miércoles, 1 de enero de 2025

Lo que he vivido en este 2024

Como cada año, pero en esta ocasión escribiendo la entrada el uno de enero porque el 31 de diciembre no me daban las horas, toca zambullirse en los recuerdos y los momentos que han marcado de una forma u otra este 2024 que ya hemos despedido.

El año lo empezamos como marca la tradición: con un chocolate caliente y el concierto de año nuevo. Aquel día sin hacer mucho ruido empecé con la primera lectura del año, y no he parado de leer en los doce meses. Le siguieron días de comida, atardeceres preciosos a esa entrada al nuevo año. Empecé oficialmente en Brooklyn para retomar aquello de pegarle a un saco y rebajar los niveles de ansiedad y estrés. Y no menos importante, el Athletic ganó al Barça 4-2 llevándonos así un pasito más cerca de la final de copa.


Febrero queda marcado por el viaje a Londres con ama, en el que nos adelantamos un mes a su cumple y fuimos a ver “El fantasma del a ópera”, porque yo no concibo ver un musical en otro idioma que no sea el de las canciones que tengo guardadas en mi cabeza. El Athletic dio un paso más en esto de ser David contra Goliat, y ganó al Atlético de Madrid por 3-0 haciendo que nuestros sueños empezaran a volar. Estábamos muy cerca.


El tercer mes del año lleno de imágenes de atardeceres, cielos bonitos y días de tormenta que me encanta disfrutar a través de la ventana. El 55 cumpleaños de ama y madrugar para participar en la Korrika.


A seis días de que empezara el mes de mi nacimiento, el Athletic hizo llorar a miles de aficionados. Pero esta vez fue de alegría. Nuestro equipo ganó la Copa de rey después de 40 años. Se me pone la piel de gallina solo de recordarlo. Cuánto sufrimos aquella noche en la que llegamos a penaltis. Cómo negaba cuando Olatz me decía: “¡Qué ya está! ¡Que hemos ganado”, a lo que le respondía que hasta que el arbitro no pitara final de partido no había nada asegurado. Pero así fue. Pitó, y las lágrimas no se hicieron de rogar. Aitite, Tía Xalba… Cuánto me acordé de vosotros. Cinco días después, la Gabarra salió a surcar la ría, y la marea rojiblanca empujó desde ambos lados. La Deborah de 14 años a la que le regalaron sus primeras camisetas estaba dando saltos de alegría, y me emocioné mucho por ella. Por fin lo hemos visto, mini Deb. Llegó día favorito de año con su rosa y libro, para tres días más tarde celebrar que cumplía 32 años. Antes de terminar el mes, rompimos tarjeta para el viaje del verano. 


Mayo con el cumple de amona y el preciosísimo atardecer que hubo dos días después. Elena mandando mensajes raros a la gente de la uni para contarnos que estaba esperando un bebé. Volar a Barcelona a finales de mes a pesar de que el motivo principal, el concierto de los Jonas Brothers, se hubiera cancelado. Mi cara alucinando cuando Nagore me dijo que íbamos a que se probase su vestido de novia. Es que, ¿QUÉ? Comimos mucho, pero anduvimos todavía más. Cundió muchísimo el tiempo allí, tanto que hasta me quemé con el sol.


El 1 de junio estrené temporada de playa, había que trabajar el moreno antes del viaje del verano. Unos crujientes de idiazabal con su moscato al sol. La llegada de Niko, el segundo hijo de Haizea. El atardecer desde la cocina, cómo me gusta verlos en verano. La pateada que nos pegamos las chicas en el Kosta trail y sus consecutivas agujetas que intenté minimizar yendo a entrenar al día siguiente. Probar los famosos nachos del Tellagorri por el cumple de Olatz y las jaias de Sope.


El cuatro de julio pusimos rumbo a la aventura de este año, marcando así el pasaporte con el sello de un nuevo continente. Por primera vez pisaba África, y no para conocer Egipto… Zanzíbar, fuiste un sueño de atardeceres con tus barcos de vela blanca que tanto me recordaban a la película de Moana. Tanto azul me tenía enamorada. Sobrevivir con un pareo, la misma camiseta y un bikini durante cuatro días fue el pistoletazo de salida para unas vacaciones en las que simplemente existimos y nos rebozamos bajo el sol. El mismo día que llegamos del viaje me fui a entrenar, una lo echaba de menos. Ese “Estás morena, te sienta bien” que me subió un poquito el ego, seguir tostándome bajo el sol pero en mi playa y aquél épico día de paellas mano a mano con la de siempre. Uf, vaya risas nos echamos. El día que una clienta me regaló el ramo de flores porque le dio la gana y casi me pongo a llorar, y la tarde con mis Ciao Amore.


Agosto y aquel atardecer en el que sin que yo lo llamase, un perro vino directamente hacia mí mientras grababa un vídeo. Jaias del puerto y la noche de fiesta por Bilbao con los de la uni. Aprovechar todos los atardeceres del verano que quedaban para curar el alma. Silver debutando como diabético y el mal rato que pasé hasta que tuve noticias del veterinario.


En el mes de septiembre disfruté del último concierto de Esne Beltza que veré jamás al aire libre. La luna roja y las miles de fotos que le saqué, con su consecuente torticolis al día siguiente que me tuvo tiesa durante un par de días. La noche antes de un turno de mañana, me senté delante del ordenador y escribí “un capítulo” de algo en base a una canción con la que me obsesioné.


En octubre los astros se alinearon y todos los de la uni pudimos quedar para comer y darle los regalos a Elena para su futuro bebé, al que todavía no le habían puesto nombre y siempre seguirá siendo Junior. Los 11 años de Silver y el cumple de mi primo Diego. El nacimiento del hijo de Elena y por fin saber que se llamaba Aimar. Andrea regalándome los primeros tres libros de Harry Potter en ediciones especiales, casi me infarto.


