¿Recuerdas? Hoy hace un año fue el mejor día de mi vida desde hacía mucho tiempo. Lo compartí contigo desde la mañana hasta el atardecer. Viniste a despertarme para darme el primer regalo de nuestra relación. Regalo material, ya que tú mismo eras un regalo caído del cielo. Pasamos un día de risas, mimos, miradas y besos que delataban lo que sentíamos. A pesar de que estaba mi madre también en la mayoría de esos momentos, daba igual. Nos fuimos a comprar las bailarinas, ese secreto que solo tú sabías y que sería una sorpresa para mi madre. Terminamos comiendo en el Mc Donalds, como gordos, para qué cambiar. Terminamos en mi casa, como tantas veces y nos metimos en el cuarto de mi madre. Con eso de tener más intimidad y con la escusa de jugar a la play, cerramos la puerta para comernos a besos. Nos quedamos solos en casa y seguíamos igual, haciéndonos mimos y besándonos porque teníamos esa sed el uno del otro. A pesar de que volvimos a estar acompañados en casa, seguíamos encerrados en esas cuatro paredes que tuvieron una sobredosis de azúcar. Te fuiste dejándome con el corazón latiendo a mil por hora y una sonrisa que hacía que me doliera la cara. Realmente me gustabas, mucho. Quizá demasiado.
Simplemente lo escribo porque fue un día magnífico que siempre recordaré con cariño. Porque todo el día fue perfecto, y aún más cuando el día anterior habíamos tenido movida. Gracias por haber compartido aquel día conmigo.
Un lugar donde escribir todo lo que siento en cada momento. Desahogarme cada vez que lo necesite. Un sitio donde poder escribir lo que quiera sin temor a que nadie lo lea y lo utilice en mi contra. Mi trocito de cielo.
miércoles, 20 de junio de 2012
martes, 5 de junio de 2012
Ansiedad
Vuelvo a estar donde estaba. En ese cruce de caminos en el que no sabía que dirección tomar. Lo peor de todo, es que uno de esos caminos me llama a pleno pulmón. Ese camino que es el odio, pero que en el fondo sé que quien grita es la desesperación. Me da rabia después de todo tener que tomar ese camino mientras vuelvo a colocarme la armadura, con espada y escudo incluido. El otro camino, el cual también me llama, lo hace en susurros. Ahí está otra vez mi amiga esperanza con su amiga la ilusión. Quieren llevarme por el camino de las sonrisas, con rosas por el suelo con sus espinas incluidas para recordarme que, el camino del amor, no es tan fácil como quisiéramos que fuera.
En serio me estoy planteando pedir un rescate por mi corazón. Quemar ese mapa que me dieron al nacer, o al menos, devolvérselo a su verdadero dueño, ya que estoy segura que los caminos y carreteras marcados en él no son los de mi vida. Me estoy planteando ir a un psicólogo, ya que lo que ahora necesito no son amigos que me aconsejen sabiendo todas las historias y sabiendo como soy y qué es lo que quiero. Quizá un profesional sepa llevarme, o al menos aconsejarme, por el camino correcto y me guía como haría cualquier persona en una ciudad desconocida.
Duele pensar que estaba dispuesta a repetir el mismo dulce error, y que todavía sigo estándolo. ¿O no? No lo sé... La ansiedad no me deja pensar coherentemente, ni deja a mi corazón latir a un ritmo tranquilo ni a mis pulmones llenarse de aire puro. Me atosiga, me quema y me entierra. Me encantaría quitarme este traje de luto y el velo que hace que vea la vida de este color negro para poder sonreír al ver los verdaderos colores del paisaje.
