"Summer has come and passed. The innocent can never last. Wake me up when September ends."
Aquí estamos, un año más a uno de Septiembre. El verano está llegando a su fin, aunque aquí en Bilbao hace ya tiempo que el sol nos abandonó para recordarnos con la lluvia la verdadera naturaleza de la costa. Hoy brilla un poco el sol, pero la temperatura no acompaña. Empieza a enfriarse el ambiente como se enfrían algunas relaciones.
Ha llegado el día que todo estudiante odia. Ese día con el que empieza la cuenta atrás para volver a la misma rutina de todos los años: ir a clase, deberes, estudiar, los fatídicos exámenes... Ese día que yo también siempre he odiado, aunque en el fondo, estuviera deseando que llegase para volver a encontrarme con mis amigos. Este año no es distinto. Tengo sentimientos contradictorios, como en muchas otras ocasiones. No quiero que llegue porque eso significa que el tiempo cambia, las hojas caen y el ánimo decae. Que el verano ya se ha ido como se va la arena de tus manos cuando sopla el viento. Que ya no se podrá bajar a la playa a tomar el sol, ni salir todas las noches de fiesta en fiesta y poder dormir todo el siguiente día. Quedar con tus amigos para hacer cualquier cosa a cualquier hora. Perderte por el mundo sin necesidad de nada más. Pero, por otra parte, quiero que llegue ese día en el que me voy a volver a juntar con mis compañeros de uni, esos que me hacen los días más a menos. Y que cojones, que cuando estoy con ellos soy realmente feliz. Es increíble como cambio cuando estoy con ellos, como dejo de pensar en toda la mierda que me rodea, en las rayadas que siempre tengo en mi cabeza... Una vez alguien me mandó el siguiente mensaje: "Es alucinante lo feliz que se te ve con la uni people... Me encanta verte así..." Y razón no le faltaba. Todo se desvanece y solo están ellos y nuestras locuras. Y me encanta. No sabéis lo necesario que se hace estar con ellos día sí y día también, porque si no todo se trastoca y el mundo se desmorona. Por eso mismo no veo la hora de empezar las clases. Para olvidarme de todo, evadirme de todo y reírme de la puta vida. En la uni estoy entretenida aunque no quiera, y aunque la excusa sea coger mil de apuntes que luego tendré que estudiar. Pero merece la pena por ese estado de máxima felicidad que me dura todo el día.
A pesar de todo, me da pena que este verano se acabe. Tenía muchos planes, de los cuales pocos (por no decir casi ninguno) se han cumplido. Me dije a mi misma que este iba a ser mi verano, que nada me iba hacer perder la sonrisa y que lo iba a disfrutar como si fuera el último de mi vida. Ingenua. Lo único que he cumplido de mis planes pre veraniegos ha sido que a penas he faltado a ninguna fiesta, y que he ido a muchas más de las que jamás había ido. He bebido casi lo mismo que en todo el primer año de universidad en dos meses. Salía sin alcohol, pero en mi mano siempre había un vaso lleno. Me he bebido hasta el agua de los floreros, os lo puedo asegurar. Me he reído como nadie, aunque también he llorado como nunca. He forjado nuevas amistades con gente a la que conocía de vista del instituto y con la que jamás pensé que tendría una relación como la que tenemos ahora. A penas he ido a la playa, la pereza siempre ganaba la batalla y yo me quedaba en casa cual friki viendo series. Así estoy de pálida y transparente (también es porque ando pachucha pero vaya...). El único plan establecido desde hacía meses y que se ha cumplido, y con creces, ha sido ese viaje a Roma en el que reí y lloré.
Este verano, a pesar de haber durado solo dos meses y a penas haberlo disfrutado, ha venido cargado de historias, sentimientos y emociones. He reído, he llorado, me he comido la cabeza como hacía mucho que no me la comía y he decidido demasiadas cosas. He cometido errores, dulces y amargos, pero errores al fin y al cabo. He sufrido crisis de identidad, esas que venían acompañándome desde hace tiempo y sé que seguirán haciéndolo solo por joder al personal. He pensado mucho, como siempre demasiado. Pero creo que era necesario, al menos en algunos aspectos.
El verano todavía no ha terminado del todo y a mi me quedan algunas batallas más en las que luchar. Espero que no salga muy herida, que el nuevo año o curso, como queráis llamarlo, comienza y sé que voy a tener que combatir en otras guerras más. Pero, como algunas cosas más en la vida, estas guerras que me tocan librar son imprescindibles. Puede que después de perder o salir victoriosa, vuelva a ser yo misma. No sé como sucederán las cosas, ni como terminará todo, pero... Es lo que hay. Las cosas cambian al fin y al cabo. Y, aunque este verano esté llegando a su fin, el año que viene vendrá uno nuevo cargado de nuevas aventuras. Esperemos que no se haga de rogar como lo ha hecho este.
Habrá quien esté cantando "Wake me up when September ends", pero yo prefiero mantenerme despierta y ver que es lo que me depara este mes. Sea malo o bueno. Estoy preparada. Al menos, eso creo.

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