Hoy, 22 de Noviembre, es un día especial para los que son como yo. Hoy es Santa Cecilia, patrona de los músicos. Cada 22 de Noviembre es un día en el que todos los que tocamos un instrumento tenemos una audición, y si no es el mismo día, es pocos días antes o después de dicha fecha.
Yo creo que es bonito que tengamos un día para nosotros, pero los que realmente sentimos la música y vivimos por ella, celebramos el día de los músicos, el día de la música o Santa Cecilia, diariamente.
En un día como hoy sobran las palabras, y la música es la mejor para expresar lo que se siente. En un día como hoy, yo tengo dos canciones que plasman a la perfección lo que siento por la música. Una de ellas se llama "Vivo por ella", que es bastante conocida. La otra se llama "Musica", está en italiano y es preciosa. Las frases que más destacaría de cada una de las canciones son:
"Musica è il mio amore, il primo e l'ultimo. Musica è il futuro ed il passato in me."
Y, la que siempre me pone la piel de gallina, la que cuando canto la canción rompo a llorar...
"Si hubiese otra vida, la vivo por ella también. Ella se llama música."
Un lugar donde escribir todo lo que siento en cada momento. Desahogarme cada vez que lo necesite. Un sitio donde poder escribir lo que quiera sin temor a que nadie lo lea y lo utilice en mi contra. Mi trocito de cielo.
jueves, 22 de noviembre de 2012
Cansada
Estoy cansada.
Estoy cansada de correr en esta carrera que es la vida. La gente
corre más rápido que yo y a mi nunca me ha gustado perder. Pero
estoy demasiado cansada, tanto física como mentalmente. Siento que
no puedo seguir con este ritmo desbocado, que prefiero coger una
bicicleta e ir como una loca cuesta abajo en vez de correr cuesta
arriba.
No sé por qué
hoy he roto a llorar de esta manera tan tonta. Hoy es uno de esos
días en los que lloro porque sí, en los que gritar me parece la
única opción. No sé si es por los nervios que voy acumulando y que
nunca saco, o porque cualquier respuesta que me dan en una situación
fuera de lo común me trastoca y me rompe.
He tenido que
salir a la calle. Me ahogaba en mis propias cuatro paredes. No sé si
será por el frío o por qué, algo me he relajado. Pero recordar
ciertas cosas y, sobretodo, esa compañía nocturna, no ayudaba
mucho. He llegado al lugar donde tantas veces he derramado más de
mil lágrimas en mas de mil y una noches. Y hoy no ha sido excepción.
Al final, he terminado llamando a una persona que vive cerca de
donde estaba porque necesitaba un abrazo. Pero no me ha cogido. Así
que, como siempre y teniendo en cuenta que estaba preocupada, he
llamado a mi diario personal. Y ahí el grifo se ha vuelto a abrir,
entre lloros y gritos, me he ido relajando. Al final, y porque la
mano se me estaba quedando helada, he ido subiendo poco a poco a casa
con un único pensamiento en la cabeza.
"Que la estrella
fugaz que he visto me cumpla el deseo, por favor."
sábado, 10 de noviembre de 2012
Hasta que nos volvamos a tropezar
Ayer me pasó
algo que me hizo pensar el título de esta entrada.
Estaba yo en la
biblioteca cuando de repente un chico se tropezó con mi mochila.
Evidentemente, mi primera reacción fue la de ver si estaba bien, y
mi cara reflejaría a la perfección la preocupación que sentía en
ese momento. Lo que más me alucinó fue que él dijo
“Perdón” antes de que yo lo hiciera. Solo pude responder un “No,
no, tranquilo”. Se marchó y yo empecé a reírme con una amiga. La
situación, después de ver que no había pasado nada grave, era muy
cómica. Para que nos vamos a mentir, cualquiera se hubiera reído.
De vuelta a la normalidad, el chico volvió a pasar por mi lado
diciendo con una sonrisa: “Querías matarme, ¿eh?” a la vez que
me daba unos golpecitos en el hombro, a lo que respondí con una
tonta risita diciéndole que no. Me fui a clase pensando que ya nunca
volvería a verle. Cual fue mi sorpresa encontrármelo en la parada
del bus, aunque no se subió.
Aquello me hizo
pensar en toda la gente que conozco. En como las relaciones se
enfrían, en como dejamos de hablar los unos con los otros. Cómo
siempre hay una persona que se acuerda más de otra y, cómo dos
personas no se hablan si una de ellas no lo hace primero. Me hizo
pensar en esas personas que jamás hubieras pensado que ya no
estarían a tu lado, en aquellas con las que hablabas a diario y
decías que jamás las abandonarías. Esas a las que les contabas
todo y eran necesarias en tu día a día. Esas personas con las que
pasabas la mayor parte de tu tiempo y después todo cambió para que no os
vierais nunca.
También me he
acordado de que hay con mucha gente con la que no suelo estar, y que
cuando nos juntamos por una razón u otra, hablamos como si no
hubiera pasado el tiempo y prometemos que tenemos que quedar. Sí,
esa frase que los más adultos repiten más de una vez y nunca lo
terminan por cumplir. Esa frase que se está colando entre nosotros.
Luego hay otras personas, esas que eran importantes a más no poder
para ti, con las que te encuentras muy de vez en cuando. A esos
momentos los llamo yo “encuentros fortuitos”. Esos encuentros que
son tan inesperados que van acompañados por la frase “no me lo
puedo creer”. A veces no son de tu agrado, a veces crees que no lo
son pero en el fondo sí y, otras veces, quisieras que no se
hubieran formulado.
Por eso, he
llegado a la conclusión de que la última vez que nos veamos no será
un “Adiós” y ni siquiera un “Hasta luego”, porque el azar o
el destino puede cambiarlo todo en un momento. A partir de ahora, será
un hasta que nos volvamos a tropezar.
sábado, 3 de noviembre de 2012
Roma, capital de Italia
Para mi no sólo es eso. Para mi es
infinito amor. Es una ciudad que cumple con creces todas mis
expectativas. Es la ciudad que ha cautivado mi corazón. Todo empezó
con los libros de Federico Moccia, siguió con el viaje de 2011 y se
ha clavado aún más en este viaje de 2012.
Es una ciudad a la que volvería
siempre, año tras año, como cuando vas al pueblo en verano. Es una
ciudad que me roba el aliento, me altera el corazón y hace que se me
salten las lágrimas. Es una ciudad de la que enamorarse,
ilusionarse... Llenarse de vida.
Es ese rinconcito del mundo en el que
quiero estar, necesito estar.
Ese lugar en el que pones un pie y todo, por mal que vaya, cambia
para bien. Te sientes mejor, te sientes guapa, te sientes
verdaderamente libre. Lugar de risas, sonrisas y lágrimas. Espacio
en el que te llenas de cultura y pasión.
No
podría describir con palabras lo que siento cuando pienso en Roma,
lo que siento cuando estoy allí. Es pura paz. Es un sentimiento tan
puro que debería de ser pecado. La sonrisa no se borra de la cara,
los pies aunque estén destrozados de tanto andar no se quejan y los
madrugones no suponen un problema.
La
gente dice que estoy obsesionada con esta ciudad, pero todos ellos se
acuerdan de mí cuando ven algo de allí o de Italia. Qué queréis
que os diga... Simplemente, amo esta ciudad.
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