sábado, 13 de abril de 2013

¡Tócame! Estoy en tus manos

Hoy he tenido un día de lo más musical. He amanecido a eso de las 11:15 de la mañana y he tenido mi terapia musical particular. Con mis cascos nuevos, perfectos para ser acompañada por mi amor incondicional, me he encaminado hacia el bus. Como cada día, he ido a la universidad, y la única clase que tenía era la de Música. Que mejor que hablar de los virtuosos Liszt, Chopin y Beethoven para seguir con la emoción que inundaba sin quererlo en mi interior. Nada hay que comentar de la magnifica novena sinfonía de Beethoven para que la piel se me ponga de gallina y los ojos llorosos. 
Y, por fin, la hora tan deseada de salida. Mis ansias de ver esos 7 pianos de cola repartidos por todo Bilbao. Por primera vez, ha llegado a nuestra ciudad esta iniciativa que ya se había visto en otras ciudades. 
He emprendido la caza de los pianos en la mejor de las compañías, aunque me han torturado un poco para que tocase. Mis nervios y yo íbamos de la mano, y el pánico escénico me iba pisando los talones. 
Catedral de Santiago, Plaza Nueva, estación de Abando, El Corte Inglés, Diputación Foral de Bizkaia, la Alhóndiga y el museo Guggenheim han sido el escenario de estos 7 magníficos instrumentos. En todos ellos había gente de diferentes edades, desde niños a personas adultas, novatos y profesionales. Todos movidos por el mismo sentimiento y pasión. Y ahí, entre empujones, largas esperas, pateadas por llegar a donde estaban y sonrisas incontables, me he arrancado (torpemente y condicionada) a tocar. 
Sinceramente, no esperaba ver a tanta gente. Bilbao está lleno de personas que tocan el piano, y me ha encantado poder compartir con ellos unos minutos en los que sólo pensábamos en lo mismo. Me he sentido parte de una gran familia que ni siquiera sabía que tenía. He disfrutado de todos y cada uno de los artistas, porque todos (en mayor o menor medida) lo somos.
Espero y deseo que esta iniciativa se promueva más a menudo, y que lo haga por todas las ciudades. Que los pianos tomen la calle y todo aquél que le apetezca, salga y toque aunque sea un DO o ese LA que necesitan otros instrumentos para afinar. O simplemente sentarse en la banqueta y tocar las teclas, acariciarlas o aporrearlas. Pero siempre con cariño, por favor. 
No puedo estar más encantada con el día de hoy, sobre todo la tarde. Me llevo un gran recuerdo para el futuro y una partitura maravillosa que un pianista había dejado en el piano de la estación. El eslogan no podía haber sido más acertado... "¡Tócame! Estoy en tus manos"

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