lunes, 14 de septiembre de 2015

La luz de Candela


Me lo dijiste mil veces, pero yo no quería escucharlo.

- Así que me merezco a alguien mejor. ¿A quién?
- Yo no quise hacerte daño, Candela, te lo dije el primer día. Esto es lo que puedo darte. Y lo aceptaste.
- Las cosas no son así, Manuel. Que tú no quisieras hacerme daño no ha evitado que lo hicieras, ya ves. Uno no puede entrar en la vida de otra persona, ponerla patas arriba y hacer como si nada.
- Pero yo no he hecho como si nada.
- A veces sí, Manuel. Te encanta mirar para otro lado y desaparecer. Cuando las cosas se complican sueles salir corriendo, escapar; siempre lo has hecho.
- Yo hablé contigo. Te quiero, pero no puedo darte más. Te lo dije, ¿te acuerdas?
- Claro que me acuerdo. Me acuerdo de todo. De cuando me dijiste por primera vez que me querías y me acariciaste la cara con la mano. De cuando me miraste de cerca aquel día, de cuando me besaste y te tragaste mis lágrimas. De todo. Claro que me acuerdo. También de lo bueno, de lo contrario, no estaría así.
- ¿Y cómo estás?
- Al fin lo preguntas... Mal, Manuel, estoy mal. Mi corazón no entiende que te fueras, que quisieras irte.
- ¡Pero si fuiste tú quien dijo que ya no podíamos vernos más!
- Lo dije porque ya no podía aguantar más, no podía seguir consumiéndome en un amor que me estaba machacando, pero no porque dejara de quererte.
- Yo también sigo queriéndote, Candela. Pase lo que pase, siempre vas a ser especial para mí.
- Sí, pero desde lejos.
- Desde lejos...
- Adiós, Manuel.
- Adiós, Candela.

sábado, 25 de abril de 2015

Se me escapan

Ya ha llegado. 25 de Abril de 2015. Puertas indiscutibles que me llevan al amanecer de un nuevo año de vida.
En este momento, en el que faltan menos de 24 horas para que cumpla veintitrés años, miro atrás y me pongo a pensar en todo lo que he vivido con este doble dígito maravilloso que, en su día, no quería cumplir.
Los 22 llegaron en una compañía que no era la acostumbrada, en un lugar poco frecuentado que cada vez visito más. Fue aquella noche cuando empezó un año de nuevas experiencias, aventuras e historias memorables.
Los dos patitos, como se conoce popularmente esta edad, me trajeron fuerza de voluntad. También trajeron consigo una pequeña dosis de madurez para que lo mezclara con la que ya tenía guardada. Los veintidós han sido muy grandes porque me han hecho mejor.
En este año he aprendido a conformarme con lo que tengo, pero también a luchar por lo que quiero. A pasar de las situaciones que no merecen la pena. A no llorar por cualquier nimiedad como antes hacía. Que si alguien no quiere ser parte de mi vida, hay que dejarlo volar. Que segundas partes, a veces, no son buenas; pero hay veces que superan incluso a la primera. Que una oveja puede ser un lobo, y que el lobo no siempre es tan malo. Que no hace falta mucha gente para pasártelo realmente bien. Que un desconocido puede llegar a ser un pilar importante en una noche de fiesta. Que los hielos y las pajitas son muy necesarias en noches de calor y vagancia. Que los viajes, no importa con quien vayas, siempre son educativos, impresionantes y muy productivos. Que los sueños de infancia siempre terminan cumpliéndose, y nunca serás demasiado mayor para ellos.
He aprendido a que no hay que aferrarse al pasado, pero tampoco hay que olvidarlo. He tirado por la borda un peso pesado, aunque esto no quiere decir que siempre vaya a volar libre. He aprendido que la lengua no siempre es un obstáculo. Que el cariño se puede demostrar de muchas maneras. Que de ilusiones no se vive, pero sí que te alegran los momentos más difíciles. He aprendido que con esfuerzo puedo conseguir todo aquello que me proponga. 
Me he presentado a un concurso de relatos cortos del que no salí ganadora, pero del que gané en experiencia. He aprendido que el no ganar no significa que tengas que dejar de hacer lo que te gusta. Sigo pensando que la música me ha salvado la vida. Pero también sé que pegar puñetazos y patadas me alivia y alegra varios días de la semana.
He aprendido que un pequeño animal te puede sacar la mayor de las sonrisas, pero todavía sigo perdiéndola al recordar a mi mitad desaparecida. Pienso que el mayor enemigo que podemos tener es uno mismo. Pero también creo que eso se puede cambiar. Que no debo darle a nadie el poder de herirme, ni siquiera a mí misma. Que rodearse de gente que te quiere es la mejor terapia contra el mal tiempo. Que los amigos de infancia, aunque no los veas en muchísimo tiempo, seguirán siempre ahí para hacerte reír con una simple bolsita de Ketchup. Que la distancia no es el olvido y que los kilómetros se esfuman con una simple llamada.
Últimamente no estoy muy inspirada en esto de plasmar lo que quiero decir, pero una se esfuerza. Si algo he aprendido en estos dos patitos que se me escapan es que soy feliz. No a todas horas, ni en todo momento. Pero lo soy. Sólo espero que el año que viene a caer sobre mí me traiga más de lo ya vivido. Porque yo quería quedarme en los 17, pero ahora no quiero desprenderme de los 22.

