuando querían llamar mi atención me llamaban diciendo "Debbie Moonshadow". Os parecerá una chorrada, pero así es. A parte de la historia, en mi familia las mujeres siempre hemos sido un poco "brujas". No quiero que os imaginéis cosas raras, ni que echo las cartas o leo el futuro. Desde txiki me han llamado o bien bruji, bruja o sorgintxu. Y siempre me han encantado las brujas. Viene de familia, mi madre es igual. También ella tiene una ligera obsesión con la luna y las brujas. Podría decirse que somos algo lunáticas. A parte del tema familiar, está mi perro. Mi compañero de salidas nocturnas junto con la luna. Mi lobito. Cuando era de noche parecía todavía más bonito de lo que era ya de por si.. Y cuando había luna llena... No hay palabras para describir lo que sentía por dentro.
Os voy a contar el comienzo de este romance. Cuando era pequeña (no tan pequeña), a mis amigas y a mi nos dio por escribir historias fantásticas basándonos en películas que nos gustaban. Así que ahí estaba yo, enfrente de aquel ordenador dejando a mi imaginación volar. Pero tenía un problema... Necesitaba un apellido fantástico, algo que no fuera normal en nuestra vida. Así que le pregunté a mi madre. Me miró y no lo dudó ni un solo momento: "Moonshadow". Sombra de luna. Nunca pensé que lo que iba a ser un simple apellido para una historia que jamás vería la luz se volvería una parte tan importante de mi. De hecho, hubo una temporada en que algunas personas me llamaban "Moonsha" (por eso de acortar), o directamente, cuando querían llamar mi atención me llamaban diciendo "Debbie Moonshadow". Os parecerá una chorrada, pero así es. A parte de la historia, en mi familia las mujeres siempre hemos sido un poco "brujas". No quiero que os imaginéis cosas raras, ni que echo las cartas o leo el futuro. Desde txiki me han llamado o bien bruji, bruja o sorgintxu. Y siempre me han encantado las brujas. Viene de familia, mi madre es igual. También ella tiene una ligera obsesión con la luna y las brujas. Podría decirse que somos algo lunáticas. A parte del tema familiar, está mi perro. Mi compañero de salidas nocturnas junto con la luna. Mi lobito. Cuando era de noche parecía todavía más bonito de lo que era ya de por si.. Y cuando había luna llena... No hay palabras para describir lo que sentía por dentro.
Como veis, la luna llena y yo tenemos un romance desde hace años y por diversas razones. Por eso cada vez que la miro, me siento tranquila. Me recuerda todo lo que he pasado y sentido. Y me hace sonreír- Cada vez que veo la luna llena, ya puedo estar llorando que me sale una sonrisa de oreja a oreja. Creerme cuando os digo que ansío cada mes el día en que mi fiel amiga salga para sonreírme. Tenemos una relación de una noche cada mes desde que tengo uso de razón. Y me encanta.
