viernes, 26 de mayo de 2017

Primer cuarto de siglo

Hoy hace un mes que cumplí mi primer y maravilloso cuarto de siglo. Fue un día ocupado, sin tiempo para poder escribir unas líneas sobre cómo lo había pasado. Hoy, echo la mirada atrás para compartir aquí lo que sentí aquel día, así como la sorpresa que me dieron mis maravillosos amigos.

"Ayer fue un día tan intenso y bonito... Recibí cartas que me hicieron llorar, detalles que enamoran y regalos que hicieron que me preguntase "¿Qué he hecho para que me regale algo así?".
Comí en casa de amona, me eché la siesta en el sofá como siempre con mi abuelo. Volví a casa y tenía a dos amigas esperándome, y después tuve la visita de mi vecina favorita. Y por si no había tenido suficiente, volví a ver una de mis historias favoritas en el cine.
Los que me conocéis ya sabéis que no me gusta cumplir años. Para mí siempre había sido un día más. Pero ayer, no sé por qué, lo disfruté como nunca. Puede que haya tardado 25 años en despertar. Ojalá me traigan muchas cosas buenas.
Gracias a todos por vuestras llamadas, por los mensajes y por sacar un ratillo para complacer mi deseo de recibir cartas escritas de vuestro puño y letra. Feliz primer cuarto de siglo a mí."


"6 de mayo de 2017. Estás tan tranquila en tu casa, con el pijama todavía puesto, viendo una serie mientras esperas que llegue la hora de comer. Llaman a tu madre y, supuestamente, es su novio. Tocan el timbre y yo sigo en mi camino para entrar en mi cuarto. Para hacer el idiota (como siempre), me puse los globos de mis 25 en la cara como si fueran una ventana. “¡Jo, Imanol! ¡Qué pesado eres!” y te ríes hasta que ves que no es Imanol. 
Mi cara de gilipollas, porque no tiene otro nombre, cuando vi a Ainize con un pañuelo en sus manos y me dijo “Vístete. Tienes 5 minutos, y tienes que ponerte algo así”, haciendo alusión a la ropa que ella llevaba. Chutarme el Terbasmin no me pone tan nerviosa como lo hicieron esas dos frases. Me temblaban tanto las manos y mi cabeza estaba tan bloqueada que no podía ni ponerme la ropa. Bajas las escaleras todavía mirando por donde pisas, hasta que te ponen el antifaz y te meten en el coche. 
Tras una vuelta en coche, aparcan y te hacen salir de él. Notas que hay una valla y te abrazas a ella. Seguridad ante todo. “Hola, mi amor”, un abrazo y un beso amoroso que no podía ser de otra persona que no fuera Natalia. Me hacen ponerme una especie de bata, y pregunto si mi sensación es la correcta. Subes los escalones como puedes y al final te quitan el antifaz. Te hacen entrar por la puerta y ahí están todos, con sus camisas blancas. Y entonces suena la melodía que te ha acompañado desde la infancia: Hedwig’s Theme. Y miras todo alrededor: la decoración con sus banderas, globos pintados haciendo alusión a las lechuzas, el andén nueve y tres cuartos… Pero lo que más te llama la atención y te vuelve loca es que hay un maldito parque de bolas allí dentro. Y tú, muerta de la vergüenza mientras aplauden, te pones a hacer el gilipollas porque odias ser el centro de atención. 
Y así empezó uno de los momentos más bonitos de mi vida: mi celebración de los 25 años. Como en los libros, era nuestro primer año en Hogwarts. Lo que significa que todos teníamos que pasar por el sombrero seleccionador. Me sentaron en un taburete de la altura de mi gato, me pusieron aquel sombrero puntiagudo y comenzó a sonar “Veamos donde te pongo. Slytherin no, ¿eh? ¿Estás seguro? Podrías ser muy grande, ¿sabes? Lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en tu camino a la grandeza. De eso no cabe la menor duda, ¿no? Bueno, si lo tienes tan claro, mejor que estés en ¡GRYFFINDOR!”. Corbata de la casa puesta y esperar a mis compañeros. Uno a uno todos fueron seleccionados, y a algunos les tocó la casa que de verdad les correspondía.
Una vuelta por el local para ver con más detenimiento toda la decoración y morir de amor con el cartel de “Save Dobby”, calcetines incluidos. La ruta acabó en el baño, donde me partí de risa al ver a Myrtle la llorona pegada en la taza del váter. Apareció una carta y un regalo acorde con la temática tan mágica. Nos sentamos a la mesa casi a las 4 de la tarde para comer. Una mesa decorada con mandrágoras, pajitas con los colores de las cuatro casas, tarros para beber… Y un plato de macarrones que llenó los estómagos más hambrientos (el mío el primero). Pero entonces llegó el top del top: la tarta. La misma tarta que aparece en la película. Y yo ya no podía más con mi corazón.
Partida de Quidditch, siendo Gryffindor ganador de la copa. Juego especial para que buscase una Snitch dorada y así poder ver el vídeo en el que la gente que no pudo venir me felicitaba. Una llamada desde la otra punta de España con la voz gangosa que hacía tanto no oía. Y pasamos al juego que tanto nos enganchó, aunque cada ronda fuese más larga que la anterior. Amoríos, asesinatos y traiciones, todo con tal de seguir vivo al final.
Para cenar tuvimos un festín del que sobró más comida de la que, probablemente, se comió. Todavía seguimos con la incertidumbre de quién se comió todos los nuggets de pollo, esos que desaparecieron en lo que una puede dar las gracias.
Ayer os lo agradecí con la vergüenza y las emociones a flor de piel. Coreasteis que hablase, pero tengo un gran problema: creo que me expreso mejor escribiendo que hablando, y así evito que me ponga colorada. Así que aquí os va.
GRACIAS por haber hecho de un día más un día magnífico. Por hacer que la niña que llevo dentro saliera a relucir cuando vio todo lo que habías preparado para mí. Por la comida, la tarta tan maravillosa y buenísima, por las 11 canciones en bucle, por el vídeo, por las cartas escritas a mano, por los detalles, por las agujetas que tengo hoy por culpa del Quidditch y el moratón del tobillo por ser una bestia al intentar entrar por la pared. Por las cervezas que se quedaron sin abrir, por los tarros de bebida intercambiados, por los juegos en los que un lobo traiciona a otro (ejemNagoreejem). Por las tortillas, por los nuggets que desaparecieron y tanto nos hizo reír. Por las risas, porque fueron muchas, y alargaron mi vida un poquito más. Por los carros del Eroski que hicieron de trampolín en nuestro King’s Cross particular. Por las lechuzas, por los calcetines que salvarán a Dobby, por la rata que hizo que matasen a James y Lyly Potter. Por la Wii que no se usó, y esa Myrtle que tanta compañía nos hizo en los ratos más íntimos. Por disfrazarme, por las fotos, los vídeos, los boomerangs. Por estar allí, por hacerme tan feliz. No sois conscientes de verdad. 
¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS POR REGALARME LA MÁS BONITA, INESPERADA, IMPRESIONANTE, IRREPETIBLE Y MÁGICA CELEBRACIÓN DE CUMPLEAÑOS! Os quiero un huevo, joder."

De verdad, que este primer mes con los 25 años ha sido maravilloso, y sólo espero que los 11 meses restantes que me quedan los disfrute, los llene de alegría, de aventuras, de sueños, de todo lo bueno que la vida me pueda dar. Podría escribir más, pero estoy tan cansada que no sabría plasmar a la perfección todo lo que me gustaría decir. Pero como se suele decir: "Una imagen vale más que mil palabras", y yo tengo unas cuantas.
















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