Noviembre con la quedada QTP, siendo sorpresa para Nagore y los preparativos para el último concierto de Esne Beltza de su carrera. Volveremos a ser las adolescentes que fuimos, con camiseta renovada. El nacimiento de Hugo, el hijo de mi prima Alba. Ir a ver Wicked al cine con ama y llorar, para variar. El día de entrenamiento en el que fui primera de la tabla en todas las rondas, ese challenge 266 que me encantaba.


El último mes del año con unas vacaciones en las que me quedaba en casa. El cumple por los 30 Nata con una escape Room en al que salimos por los pelos, y el vigésimo aniversario del fallecimiento de Isaac. Comida en Vitoria con los de la uni y Olatz, que acabó con un Escape Room hecho en menos de 20 minutos y ver la casa de Carlton. El concierto de Rozalén en el que lloré, canté y el momento de bailar con ama. Simplemente, mejor que una sesión de terapia. Despedir el año en la playa de mis amores con un atardecer precioso. La vuelta a casa y tirar los farolillos con los vecinos.


En general creo que ha sido un año bueno aunque ha habido momentos en que la ansiedad ha apretado por mucho que intentase tomarme las cosas con risa. La salud este año ha estado bailando un poco, y el herpes de mi ojo se ha reactivado para en una semana de tratamiento ponerse bien. He vuelto a entrenar y esa rutina me hace muy feliz, hasta el punto que en julio cuando estaba de vacaciones mi cuerpo me pedía hacer ejercicio. He leído un total de 55 libros, una cantidad que no había alcanzado nunca antes en mi vida. Estoy muy contenta por ese logro que ni siquiera me había impuesto, y espero que este año me traiga nuevas lecturas con las que disfrutar y evadirme de la realidad. Cada vez publico menos cosas en las redes, pero tampoco tengo la sensación de estar viviendo la vida al máximo. A veces la angustia de no saber qué estoy haciendo, qué propósitos de vida tengo e incluso la idea de la muerte (dios, que tétrica me estoy poniendo) me atacan durante la noche cuando voy a dormir y no me dejan descansar. Espero que esto cambie en este 2025 -no haré la rima- por mi propia salud mental. Quizá debería volver a terapia, creo que hay mucha mierda todavía en el cajón que tengo medio cerrado y que debería limpiar para seguir adelante.


Probablemente me deje alguna que otra cosa en el tintero, porque como se suele decir: si no hay foto, no ha pasado. A mí me ocurre que si no tengo documento de lo vivido se me olvida, y me da mucha pena. Tengo la sensación de que este año ha pasado volando y que yo he pasado de puntillas. Quizá sea una simple percepción, pero acabo de leer la entrada del año pasado y me parece que viví cuatro vidas diferentes en comparación a lo que he vivido en este 2024. Me lo tomaré como que haya sido un año de descanso después del trajín del año anterior, y para coger fuerzas para este nuevo año que ya está siendo acompañado por la música de concierto de Año nuevo a pesar que esté en el trabajo. 


Me quedo con todos los atardeceres que he visto, con los viajes que he hecho y con las nuevas incorporaciones a la vida que ha habido a mi alrededor. Me quedo con la gente a la que quiero y me quiere, con los ratitos que podemos juntarnos porque la vida adulta es lo que tiene: no nos juntamos tanto como quisiéramos. Me quedo con mis gatos, que últimamente les ha dado por dormir conmigo y por la compañía que siempre me hacen. Me quedo con la familia, que a pesar de lo que pase, siempre está ahí para que nos apoyemos en lo que haga falta. Me quedo con las risas, y con los llantos. De eso trata la vida: de las subidas, las bajadas, pero en definitiva, del camino y de quien te acompaña.


Querido 2025. Has empezado con buenos deseos en vídeo llamadas y mensajes, a los que han seguido las risas nada más llegar al vecindario cuando he gritado mi tradicional “¡Feliz año, Sope!”, ese grito que los vecinos echaron de menos y al final he terminando echando farolillos al cielo con ellos. Hoy me ha tocado levantar el país después de solo tres horas de sueño, pero la recompensa será la comida con mi familia. 


Como cada año, no hago propósitos del año exactos. Simplemente lanzo deseos igual que los farolillos de anoche. Ojalá poder pisar el tercer continente distinto en tres años. Ojalá encontrar libros que me atrapen tanto que se me pasen las horas volando. Ojalá seguir divirtiéndome tanto mientras pego al saco y me río con los entrenadores y, obviamente, seguir quejándome con los funcionales que luego me dejan unas agujetas interesantes. Ojalá seguir riendo tanto con los de mi alrededor y seguir emocionándome tanto cuando escucho música. Ojalá siga adelante con la idea de escribir una historia entorno a esa canción que descubrí en verano; tengo dos personajes secundarios pero no me vienen a la mente los nombres de los protagonistas, por lo que tengo bloqueo escritor (?). No llegará a nada esa historia/novela, pero será algo escrito por mí y por pura diversión. Ojalá aprenda cosas nuevas que me puedan aportar algo a la vida, ya sea ocioso o para la vida laboral. Ojalá me enamore, que creo que merezco un poco de ese amor romántico que tanto leo. Ojalá no me falte nadie. Ojalá siga aprendiendo a quererme, a escucharme, a entenderme y mimarme. Ojalá todo siga así de bien. Ojalá que todos estos “ojalá” se cumplan. Quiero que se cumplan.


Querido 2025, bienvenido a la vida. Ojalá que el 31 de diciembre tenga muchas cosas buenas que escribir sobre ti.

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