Hoy hace un mes que cumplí mi primer y maravilloso cuarto de siglo. Fue un día ocupado, sin tiempo para poder escribir unas líneas sobre cómo lo había pasado. Hoy, echo la mirada atrás para compartir aquí lo que sentí aquel día, así como la sorpresa que me dieron mis maravillosos amigos.
"Ayer fue un día
tan intenso y bonito... Recibí cartas que me hicieron llorar, detalles que
enamoran y regalos que hicieron que me preguntase "¿Qué he hecho para que
me regale algo así?".
Comí en casa de amona, me eché la siesta en el sofá como siempre con mi abuelo.
Volví a casa y tenía a dos amigas esperándome, y después tuve la visita de mi
vecina favorita. Y por si no había tenido suficiente, volví a ver una de mis
historias favoritas en el cine.
Los que me conocéis ya sabéis que no me gusta cumplir años. Para mí siempre
había sido un día más. Pero ayer, no sé por qué, lo disfruté como nunca. Puede
que haya tardado 25 años en despertar. Ojalá me traigan muchas cosas buenas.
Gracias a todos por vuestras llamadas, por los mensajes y por sacar un ratillo
para complacer mi deseo de recibir cartas escritas de vuestro puño y letra. Feliz primer
cuarto de siglo a mí."
"6 de
mayo de 2017. Estás tan tranquila en tu casa, con el pijama todavía puesto,
viendo una serie mientras esperas que llegue la hora de comer. Llaman a tu
madre y, supuestamente, es su novio. Tocan el timbre y yo sigo en mi camino
para entrar en mi cuarto. Para hacer el idiota (como siempre), me puse los
globos de mis 25 en la cara como si fueran una ventana. “¡Jo, Imanol! ¡Qué
pesado eres!” y te ríes hasta que ves que no es Imanol.
Mi cara de gilipollas, porque no tiene otro nombre, cuando vi
a Ainize con un pañuelo en sus manos y me dijo “Vístete. Tienes 5 minutos, y
tienes que ponerte algo así”, haciendo alusión a la ropa que ella llevaba.
Chutarme el Terbasmin no me pone tan nerviosa como lo hicieron esas dos frases.
Me temblaban tanto las manos y mi cabeza estaba tan bloqueada que no podía ni
ponerme la ropa. Bajas las escaleras todavía mirando por donde pisas, hasta que
te ponen el antifaz y te meten en el coche.
Tras una vuelta en coche, aparcan y te hacen salir de él.
Notas que hay una valla y te abrazas a ella. Seguridad ante todo. “Hola, mi
amor”, un abrazo y un beso amoroso que no podía ser de otra persona que no
fuera Natalia. Me hacen ponerme una especie de bata, y pregunto si mi sensación
es la correcta. Subes los escalones como puedes y al final te quitan el
antifaz. Te hacen entrar por la puerta y ahí están todos, con sus camisas
blancas. Y entonces suena la melodía que te ha acompañado desde la infancia:
Hedwig’s Theme. Y miras todo alrededor: la decoración con sus banderas, globos
pintados haciendo alusión a las lechuzas, el andén nueve y tres cuartos… Pero
lo que más te llama la atención y te vuelve loca es que hay un maldito parque
de bolas allí dentro. Y tú, muerta de la vergüenza mientras aplauden, te pones
a hacer el gilipollas porque odias ser el centro de atención.
Y así empezó uno de los momentos más bonitos de mi
vida: mi celebración de los 25 años. Como en los libros, era nuestro primer año
en Hogwarts. Lo que significa que todos teníamos que pasar por el sombrero
seleccionador. Me sentaron en un taburete de la altura de mi gato, me pusieron
aquel sombrero puntiagudo y comenzó a sonar “Veamos donde te pongo. Slytherin
no, ¿eh? ¿Estás seguro? Podrías ser muy grande, ¿sabes? Lo tienes todo en tu
cabeza y Slytherin te ayudaría en tu camino a la grandeza. De eso no cabe la
menor duda, ¿no? Bueno, si lo tienes tan claro, mejor que estés en
¡GRYFFINDOR!”. Corbata de la casa puesta y esperar a mis compañeros. Uno a uno
todos fueron seleccionados, y a algunos les tocó la casa que de verdad les
correspondía.
