martes, 2 de octubre de 2012

Mal

Hoy es uno de esos días. Uno de esos días en los que a pesar de que haya salido el sol y brille más que los días anteriores, lo ves todo negro. Es uno de esos días en los que taparte con la manta para no salir de la cama es el mejor plan del día. El día en que en vez de tener un pie derecho y otro izquierdo, los dos son de este último. Hoy es un día de esos en los que pierdes tu lucha diaria y no estás a gusto contigo misma, no con el resto del mundo.
Sí, por si no había quedado claro, hoy es uno de esos días. Hoy es ese día del mes en el que sé quien está y quien no volverá jamás. Y ya llevo así siete meses, y ojalá no los hubiera pasado. Si ya era una razón de peso el simple hecho de echar en falta a ese ser vivo que ya no está, la idea de que mi amiga Inés vaya a hacerme una visita me ayuda en absoluto. Y por si fuera poco, el reciente fallecimiento de un familiar de una de mis amigas acaba por rematar la faena.
Siempre he dicho que los días con el número nueve me daban mala suerte: pasaba algo malo, me hacían daño o no paraba de llorar. Hoy me he dado cuenta que desde hace siete meses los días con el número dos empiezan a ocupar ese lugar, solo falta que el día doce también pase algo malo para completar el pack.
Y así voy, mes sí y mes también recolectando malas noticias, derramando lágrimas que no deberían ni existir. Coleccionando falsas sonrisas, esas que te pegas con celo a la boca, que así duele menos la mentira.
Lo peor de todo es que mi rutina nunca cambia, y cuando intento cambiar el sino, hay algo que hace que no pueda cambiar de carril y siga en esta recta sin sentido hacia el fatídico final.
Hoy es uno de esos días en los que cogería la bici y me iría a ese lugar, para respirar aire puro y ver ese atardecer que, aunque sea un poco, me cambia el humor y me calma. Hoy es uno de esos días en los que me siento mal.

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