En serio me estoy planteando pedir un rescate por mi corazón. Quemar ese mapa que me dieron al nacer, o al menos, devolvérselo a su verdadero dueño, ya que estoy segura que los caminos y carreteras marcados en él no son los de mi vida. Me estoy planteando ir a un psicólogo, ya que lo que ahora necesito no son amigos que me aconsejen sabiendo todas las historias y sabiendo como soy y qué es lo que quiero. Quizá un profesional sepa llevarme, o al menos aconsejarme, por el camino correcto y me guía como haría cualquier persona en una ciudad desconocida.
Duele pensar que estaba dispuesta a repetir el mismo dulce error, y que todavía sigo estándolo. ¿O no? No lo sé... La ansiedad no me deja pensar coherentemente, ni deja a mi corazón latir a un ritmo tranquilo ni a mis pulmones llenarse de aire puro. Me atosiga, me quema y me entierra. Me encantaría quitarme este traje de luto y el velo que hace que vea la vida de este color negro para poder sonreír al ver los verdaderos colores del paisaje.
domingo, 3 de junio de 2012
Te he echado de menos
No queda mas que tú, no queda mas que yo en este extraño salón. Sin nadie que nos diga dónde, cómo y cuando nos besamos. Tenía ganas ya de pasar junto a ti unos minutos soñando, sin un reloj que cuente las caricias que te voy dando. Juramento de sal y limón, prometimos querernos los dos.
Quiero que siga así, tu alma pegada a mi mientras nos quedamos quietos dejando que la piel cumpla poco a poco todos sus deseos. Hoy no hay nada que hacer, quedémonos aquí contándonos secretos, diciéndonos bajito que lo nuestro siempre se hará eterno. Fantasía en una copa de alcohol, prometimos volver a vernos. Silencio... Que mis dedos corren entre tus dedos y con un suave desliz hago que se pare el tiempo.
Te he echado de menos todo este tiempo. He pensado en tú sonrisa y en tú forma de caminar. Te he echado de menos he soñado el momento de verte aquí a mi lado dejándote llevar.
Quiero mi juramento de sal y limón y mi fantasía en una copa de alcohol. Porque yo también te he echado de menos.
Quiero que siga así, tu alma pegada a mi mientras nos quedamos quietos dejando que la piel cumpla poco a poco todos sus deseos. Hoy no hay nada que hacer, quedémonos aquí contándonos secretos, diciéndonos bajito que lo nuestro siempre se hará eterno. Fantasía en una copa de alcohol, prometimos volver a vernos. Silencio... Que mis dedos corren entre tus dedos y con un suave desliz hago que se pare el tiempo.
Te he echado de menos todo este tiempo. He pensado en tú sonrisa y en tú forma de caminar. Te he echado de menos he soñado el momento de verte aquí a mi lado dejándote llevar.
Quiero mi juramento de sal y limón y mi fantasía en una copa de alcohol. Porque yo también te he echado de menos.
sábado, 2 de junio de 2012
Confusión
Ya no sé a donde voy, cual es mi propósito del año, cual es mi lugar en este mundo. Ya no sé quién soy ni quién es esa sombra oscura que me pisa los talones allá donde vaya. Ya no estoy segura de mis ideas, esas que pensaba tener tan claras como un día de verano. Ya no sé qué fue de esa chica que vivía conmigo desde hacía tantos años, ni dónde está esa chica de hace apenas un mes que parecía saber a donde iba y cual era el final alternativo que tenía en mente. ¿Qué fueron de esas palabras que formaban frases que parecían perfectas aquél día de frustración y enfado? ¿Qué fue de los propósitos de ser fuerte y seguir adelante? Puede que hicieran mella en mí, puede que consiguieran hacerme creer esa realidad que me inventé para no sufrir. Puede que ese muro que empecé a construir a base de ladrillo, adobe y hormigón haya llegado a su culmen y ahora no me deje ver más allá de la gran muralla que rodea mi vida. No lo sé. En serio digo, que no sé absolutamente nada. Solo sé que estoy perdida. Que busco y no encuentro una respuesta a ninguna