"Blue moon - Frank Sinatra"
martes, 21 de agosto de 2012
Aste Nagusia 2012
Señoras y señores. Hace hoy cuatro días que empezó la semana grande de esta nuestra ciudad, Bilbao. Esa semana en la que la gente sale a darlo todo cuando puede, y algunos privilegiados salen todos los días hasta que sale el sol. Hace cuatro días fue el chupinazo, ese momento de esta grandísima semana en la que la gente va a enguarrarse, porque no es para otra cosa. La gente va con harina y huevos, aunque están prohibidos y los de las kompartzas te los quitan. También es mítico llevar la bebida por excelencia, el Kalimotxo. Se lleva también gaseosa, Coca-cola, cerveza o champán. Este año se ha visto que hasta han llevado Ketchup, lo más asqueroso. Cualquier cosa es buena para manchar al resto de los presentes en la plaza del Arriaga para celebrar el comienzo de estas fiestas mientras saltas de alegría y cantas a todo volumen "Mari Jaia bera, gure Mari Jaia, Bilbora etorri da Aste Nagusira!" Este año estoy muy emocionada. Hemos tenido una pregonera cuando normalmente suele ser un hombre el que hace el pregón, y a su lado la chupinera. Esa que prende la mecha que llega hasta ese pequeño "Txupin" que abre esta semana de risas y borracheras. Hace cuatro días, tras darme una ducha no tenía muchas ganas de salir, ya que la noche anterior también había estado de fiesta y quería descansar. Pero, a pesar de todo, hice el esfuerzo y me fui medio dormida con mis Que te peten! a darlo todo. Aquella noche no llevaba alcohol y tenía pensado volver pronto a casa. Ingenua. Me encontré con mi madre y con mi tía, y ahí empezó todo. Katxi de Kalimotxo en mano me seguí encontrando con la gente: amigos de instituto, de la uni, de Sope... Con todo el mundo que no pensaba que me encontraría y que al final me quedé con ellos. La que iba a ser una noche tranquilita resultó ser una noche más de fiesta, en la que, como últimamente, llego por la mañana a casa. Segunda noche de esta Aste Nagusi y yo me quedé en casa. Había que descansar para el día siguiente... Tarde en la txosna Txomin Barullo y noche de fiesta con mis chicas. Ayer fue ese día, en el que tampoco llevaba alcohol pero acabé bebiendo como la que más. Mismo lugar que el año pasado, pero distinta experiencia. Ayer estuve en barra y he de decir que me gusta más que hacer bocatas. Risas, buena compañía, alcohol y música. ¿Quién necesitaba más? Tras una cena con todos los del turno, los chavales nos fuimos de fiesta a darlo todo, un grupo relativamente grande en el que pocos nos conocíamos. Al final, como siempre, unos se fueron antes que otros. Yo fui de las que se quedó por ahí dando vueltas con la gente, como no, de Romo. Y como alguna que otra vez, acabamos los tres míticos desayunando en el Kebap.
Hoy me quedo en casa, llevo todo el día en el sofá tiradísima y echa un asco. Será la edad, será que hoy me toca ser responsable e intentar que Manolo deje de darme por saco un rato para poder darlo todo el viernes, que para algo hay concierto de Esne beltza. Hay que cuidarse la garganta, que como coja anginas a mi me da algo... ¡Que solo estamos en el cuarto día de diez! Así que solo diré... Si no habéis estado nunca en estas fiestas, tenéis que venir y probarlas. Por que quien sale una vez... Repite. Y esto es así.
Hoy me quedo en casa, llevo todo el día en el sofá tiradísima y echa un asco. Será la edad, será que hoy me toca ser responsable e intentar que Manolo deje de darme por saco un rato para poder darlo todo el viernes, que para algo hay concierto de Esne beltza. Hay que cuidarse la garganta, que como coja anginas a mi me da algo... ¡Que solo estamos en el cuarto día de diez! Así que solo diré... Si no habéis estado nunca en estas fiestas, tenéis que venir y probarlas. Por que quien sale una vez... Repite. Y esto es así.
sábado, 11 de agosto de 2012
Lágrimas de San Lorenzo
Esta noche se supone que es una noche especial. Esa noche en que deseas que el cielo esté despejado para poder ver las estrellas fugaces con la esperanza de pedir un deseo. Ese deseo que imaginas marcará tu vida con un antes y un después. Pero, a pesar de desear esta noche por el simple hecho de pedir un deseo, es maravillosa porque es un acontecimiento natural increíble. Pero como siempre, lo que representa tira más. Habrá gente que se asome a sus ventanas o balcones para no moverse mucho de su hogar. Otros, los más soñadores o los que están más fascinados con el acontecimiento, saldrán a la calle. Buscarán una alta colina en la que contemplar una lluvia distinta a la que estamos acostumbrados, sobre todo los del norte. Los soñadores pensarán y pensarán un deseo que pedir. Se supone que por cada estrella que ves caer es un deseo. Hay gente que tiene la suerte de ver varias de la misma. Otros no pueden llegar a contar ni diez estrellas en todas las veces que habrán visto una lluvia de este tipo. Por eso es mejor esperar a ver una única estrella fugaz, para pedirle un único deseo. El que de verdad te gustaría que se cumpliese. Quién sabe... Un trabajo, que falta hace en estos tiempos que corren; unas buenas calificaciones en la universidad, que alguien se recupere de una enfermedad, que alguien regrese a tu vida, un nuevo amor... O, simplemente, ser feliz. En mi caso, siempre suelo pedir el mismo deseo (ya que la primera vez que pedí uno, no se cumplió) y aunque hay veces que pienso que no se cumple, creo que en el fondo sí que lo hace. Será porque lo pido fervientemente o porque soy muy pesada. El caso es que si vuelvo a ver alguna estrella caer, intentaré cogerla y pedirla de todo corazón el deseo que siempre ronda mi cabeza.
