lunes, 13 de febrero de 2017

16 pañuelos y muchas lágrimas

"Han sido un placer todos estos años contigo"  y un abrazo en el que sigo llorando como si no hubiese un mañana. Y es que hoy es un día triste.
13 de febrero de 2017, quién me iba a decir a mí que esto tendría fecha de caducidad. Una real. Hacía tiempo que se mascaba la tragedia. Ese pensamiento que jamás pensé que tendría llevaba mucho rondando por mi cabeza. Y al final ha podido conmigo. 
Este curso, musicalmente hablando, no ha sido el mejor. No tenía ganas, me gustaba pero no me apasionaba lo que tocaba, ensayar era un suplicio que me aburría. No había chispa. Y mi motivación se encuentra en estudiar para ser guía. Qué le voy a hacer. A veces hay que poner en primer lugar las prioridades. Y así ha sido.
Hoy, tras 15 años tocando el piano, he tomado la amarga, dura y puta decisión de dejar de ir a clase, de sufrir esos nervios horrorosos antes de una audición, de las manos sudadas y el tembleque y pulso acelerado. Me he ido por la puerta de atrás. Jamás pensé que sería de este modo.
Hace 6 años creía que lo tenía que dejar por una fuerza mayor. Pensaba que iba a vivir en Vitoria ya que allí estudiaría la carrera. En aquella ocasión también lloré, y mi madre lloró. Me iba a despedir de mi querido piano con una audición en la que tocaría Hijo de la luna, una de mis canciones favoritas, acompañada de una flauta travesera, un violín y un violonchelo. La audición perfecta, el broche de oro para una etapa que pensaba que se acababa. Pero no fue así.
Seguí tocando, compaginando horarios terribles para poder seguir con mi pasión. Y lo conseguí. ¿Cómo iba a dejar mi vía de escape? ¿Mi arma contra el mundo, mi escudo favorito? Dúos, solos, partituras que eran infumables que después se convirtieron en divertidas, piezas románticas de las que Amaia decía que eran mis favoritas, porque yo era así. 
Muchas notas han pasado por debajo de estos dedos que se deslizaban por un mundo en blanco y negro para crear en mi cabeza nuevos colores. Sonidos de todo tipo. Ensayos desafinados en casa para poder llevar un trabajo medianamente bueno a la clase siguiente. Las broncas, las risas, la complicidad, esos "¡Te voy a matar pero hasta que te mueras!" acompañados por un manotazo por no poner el dígito correcto y que tanto me hacían reír. Esas amenazas de cortarme la coleta o la trenza, esas que todas hemos oído alguna vez.
Pero este curso... La decadencia llegó el año pasado, y parece que no he terminado de remontar. Cuando una no está bien del todo, se ve reflejado en lo que le gusta. El año pasado fue mi existencialismo lo que no me dejó disfrutar; este año ha sido el peso de lo prioritario.
Hoy iba con la idea de hablar con mi profesora, esa que lleva conmigo 13 años y me ha visto crecer. Cuando ha entrado y le he dicho que quería hablar con ella, ya sabía por donde iba. Dios, soy como un libro abierto. Esas cinco palabras, "Vas a dejar el piano", han abierto el grifo y después de dos horas todavía no he sido capaz de cerrarlo. Se ha sentado conmigo, me ha tomado de las manos y me ha dicho que no pasa nada. Que ella ya lo veía venir. Que incluso iba a hablar conmigo para que me tomase un respiro. "¿Cuántos años llevas tocando?" ha preguntado. "15 años", más de media vida. Y entonces lo ha dicho. "Hay veces que hay que cerrar etapas, y tú necesitas cerrar esta por un tiempo". Y como duele. Pero qué verdad. 
Cuando digo que no he parado de llorar, es que no he parado. El rato que he hablado con ella, en el que me ha escuchado, me ha entendido y me ha animado a dejarlo porque cree que necesito un descanso, no he podido hacer otra cosa que llorar y mirarla. Joder, cómo voy a echar de menos verla. Sus palabras de cariño se han incrustado en mi corazón con muchísima fuerza, y sus abrazos los llevo conmigo siempre. No se la puede querer más. Y sólo puedo decirle que GRACIAS. 
Duele mucho dejar de ir a clase, y sé que voy a pasar una temporada bastante triste. He dejado una rutina que lleva conmigo 15 años de vida, y por un tiempo tengo que aprender a vivir sin ella. Sólo espero haber tomado la decisión correcta. Esa que me ha llevado 16 pañuelos y muchas lágrimas, pero que todavía siguen cayendo igual que lo han hecho los tres paquetes de pañuelos que he gastado en la papelera. Espero que el no tener la obligación de tocar algo me permita disfrutar del piano en casa. Que me apetezca sentarme en la banqueta y trastear entre acordes imposibles y notas desentonadas. Espero que, una vez haya terminado todo lo que tengo que hacer este año, tenga más energía. Espero volver algún día a entrar en esas aulas y practicar con gusto. 
Hoy me he ido por la puerta de atrás, sin aplausos ni la mirada de esa gente que tan nerviosa me ponía en las audiciones. Me he ido sin gloria, pero con mucha, muchísima pena. Lo admito: tengo miedo de que no llegue el día en el que me diga a mí misma "¡Eh! Ya es hora de volver". Sé que por lo menos durante dos años no volveré a clase, o al menos es la sensación que tengo. Pero espero volver algún día a pasar esos nervios que tenía que calmar con una infusión de valeriana, a sentarme en ese piano de cola que me tiene enamorada y del que no me he despedido. Algún día tendré que volver para despedirme como se merece.
Gracias al piano, a Amaia, a toda la gente que me ha tratado con tanto cariño todos estos años en la escuela. Gracias a todas las experiencias que he vivido allí con vosotros. No sabéis lo feliz que me habéis hecho. Gracias por todo. Os quiero mucho. Y que viva la música. 

1 comentario:

  1. Vaya, la verdad es que me ha conmovido esta entrada. Pienso que has tomado una decisión acertada. Algo tan pasional como la música no debe sufrirse, y si ahora mismo no puedes dedicarle todo el tiempo y energía que precisa por circunstancias vitales, es mejor tomarse un respiro. Todo lo que nos corresponde vuelve a nosotros con el tiempo, y en este tiempo seguro que vas a darte cuenta de muchas cosas. Y probablemente cuando retomes esas clases lo harás de una manera más consciente, lo que te permitirá disfrutar de una manera que ahora mismo te es impensable.
    Te deseo todo lo mejor!! Muchos ánimos, y sí... ¡que viva la música! Yo no sabría qué hacer sin ella.

    ResponderEliminar