de mis preguntas. Que me atosiga despertarme cada mañana, mirarme a la cara y no reconocerme del todo. Porque esos dos ojos con los que vemos la vida, me parecen nublados, me parecen sin vida. Hace apenas un mes creía tenerlo todo claro. Había tomado una decisión y pensaba que sería capaz de llevarla a cabo. Ahora mismo, creo que lo he conseguido. Bueno, o eso intento creer o descreer. Quiero saber exactamente como estoy, como está mi órgano preferido (ya que es el que me mantiene con vida) y como está mi cabeza pensante. El primero sé que está herido, pero todavía late. Parece que sigue vivo, aunque comparado conmigo, cualquier cosa está más viva. Mi cabeza está agotada de funcionar a ritmos desbocados las 24 horas del día, ya que cuando duermo, a pesar de no enterarme, sigue trabajando. Me gustaría darle un descanso y que el corazón me sacara adelante. Pero siempre van de la mano a pesar de la distancia que los separa. A veces me gustaría que mi cabeza fuera la única responsable de mis actos. Siendo egoísta, fría y calculadora. Puede que así las cosas fueran mucho mejor. En los casos que no sabemos qué dirección tomar, la gente nos dice: “Escucha a tu corazón” o “No pienses demasiado las cosas, porque es peor”. Sí, tienen razón. Pero qué haces cuando ni tu corazón ni tu cabeza se ponen de acuerdo, y no exactamente como le pasa a la gente normalmente. Tu cabeza te dice que sí, o por lo menos te hace creer esa afirmación, y tu corazón te dice: “Ya no puedo más”. ¿A quién hacerle caso? ¿A la razón o al corazón? En estos momentos si hiciera caso a mi cabeza, esa que piensa por mi y por mi bien estar, después traería consecuencias y una guerra que no sé si podré volver a soportar. Las consecuencias serían un posible corazón alterado durante un periodo de tiempo, y quién sabe, otra vez trocitos de él. A lo que luego la cabeza vendría para meter el dedo en la yaga y decir: “Ya te lo avisé en su día”. Sí, es contradictorio que lo que ahora te dice “Sí” después te venga con esa puñalada en la espalda.
Mis pies están cansados de andar el mismo camino, pero sé que correrían otra vez por las mismas montañas y volvería a tropezarme con la misma maldita piedra. Mi cuerpo, con los moratones todavía candentes, está agarrotado y destrozado, pero sé que le encanta tener nuevos rasguños porque es así de masoquista. Mis manos, supuestamente delicadas, están magulladas y sucias de tanto levantar el peso de mi cuerpo del suelo, pero sé que siempre tendrán esa fuerza para impulsarme y mantenerme en equilibrio.
Me gustaría tener las cosas claras, lo juro. Pero esta confusión constante me está matando. No sé que siento, no sé si lo que mi cabeza me dice es lo correcto y si hacerle caso a mi corazón será lo mejor para el cuerpo y el alma. Porque sé que si tomo una mala decisión, todo será como caer de un alto barranco: largo y doloroso. Me gustaría tener las cosas claras, como los egipcios con su vida en el más allá. Una idea en la que creían firmemente y nada ni nadie iba a cambiarla. Me gustaría tener esto tan claro como que la música es mi vida, y que sin ella moriría. Ojalá tuviera las cosas tan claras como las tenía en Diciembre, cuando hacía lo imposible para que mi rutina no cambiara o para que todo volviera como antes. Dicen que el tiempo lo cura todo, y creo que lo he notado hoy. Aunque, en el fondo, sé que todavía hay algo que duele. Pero esa muralla, que más bien es una cárcel de los sentimientos, no deja que salga para no sufrir de nuevo. También dicen que el tiempo pone todo en su lugar. A ver si el tiempo me encuentra y me redirige a mi camino, porque el gato de Alicia me ha abandonado, y el mapa que me dieron al nacer creo que lo he seguido toda mi vida al revés.
Quizá lo que necesito sea más tiempo... No lo sé.
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