Perseidas o lágrimas de San Lorenzo, que más da. Hoy toca mirar al cielo por si veo alguna estrella fugaz. Y aunque me diga a mi misma que no pediré ningún deseo porque pienso que no se me va a cumplir, sé que lo haré. Los sueños tiran más que la realidad al fin y al cabo, y más en mí que soy una soñadora empedernida. Así que... ¿Por qué no soñar con que las cosas pueden ser como tú las desees?
Perseidas o lágrimas de San Lorenzo, que más da. Hoy toca mirar al cielo por si veo alguna estrella fugaz. Y aunque me diga a mi misma que no pediré ningún deseo porque pienso que no se me va a cumplir, sé que lo haré. Los sueños tiran más que la realidad al fin y al cabo, y más en mí que soy una soñadora empedernida. Así que... ¿Por qué no soñar con que las cosas pueden ser como tú las desees?
viernes, 10 de agosto de 2012
8 de Agosto de 2012
“Y
después de tanto tiempo, algo queda de aquella sincronización...
Vuelvo
a leer un mensaje, pongo el móvil en sonido porque sí, lo dejo en
la toalla y me llega uno nuevo. Yo que pienso que es Vodafone. #ERROR Y
como siempre, me pongo a llorar. Y sé que lo único que me va a
consolar es el mar. Entrar para llorar y encontrar una calma
perfecta. Puede
que sea hora de recuperar aquella afición. Puede que tenga que
quitarle el polvo a la tabla y volver al mar.”
Estos
fueron los tweets que escribí después de volver a caer en la misma
dolorosa rutina. Volví a ser golpeada por todo lo que me afecta, por
todo lo que representa. Volví a ser vulnerable. Y había decidido
apartar ese sentimiento de vulnerabilidad a un lado, para volver a
ser la chica fuerte que se supone que algún día fui.
Pensando
ese día me di cuenta que echo de menos el surf. A penas lo
practicaba, o al menos, no le ponía tanto empeño a como se lo pone
el resto de la gente. Pero recuerdo que ese momento, esas dos horas
que pasaba en el agua, eran las únicas horas del día en las que no
solía pensar. En las que mi mente estaba en otra parte, en un lugar
distante en el que me encantaba estar. Me sentía bien, me sentía en
paz. Siempre que pienso en mí, desde que era muy pequeña hasta hace
tres años, la mayoría de recuerdos que me invaden están ligados
con el agua. Siempre me he sentido una sirena y, de hecho, así me
llamaban los del club de buceo. No me podían sacar del agua. Ya
fuera nadando, surfeando aquella mítica semana de verano o buceando,
yo estaba ahí. Solo me faltaban las branquias para ser un pez. Creo
que si vuelvo al mar, una parte de mi volverá. Pero puede que sólo
esté soñando... Una vez más.
Abierto al amanecer (3:04am)
Anochece o amanece (según como lo queráis ver) un día más en este pequeño, aunque no tan pequeño, pueblo de las costas vascas. Y yo, autora de todo lo que aquí se escribe porque es mi vía de escape, vuelve a abrir esto para contar otra vez mis penas y mis alegrías (aún sabiendo que estas últimas apenas aparecen por aquí). Volveré a abrir mi corazón y mis sentimientos saldrán a flor de piel. Algunos puede que os sintáis identificados, otros quizá me maldigáis porque no queríais haberlo leído. Pero es mi lugar para expresarme, y me da exáctamente igual como os podáis sentir después de leer todo lo que escribo. ¿Que se podría usar en mi contra todo lo que aparece? Es cierto. Pero este blog fue abierto para lo que está siendo usado. Para liberarme de todo. Y no voy a parar. Nunca.
miércoles, 18 de julio de 2012
Cerrado por vacaciones
Quién diría que dentro de pocas horas estaré yendo hacia el aeropuerto para coger un viaje de vuelta a Roma. A esa ciudad que significa tanto para mi. Esa ciudad que ha sido escenario de tantas historias románticas, ya sean literarias o cinematográficas. Esa ciudad con la que tengo mi propia historia, y en la que tengo miles de recuerdos.
