Hace tiempo que quiero escribir esta entrada y, de hecho, el 24 de enero hice un borrador en el que sólo constaba el título. Me adelanté, y tuve que borrarlo.
Jamás imaginé que mi deseo de cuando era una enana me iba a costar tanto realizarlo. Casi tres largos años, en los que iba y venía apareciendo por la autoescuela cual fantasma de las navidades pasadas. Hasta que una amiga me obligó, como quien dice, a presentarme al examen. Ese que me daba tanto terror. Ese que aprobé más que sobrada.
Luego llegaron las prácticas y la excitación. Puto vicio rutinario. Las risas con el profesor y esas conversaciones que, sacadas de su contexto, hacen pensar peor que mal. Y, sobre todo, esa confianza que tendría con un familiar. Esas dos horas diarias que se pasaban volando a una velocidad de 120km/h. Días que mantenía en secreto a los míos.
Este secreto a llegado a su fin, y ya iba siendo hora. Llevo callándome la alegría desde el 23 de Noviembre. Mi amiga Santa Cecilia fue una buena patrona aquel día 22 en el que me embarqué en esta nueva aventura acompañada de mi amiga del alma de la infancia.
Y aquí estoy. Tres intentos después, siguiendo los pasos de mi madre, esperando a que me den mi carnet provisional. Ese que me dará un poquito de libertad cada vez que la necesite, incluso cuando llueva. No veo la hora de poder coger el coche e irme a las playas a ver atardecer con la compañía de un buen libro y buena música.
La verdad, cuando puse mi cabeza a pensar en cómo sería esta entrada, me imaginaba que sería una de esas en las que me explayo y no paro de escribir todo lo vivido. Pero la verdad, es que no me salen las palabras. Será que estoy agotada. Pero, aunque no es el resultado que esperaba, aquí está otro capítulo de mi vida que sólo acaba de empezar. Y espero que no termine.
Hoy me siento una L de "Lo conseguí"
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