martes, 7 de abril de 2015

He decidido estar sola por un tiempo

Acabo de leer este texto, y no podría estar más de acuerdo con alguien. Yo llegué a la misma conclusión no hace mucho, y me parece la más adecuada. 


"Soy de quienes piensan que las mejores cosas, momentos y personas, llegan por sí solos y cuando menos se planea. Creo firmemente que aquello que se da de manera natural, a su debido orden y tiempo, siempre crea lazos más fuertes y duraderos.
He decidido estar sola por un tiempo. Y con sola, no me refiero a aislarme de las personas, sino a aislarme del amor de pareja y las mariposas en el estómago, para concentrarme en mí y crecer como persona.
He decidido dedicar más tiempo a lo que me apasiona, a mis amigos y familia. Leer más, escribir más, bailar más, cantar más, sonreír más, ser feliz por mí misma.
Procurar verme bonita para mí, arreglarme para mí y enamorarme de mi misma.
He decidido depurarme de lo que, y quienes me hacen daño: malos hábitos, malas actitudes, malos pensamientos y personas nocivas.
He decidido dar en misma cantidad el cariño y atención que me dan. No por orgullo y mucho menos por vanidad, sino porque por amor propio, debo aprender a identificar cuando doy más de la cuenta y a cambio obtengo nada.
He decidido estar sola porque no hay nadie en este mundo que pueda hacerme más feliz que yo misma. Porque el verdadero amor comienza cuando yo me amo, y sólo entonces puedo amar verdaderamente a alguien más.
No he decidido estar sola por depresión, ni por amargada, ni porque rompieron cruelmente mi corazón, ni porque ‘’todos son iguales’’… y esto último recalcado puesto que no, no todos son iguales y tampoco yo lo soy, es por eso he decidido estar sola.
El hecho de que decida estar sola, no significa que cerraré las puertas de mi corazón; significa que esperaré el tiempo necesario hasta que esté preparada para volver a amar.
El hecho de que decida estar sola, no quiere decir que me la pasaré todo el tiempo llorando; significa que disfrutaré al máximo cada emoción mientras pueda, pues a fin de cuentas, como leí alguna vez ”¿Cómo conocerías la felicidad, si nunca experimentas la tristeza?’’
El hecho de que decida estar sola, no quiere decir que no tengo la madurez para tener una relación estable; significa que tengo madurez de sobra para saber que un  amor sincero no se busca como un loco, sino que ambas personas se encuentran en el momento indicado y entonces todo surge.
He decidido estar sola, porque no hay peor cosa que una persona que le teme a la soledad. Porque estar sola no es ser una persona apática, sino una persona que aprende a conocerse a sí misma y de este modo se relaciona con personas que valen la pena.
Buscar a alguien para llenar tu soledad, es de las peores cosas que puedes hacer. Temer a la soledad, es la muestra más clara de miedo y disgusto hacia ti mismo, a quien eres. Es no saber que la felicidad se encuentra en ti, y no en otras personas u objetos.
Cuando estas con alguien sólo para no sentirte solo, terminas lastimando a esa persona y engañándote a ti mismo; porque no te unió a ella una atracción sincera y mucho menos el verdadero deseo de compartirle tu felicidad.
He decidido estar sola porque deseo sanar mis heridas, deseo rescatar mi esencia y construir mi propia felicidad para después compartirla con alguien más, que también se ame a sí mismo cuando está solo.
Quiero estar sola por decisión propia… porque pretender olvidar a una persona con otra, o pretender buscar consuelo al vacío que a veces se suele sentir, es el camino adecuado para terminar estando verdaderamente sólo, sin siquiera tenerte a ti mismo en el proceso.
Estoy sola porque sé que cuando vuelva a enamorarme, será de la manera más sincera… y no sólo por despecho o por  miedo a mí sin ti.
Escrito por: Mayeli Tellez"

jueves, 1 de enero de 2015

Adiós al 2014

Como cada año, aquí estoy un 31 de diciembre más. En menos de media hora se me van estos 12 meses, esos 365 días en los que he vivido grandes cosas. Y sobre todo, se me va un año increíble en el que he aprendido mucho.
La nochevieja del 2013 fue muy atípica. Con mis neskis, algunos compañeros de la uni. No queda constancia de aquella noche más que algunos vídeos chorras en los que no aparezco. No hay fotos, y tampoco hubo bailes. Pero eso no quita que me riera con mis acompañantes. La vuelta a casa antes de tiempo por el increíble vacío estomacal que tenía, y las sobras de la cena que desaparecieron en tres diferentes estómagos.
El año comenzó, como otros tantos antes, sin mucho cambio en la vida de una servidora. Estudiar y más estudiar. Pero a partir de marzo las cosas empezaron a moverse de una u otra forma, comenzando así una etapa movidita aunque productiva. La asignatura pendiente del año anterior volvió a aparecer para, como el año anterior, pasar de largo al de un tiempo. Dicen que  "segundas partes nunca fueron buenas", pero tampoco es bueno quedarse con las ganas.
Entre tanto, mi 22 cumpleaños llegó. No quería cumplirlos entonces, y ahora no quiero desprenderme de ellos. Empezaron en compañía de gente con la que no suelo estar, en ese irlandés que tantas veces he pisado en estos últimos años. Nunca olvidaré la ida a Bilbo en coche con uno de mis mejores al volante, y la llamada de atención de los municipales. Así como el control de la vuelta cuando íbamos en busca de la tortilla perfecta. El festejó siguió al día siguiente con esa mafia que considero otra familia: mi unipeople. Aquella canción que me dedicaron en el bar, aunque no fuera "Bandolero", pero que tanto significa para nosotros. Y no puedo pasar por alto el arte de mis primos para felicitarme.
El mes de mayo llegó acompañado de los exámenes de universidad. Esos que, por primera vez, aprobé a la primera y me permitieron tener vacaciones un maravilloso día 17. Cerveza en mi rincón favorito de la tierra viendo un precioso amanecer. ¿Conocéis una mejor manera de empezar las tan ansiadas vacaciones de verano? Yo no.
Y ahí todo empezó, siguió, o como queráis llamarlo. Fiestas de Leioa, con sus historias tanto buenas como no tan buenas. Jaias de Sope, y aquella rutina del verano anterior vino a estar presente para ayudarme un poco con los futuros gastos que agosto me traería. Entre fiesta y fiesta, los días iban pasando raudos y veloces.
Descubrimos nuevas fiestas (descubrir AKA ir a disfrutar de ellas) de las que me proclamo FAN INCONDICIONAL. Mano a mano con mi compi perfecta, noche tras noche sin fallar casi ninguna. Por los motes de esas nuevas personas que "aparecieron" en nuestra vida, para bien o para mal. Por las risas incontroladas que nos hemos podido llegar a echar durante todo el verano. Sin ella todo hubiera sido distinto, así que espero que mi pollito no me falte nunca.