He de ser sincera. Estoy nerviosa por volver. Un día leí: "Al lugar en el que fuiste feliz no debieras volver". Estoy nerviosa porque tengo miedo de pisar suelo italiano y desencantarme... Porque, aunque amo esa ciudad, no voy con el mismo sentimiento de aquella vez. Al ser la primera vez que iba a Roma y, ademas, la primera vez que salía fuera de aquí de viaje, estaba emocionada. ¡Iba a cumplir un sueño que jamás creía que se haría realidad! Fui con los de clase, y ellos fueron quienes compartieron mi gran sueño conmigo. Ademas, tengo muchos recuerdos con cierta persona que ha sido muy importante para mi y que al final... Bueno, la cosa no es que esté como me gustaría y sé que los recuerdos que tengo con él allí me van a golpear de un momento a otro. Tengo la sensación de que no voy a parar de llorar en algunos momentos. Y por eso también tengo miedo. Tengo miedo de no disfrutar del todo este viaje con estas personas que son mi día a día, mis compañeros de uni y colegas. Tengo miedo de tirarme todo el día comparando este viaje con el anterior...
Pero a pesar de todo, a pesar de estos miedos, sé que me lo voy a pasar genial, porque voy a ver cosas que entonces no vi. Porque voy con gente completamente distinta a la de la última vez. Espero que el buen tiempo ayude a la hora de disfrutarlo más, que estoy segura que así será. Radiara el sol, claro que lo hará. Y tendré el ánimo por las nubes, todo lo contrario que esta primera mitad de año. Sonreiré a la vida, sonreiré a los italianos, sonreiré a la señora que vende el periódico y a esa persona que me entregará mi McMenú con cuarto de libra con queso, patatas normales y Nestea. Diré "Ciao" con una amplia sonrisa para saludar a alguien y también para despedirme de cualquier lugar. Diré "Grazie" cada vez que compre algo o pregunte alguna cosa, y sonreiré aún más cuando me respondan un "Prego" con ese acento que tanto me gusta. Intentaré aprender todo lo que pueda el idioma, aunque no es muy difícil. Patearé y me dejaré el dinero en vete tú a saber qué cosas. Supongo que lo que más haré en este viaje será sacar miles de fotos, reirme, llorar, disfrutar, cantar, sonreír, gritar de emoción si es necesario... Y como no, enamorarme un poco más de Roma. Después de un año, mi deseo en la Fontana di Trevi se va a cumplir... Vuelvo a casa por fin.
He de ser sincera. Estoy nerviosa por volver. Un día leí: "Al lugar en el que fuiste feliz no debieras volver". Estoy nerviosa porque tengo miedo de pisar suelo italiano y desencantarme... Porque, aunque amo esa ciudad, no voy con el mismo sentimiento de aquella vez. Al ser la primera vez que iba a Roma y, ademas, la primera vez que salía fuera de aquí de viaje, estaba emocionada. ¡Iba a cumplir un sueño que jamás creía que se haría realidad! Fui con los de clase, y ellos fueron quienes compartieron mi gran sueño conmigo. Ademas, tengo muchos recuerdos con cierta persona que ha sido muy importante para mi y que al final... Bueno, la cosa no es que esté como me gustaría y sé que los recuerdos que tengo con él allí me van a golpear de un momento a otro. Tengo la sensación de que no voy a parar de llorar en algunos momentos. Y por eso también tengo miedo. Tengo miedo de no disfrutar del todo este viaje con estas personas que son mi día a día, mis compañeros de uni y colegas. Tengo miedo de tirarme todo el día comparando este viaje con el anterior...
