Hoy hace un mes de aquel día en el que mi rutina cambió para dar un giro inesperado, o no tan inesperado. Se me ha pasado el tiempo muy deprisa, y eso no me gusta. Ha sido un mes... ¿Raro? Sí, llamemoslo así. Los primeros días de este mes que ha pasado desde entonces no era yo. De hecho, llevaba sin ser yo unas semanas más, pero eso fue lo que terminó por enterrarme. La semana siguiente a aquel día fue de lo más subrealista, no tenía que haber sido de aquella manera después de todo, aunque yo estaba encantada a la vez que confundida. Aquel domingo fue destructor. Yo no estaba en este mundo. Pasó otra semana que, a mi parecer, me costó más a la vez que menos, ya que tenía a esas personas que me hacían olvidar cuando estaba con ellas. Un jueves, fiesta tras un gran partido. Viernes, de lo más raro ya que no era mi gente, pero no me sentía del todo mal. Y con una noche la mar de movidita. Sábado, espectacular. Y, por fin, domingo. Una noche como las de antes, aunque era algo extraño después de todo. Una semana más hasta que volví a ver a esa persona en concreto con mi gente. De lo más raro, ya lo decía yo. Madrugada con su mañana y su tarde en su compañía, como si nada hubiera cambiado. Como si todo fuera como siempre, él y yo contra el mundo. Llegamos al día de ayer, día que tuvo un gran comienzo pero que terminó como otras veces. Dando un giro de 180º para volver a ponerlo todo como siempre.
Hoy, un mes después y viendo como he estado, no quiero volver a ser esa persona de hace un mes. No quiero volver a estar apagada, sin sonrisas en mi cara, con las lágrimas mojando mis mejillas. No. Con lo orgullosa que soy y lo poco que lo estoy sacando. Este tiempo he estado genial, porque era lo que yo quería. Tenía las cosas claras. Pero siempre vuelve esa marejada que hace que me maree en este barco tan inestable. Se acabó.
No quiero ser como esa foto de aquel día, una cara con una sonrisa pero que se ve borrosa, con una mano inconfundiblemente clara. Una mano que tapa lo que de verdad soy. Una mano que evita que siga adelante, una mano que me empuja a la oscuridad. No, lo siento pero me niego. Cuando las cosas estén claras, entonces veremos que pasa. Tengo clara una cosa... Yo tengo las riendas de esta cuadriga que es mi vida. Por mucho que lleve a los caballos desbocados, pienso ganar esta carrera. Superaré todas las tormentas de arena, incluso limpiaré el objetivo de la cámara que me enfoca para que no salga borrosa o difuminada. Lo siento, pero mi sonrisa se tiene que ver bien clara.

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