jueves, 29 de diciembre de 2011

Ilusión y esperanza

Ilusión y esperanza. Dos únicas palabras que nos hacen funcionar de una manera distinta. Dos palabras que nos hacen pensar que todo puede ser posible en esta vida, cuando lo imposible es lo que realmente predomina. La ilusión siempre está con nosotros, desde que somos muy pequeños. Ilusión significa querer darlo todo por cumplir tu sueño de ser un gran artista. De ser ese cantante de rock que tanto te gusta. Ilusión es lo que pones cada vez que te dan una nueva partitura. Ilusión es algo que ves en la cara de los pequeños cada Navidad, cuando se acuestan sabiendo que al día siguiente el gordo mágico les va a traer sus regalos. Ilusión es lo que hay en una persona cuando empieza un nuevo proyecto, o una nueva relación. Esperanza significa no darlo todo por perdido. La esperanza siempre esta ahí, acompañándote cuando esperas por saber una nota de un examen importante. La esperanza, aunque no quieras, siempre te dice que has aprobado. Esperanza, dicen, es lo último que se pierde. Algunas veces desearía que fuera lo primero que se perdiese.
Pero lo peor es cuando esas dos únicas palabras se unen para formar un torbellino de emociones en tu interior. Lo peor es cuando se juntan después de una ruptura. Porque mantienes la esperanza de que él volverá corriendo y te arropará entre sus brazos. Porque ese rayito de luz que es la esperanza, te dice que todo saldrá bien. Que volverá y te querrá como nunca antes. Y ahí entra su compañera la ilusión. Esa que te hace sonreír cuando piensas en ese momento que tanto esperas. Te ilusionas con cada palabra que te dice en una conversación insustancial. Te ilusiona cada sonrisa suya, aunque sabes que puede ser por cualquier cosa. Te ilusionas tanto, que hasta sueñas con él y su regreso. Y mientras la ilusión va inundando tu mente, la esperanza va creciendo en tu interior. Y tú, pobre ingenua, te lo vas creyendo más y más. Te sientes invencible, aunque en el fondo estas luchando por no rendirte ante esas dos palabras que, al fin y al cabo, sabes que te van a hacer daño. Te sientes capaz de decirle a esa persona de todo, de actuar de una manera concreta para que todo acabe siendo como en una película. Para que tu final feliz resulte como en tu cabeza, simplemente perfecto.
Son solo dos palabras, pero su poder es increíble. Te puede fortalecer, pero también te pueden hundir. Por eso, siempre es mejor no ilusionarse y esperanzarse a la velocidad de la luz. Pero es algo que no podemos controlar. Por mucho que te digas a ti misma: "Ni se te ocurra mantener la esperanza", la mantienes. Porque así es el ser humano, demasiado sensible, demasiado débil. Pero a pesar de ser capaz de destruirte, sin la ilusión y la esperanza no tendríamos nada por lo que luchar. No tendríamos esa ilusión de hacer cosas nuevas, de vivir nuevas experiencias, de conocer a gente nueva... De ser felices.
Por eso, nunca te des por vencido, nunca te rindas... Y sobre todo, no pierdas la ilusión y la esperanza.

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