Pero a pesar de todo, a pesar de estos miedos, sé que me lo voy a pasar genial, porque voy a ver cosas que entonces no vi. Porque voy con gente completamente distinta a la de la última vez. Espero que el buen tiempo ayude a la hora de disfrutarlo más, que estoy segura que así será. Radiara el sol, claro que lo hará. Y tendré el ánimo por las nubes, todo lo contrario que esta primera mitad de año. Sonreiré a la vida, sonreiré a los italianos, sonreiré a la señora que vende el periódico y a esa persona que me entregará mi McMenú con cuarto de libra con queso, patatas normales y Nestea. Diré "Ciao" con una amplia sonrisa para saludar a alguien y también para despedirme de cualquier lugar. Diré "Grazie" cada vez que compre algo o pregunte alguna cosa, y sonreiré aún más cuando me respondan un "Prego" con ese acento que tanto me gusta. Intentaré aprender todo lo que pueda el idioma, aunque no es muy difícil. Patearé y me dejaré el dinero en vete tú a saber qué cosas. Supongo que lo que más haré en este viaje será sacar miles de fotos, reirme, llorar, disfrutar, cantar, sonreír, gritar de emoción si es necesario... Y como no, enamorarme un poco más de Roma. Después de un año, mi deseo en la Fontana di Trevi se va a cumplir... Vuelvo a casa por fin.
martes, 3 de julio de 2012
It's summer time
¡Sí!
¡Por fin! Por fin puedo decir... ¡HOLA VERANO! Ha costado más de
lo normal pero ahora empieza lo bueno. Empieza la mejor época del
año, esa en la que el sol resplandece y te dejas caer por la playa
para tostarte bajo tu colega Lorenzo. Esa en la que te levantas
temprano para aprovechar el día, absorbiendo el calor del sol,
inundándote de su positivismo. Época en la que te crees capaz de
todo porque te sientes llena de vida. Tiempo en el que crees que las horas son eternas y puedes cumplir todos los sueños
que has ido acumulando en tu almohada durante todo el año. Época en
la que coger la bici y echar millas mientras te ríes con tus amigos
cantando cualquier canción tonta que te haga feliz es
uno de los mejores planes que podrías tener para ese día. Temporada en la
que las fiestas son tu plan de noche y aguantas hasta el amanecer,
que ahora sale antes para brindarte su calor. Ese tiempo en el que
duermes más de día y en la playa que de noche en tu cama. Tiempo en
el que te encantaría dormir en una campa, bajo la luz de las
estrellas maravillandote de la naturaleza y disfrutando del caluroso
clima. Tiempo en el que ver un amanecer en la playa con la compañía adecuada puede ser uno de los recuerdos más maravillosos del verano. Tiempo en el que la gente tiene más ganas de enamorarse, o al
menos, pasárselo genial. Tiempo en el que sueñas con ese amor de
verano, como sucede en cualquier película americana. Tiempo de irte
de vacaciones, da igual con quién y a dónde. Simplemente, alejarte de
tu rutina y vivir nuevas aventuras. Hora
de olvidarte de todos los problemas, de liberarte de todas las
rayaduras que te han traído por el camino de la amargura durante
muchos meses. Hora
de reírte hasta que duela, y que si se llora, que sea de la risa. Hora de mandar a todo el mundo a tomar por culo y
sonreír a la vida. Tiempo de hacer locuras sin que
nadie entienda. Y, por qué no, tiempo de ser feliz :)
miércoles, 20 de junio de 2012
Como siempre
¿Recuerdas? Hoy hace un año fue el mejor día de mi vida desde hacía mucho tiempo. Lo compartí contigo desde la mañana hasta el atardecer. Viniste a despertarme para darme el primer regalo de nuestra relación. Regalo material, ya que tú mismo eras un regalo caído del cielo. Pasamos un día de risas, mimos, miradas y besos que delataban lo que sentíamos. A pesar de que estaba mi madre también en la mayoría de esos momentos, daba igual. Nos fuimos a comprar las bailarinas, ese secreto que solo tú sabías y que sería una sorpresa para mi madre. Terminamos comiendo en el Mc Donalds, como gordos, para qué cambiar. Terminamos en mi casa, como tantas veces y nos metimos en el cuarto de mi madre. Con eso de tener más intimidad y con la escusa de jugar a la play, cerramos la puerta para comernos a besos. Nos quedamos solos en casa y seguíamos igual, haciéndonos mimos y besándonos porque teníamos esa sed el uno del otro. A pesar de que volvimos a estar acompañados en casa, seguíamos encerrados en esas cuatro paredes que tuvieron una sobredosis de azúcar. Te fuiste dejándome con el corazón latiendo a mil por hora y una sonrisa que hacía que me doliera la cara. Realmente me gustabas, mucho. Quizá demasiado.