Una vuelta por el local para ver con más detenimiento toda la
decoración y morir de amor con el cartel de “Save Dobby”, calcetines incluidos.
La ruta acabó en el baño, donde me partí de risa al ver a Myrtle la llorona
pegada en la taza del váter. Apareció una carta y un regalo acorde con la
temática tan mágica. Nos sentamos a la mesa casi a las 4 de la tarde para
comer. Una mesa decorada con mandrágoras, pajitas con los colores de las cuatro
casas, tarros para beber… Y un plato de macarrones que llenó los estómagos más
hambrientos (el mío el primero). Pero entonces llegó el top del top: la tarta.
La misma tarta que aparece en la película. Y yo ya no podía más con mi corazón.
Partida de Quidditch, siendo Gryffindor ganador de la copa.
Juego especial para que buscase una Snitch dorada y así poder ver el vídeo en
el que la gente que no pudo venir me felicitaba. Una llamada desde la otra
punta de España con la voz gangosa que hacía tanto no oía. Y pasamos al juego
que tanto nos enganchó, aunque cada ronda fuese más larga que la anterior.
Amoríos, asesinatos y traiciones, todo con tal de seguir vivo al final.
Para cenar tuvimos un festín del que sobró más comida de la
que, probablemente, se comió. Todavía seguimos con la incertidumbre de quién se
comió todos los nuggets de pollo, esos que desaparecieron en lo que una puede
dar las gracias.
Ayer os lo agradecí con la vergüenza y las emociones a flor
de piel. Coreasteis que hablase, pero tengo un gran problema: creo que me
expreso mejor escribiendo que hablando, y así evito que me ponga colorada. Así
que aquí os va.
GRACIAS por haber hecho de un día más un día magnífico. Por
hacer que la niña que llevo dentro saliera a relucir cuando vio todo lo que
habías preparado para mí. Por la comida, la tarta tan maravillosa y buenísima,
por las 11 canciones en bucle, por el vídeo, por las cartas escritas a mano,
por los detalles, por las agujetas que tengo hoy por culpa del Quidditch y el
moratón del tobillo por ser una bestia al intentar entrar por la pared. Por las
cervezas que se quedaron sin abrir, por los tarros de bebida intercambiados,
por los juegos en los que un lobo traiciona a otro (ejemNagoreejem). Por las
tortillas, por los nuggets que desaparecieron y tanto nos hizo reír. Por las
risas, porque fueron muchas, y alargaron mi vida un poquito más. Por los carros
del Eroski que hicieron de trampolín en nuestro King’s Cross particular. Por
las lechuzas, por los calcetines que salvarán a Dobby, por la rata que hizo que
matasen a James y Lyly Potter. Por la Wii que no se usó, y esa Myrtle que tanta
compañía nos hizo en los ratos más íntimos. Por disfrazarme, por las fotos, los
vídeos, los boomerangs. Por estar allí, por hacerme tan feliz. No sois
conscientes de verdad.
¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS POR REGALARME LA MÁS BONITA,
INESPERADA, IMPRESIONANTE, IRREPETIBLE Y MÁGICA CELEBRACIÓN DE CUMPLEAÑOS! Os
quiero un huevo, joder."
De verdad, que este primer mes con los 25 años ha sido maravilloso, y sólo espero que los 11 meses restantes que me quedan los disfrute, los llene de alegría, de aventuras, de sueños, de todo lo bueno que la vida me pueda dar. Podría escribir más, pero estoy tan cansada que no sabría plasmar a la perfección todo lo que me gustaría decir. Pero como se suele decir: "Una imagen vale más que mil palabras", y yo tengo unas cuantas.











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