¿Cómo ha pasado tan rápido el tiempo? Si fue ayer cuando se me escaparon las primeras lágrimas con la carta de un amigo en mitad de clase; cuando seguí recibiendo cartas, mensajes y llamadas. Cuando comí con mis abuelos y mi madre me esperaba en la habitación con los globos que había pedido. Parece que fue ayer cuando me daba vértigo imaginarme con este dígito, con mi primer cuarto de siglo. Todavía me parece increíble que en pocas horas (nací a las 06:23 de la mañana, la medianoche a mí no me vale) ya voy a estar en ese grupo del cuesta abajo hacia los 30 años. Treinta. TREINTA. Dios mío, qué mayor soy.
Este año va a ser diferente. No estoy en casa, ni mucho menos cerca. Ni si quiera sé a cuánto estoy de casa. Sólo sé que estoy en otro país, con un idioma en el que más o menos me defiendo, trabajando y rodeada de gente que conocí hace menos de dos meses. Todo va a ser muy raro. Pero raro no quiere decir malo, ¿verdad? Me quejo de vicio, teniendo en cuenta que llevo queriendo cumplir años en otro país no sé el tiempo. Pero cuando lo tienes, echas de menos lo otro, lo de siempre, lo cómodo.
Pero sabes que en poco más de un mes volverás a casa, que ahí estarán los de siempre, esperando para darte un abrazo y preguntarte por tu vida en esa isla. Estarán esperando para celebrar el nuevo año de vida con esa tarta Sacher que tanto te gusta y que poco dura. La familia y los amigos son el verdadero hogar al que volveré.
Mañana echaré de menos a mi madre, a mis abuelos, a mis tías, a mis amigos y a mis gatos (lo siento, es la verdad), pero no echaré de menos la lluvia que debe estar presente durante esta semana.
Los 25 se escapan. Han sido muy buenos, se han portado bien. Puede que fuera mi cambio de actitud en cuanto a lo de celebrar los años, o puede que esté divagando como la vieja chocha que soy. Pero la realidad es que, dentro de muchos años, cuando mire hacia atrás, los 25 serán ese año en el que cumplí retos y sueños, en el que viajé y reí, pero también lloré. La verdad que el limbo en el que me encuentro, en el de ni veintipocos ni veintimuchos, es muy plácido. Ojalá quedarme aquí un poquito más. Pero hay que avanzar.
Qué nervios. Queda media hora para que se acabe el 25 de abril, mi último día con los 25.
No hay comentarios:
Publicar un comentario