Simplemente lo escribo porque fue un día magnífico que siempre recordaré con cariño. Porque todo el día fue perfecto, y aún más cuando el día anterior habíamos tenido movida. Gracias por haber compartido aquel día conmigo.
Simplemente lo escribo porque fue un día magnífico que siempre recordaré con cariño. Porque todo el día fue perfecto, y aún más cuando el día anterior habíamos tenido movida. Gracias por haber compartido aquel día conmigo.
martes, 5 de junio de 2012
Ansiedad
Vuelvo a estar donde estaba. En ese cruce de caminos en el que no sabía que dirección tomar. Lo peor de todo, es que uno de esos caminos me llama a pleno pulmón. Ese camino que es el odio, pero que en el fondo sé que quien grita es la desesperación. Me da rabia después de todo tener que tomar ese camino mientras vuelvo a colocarme la armadura, con espada y escudo incluido. El otro camino, el cual también me llama, lo hace en susurros. Ahí está otra vez mi amiga esperanza con su amiga la ilusión. Quieren llevarme por el camino de las sonrisas, con rosas por el suelo con sus espinas incluidas para recordarme que, el camino del amor, no es tan fácil como quisiéramos que fuera.
En serio me estoy planteando pedir un rescate por mi corazón. Quemar ese mapa que me dieron al nacer, o al menos, devolvérselo a su verdadero dueño, ya que estoy segura que los caminos y carreteras marcados en él no son los de mi vida. Me estoy planteando ir a un psicólogo, ya que lo que ahora necesito no son amigos que me aconsejen sabiendo todas las historias y sabiendo como soy y qué es lo que quiero. Quizá un profesional sepa llevarme, o al menos aconsejarme, por el camino correcto y me guía como haría cualquier persona en una ciudad desconocida.
Duele pensar que estaba dispuesta a repetir el mismo dulce error, y que todavía sigo estándolo. ¿O no? No lo sé... La ansiedad no me deja pensar coherentemente, ni deja a mi corazón latir a un ritmo tranquilo ni a mis pulmones llenarse de aire puro. Me atosiga, me quema y me entierra. Me encantaría quitarme este traje de luto y el velo que hace que vea la vida de este color negro para poder sonreír al ver los verdaderos colores del paisaje.
En serio me estoy planteando pedir un rescate por mi corazón. Quemar ese mapa que me dieron al nacer, o al menos, devolvérselo a su verdadero dueño, ya que estoy segura que los caminos y carreteras marcados en él no son los de mi vida. Me estoy planteando ir a un psicólogo, ya que lo que ahora necesito no son amigos que me aconsejen sabiendo todas las historias y sabiendo como soy y qué es lo que quiero. Quizá un profesional sepa llevarme, o al menos aconsejarme, por el camino correcto y me guía como haría cualquier persona en una ciudad desconocida.
Duele pensar que estaba dispuesta a repetir el mismo dulce error, y que todavía sigo estándolo. ¿O no? No lo sé... La ansiedad no me deja pensar coherentemente, ni deja a mi corazón latir a un ritmo tranquilo ni a mis pulmones llenarse de aire puro. Me atosiga, me quema y me entierra. Me encantaría quitarme este traje de luto y el velo que hace que vea la vida de este color negro para poder sonreír al ver los verdaderos colores del paisaje.
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