Y entonces llegó. Vuelta a la tierra de mis amores, vuelta a Italia. Aquella semana que pasé entre Florencia y Venecia, con sus respectivas visitas a Pisa y Verona, fue una de las mejores semanas de mi vida. Comenzó con la superación de un "bache", por llamarlo de alguna manera. Derribé una puerta importante en mi vida, y me siento muy orgullosa por ello. Me empapé de arte por todas partes, y las ganas que tengo de volver son inaguntables. Pero todo llegará, y volveré para enamorarme un poquito más.
Vuelta a tierras vascas para seguir mano a mano de fiesta con la gente de mi al rededor. Tiempo en el que el orgullo salía a relucir a la vuelta de cambio. Tiempo en el que las risas estaban aseguradas. Tiempo que, tras la Aste Nagusi de Bilbo, se esfumó como lo hace el humo de una chimenea en invierno.
Septiembre y su vuelta al cole. Vuelta con sus más y sus menos. Con la alegría al pensar que puede ser mi último año de carrera, pero con la idea de que todavía me queda todavía uno más. Pero todo se verá. Como muchas veces digo, las cosas menos esperadas a veces suelen ocurrir. Y ya me han ocurrido algunas de ellas, por lo tanto...
No estoy muy contenta de cómo he descrito este año que ya se nos ha ido. Sí, ya estamos a 2015. De hecho, ya llevamos 13 minutos en él. Es la primera vez que escribo a todo correr una entrada de este tipo, pero es que me ha sido imposible en el día de hoy sentarme delante del ordenador para rememorar este INCREÍBLE año.
Sólo me queda decir gracias. GRACIAS a todas aquellas personas que, de alguna manera, habéis hecho de este año 2014 algo memorable. Por aquellos que siempre estuvisteis y a los que no os vi tanto. Por ser la mejor compañía a la hora de crear nuevos recuerdos y sumarlos a otros tantos. Por correros las mayores juergas a mi lado, o sentaros en cualquier sitio a tomar algo tan simple como un Nestea. Por sacarme las sonrisas más sinceras y las carcajadas más sonoras, así como hacer callar al mínimo llanto que quisiera salir de mi garganta. Por ser partícipes de las historias más inverosímiles en la vida de una servidora. Por esto y muchísimo más, a todas esas personas que habéis aportado algo a este año que se nos escapa, GRACIAS. Espero que no me faltéis este 2015 que ha entrado con ganas, pero más importante aún: no me faltéis nunca.
Como siempre, pedir al nuevo año lo mismo que el anterior. Que no me falte mi gente, algunos viajes de esos que me encantan (aunque ya sé que tengo dos viajes en estos primeros tres meses que me van a volver loca de la emoción). Que los deseos que he pedido se cumplan, aunque según mi madre se van a cumplir ya que se han quemado completamente. 
Gracias 2014 por ser un año memorable, en el que he madurado un poquito más. En el que he crecido como persona, he reído a más no poder, he bailado hasta quedar agotada, alguna que otra lagrimilla ha caído porque, como se suele decir: no puedes ver el arcoiris sin un poco de lluvia. Y a ti, 2015, bienvenido.