sábado, 2 de noviembre de 2013

2013/10/13

Dicen que cuando estamos tristes es cuando más escribimos. Pues bien, yo soy uno de esos casos en los que cuando el corazón suspira y el alma llora en un rincón oscuro, escribo.
Hoy es uno de esos días en los que, no sabes por qué, recuerdas millones de cosas y te imaginas otras tantas. Uno de esos días en los que te da por meterte en el Spotify, te pones "El regalo más grande" de Tiziano Ferro y te entran ganas de llorar sin saber por qué. Aunque, en realidad, en el fondo sabes que lo que te pasa es que se te han metido recuerdos y sentimientos en ambos ojos.
Recuerdas a esa persona del verano de 2009, aquella que te enseñó en la distancia lo que era el amor. Aquella que más que nadie hasta aquella fecha te rompió el corazón.
Por raro que parezca, apenas piensas en aquella persona del verano de 2011, la que te enseñó en primera persona lo que era tener una pareja y compartir con ella el día a día. Persona que, como no podía ser de otra manera, terminó rompiéndote también el corazón.
Por último, te acuerdas de esa persona de este verano de 2013. Esa asignatura pendiente de hace años que te devolvió las ganas de querer, de enamorarte. Pero todo acabó antes de que realmente empezara, dejándote con un sabor agridulce en la boca, pero con ganas de más.
Y me da por pensar: ¿Alguna de esas tres personas, en algún momento dado, se acuerda de mi? ¿De lo que vivimos, por muy efímero que fuera?
Entonces, mi cabeza me da una única respuesta: "No. Tú eres la única tonta enamoradiza que se acuerda de todo. Esa idiota que va con la coraza puesta por la vida, pero que en el fondo es más blanda que un oso de peluche".
Y vuelvo a empezar. Escondo a la romántica, saco a la guerrera.

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