Por que sí, la vida te da palos. Y, sí, también te pone piedras en el camino. Pero, ¿sabes qué? Con esas piedras y esos palos puedes hacer una fogata. Una fogata en la que quemar todo lo malo. Quemar esas pesadillas que te atormentan, esos miedos que no te dejan avanzar. Y, por qué no. Quemar todo lo que te hace daño. Personas, situaciones, palabras, mentiras... Todo lo que sufres y te gustaría no sentir.
El fuego de esa fogata son los amigos. Esos que están ahí, en lo bueno y lo malo. Esos que hacen lo que sea por verte sonreír, por hacerte reír. Por devolverte a la vida, a TU vida. Esos amigos que cuando les dices que estás mal te llaman de la misma y con un simple "¿Sabes qué? Mañana salgo por ti" te suben el ánimo sin que se den cuenta. Esos amigos que a pesar de no verlos te siguen apoyando desde la distancia, hablándote casi a diario para saber como estás. Esos amigos, que a pesar de que te separen unos pocos kilómetros o 999km justos, los sientes contigo cada vez que hablas con ellos y te hacen reír. Esos amigos que cuando les pides un abrazo vienen desde su casa para dártelo y pasar aunque sea una hora contigo, recordando viejos momentos. Esos amigos que te sacan de fiesta, y sobre todo, esos que te obligan a salir porque si no te matan.
Algunas veces se te pasa y no avivas esa llama, ese fuego que te mantiene caliente en los días más fríos. Pero, a pesar de todo, siempre quedan cenizas o una pequeña llama que puede arrasar con lo que haga falta. Ademas, ese fuego te alumbra, tanto el camino de la vida como a ti misma. Ese fuego te realza, te hace sentir viva. Y, ¿sabéis qué? Por esas cenizas o esa pequeña llama merece la pena ser feliz. Y, aunque ya lo sabías, te das cuenta de que, ese fuego, es tu vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario