Ya no sé a donde voy, cual es mi propósito del año, cual es mi lugar en este mundo. Ya no sé quién soy ni quién es esa sombra oscura que me pisa los talones allá donde vaya. Ya no estoy segura de mis ideas, esas que pensaba tener tan claras como un día de verano. Ya no sé qué fue de esa chica que vivía conmigo desde hacía tantos años, ni dónde está esa chica de hace apenas un mes que parecía saber a donde iba y cual era el final alternativo que tenía en mente. ¿Qué fueron de esas palabras que formaban frases que parecían perfectas aquél día de frustración y enfado? ¿Qué fue de los propósitos de ser fuerte y seguir adelante? Puede que hicieran mella en mí, puede que consiguieran hacerme creer esa realidad que me inventé para no sufrir. Puede que ese muro que empecé a construir a base de ladrillo, adobe y hormigón haya llegado a su culmen y ahora no me deje ver más allá de la gran muralla que rodea mi vida. No lo sé. En serio digo, que no sé absolutamente nada. Solo sé que estoy perdida. Que busco y no encuentro una respuesta a ninguna de mis preguntas. Que me atosiga despertarme cada mañana, mirarme a la cara y no reconocerme del todo. Porque esos dos ojos con los que vemos la vida, me parecen nublados, me parecen sin vida. Hace apenas un mes creía tenerlo todo claro. Había tomado una decisión y pensaba que sería capaz de llevarla a cabo. Ahora mismo, creo que lo he conseguido. Bueno, o eso intento creer o descreer. Quiero saber exactamente como estoy, como está mi órgano preferido (ya que es el que me mantiene con vida) y como está mi cabeza pensante. El primero sé que está herido, pero todavía late. Parece que sigue vivo, aunque comparado conmigo, cualquier cosa está más viva. Mi cabeza está agotada de funcionar a ritmos desbocados las 24 horas del día, ya que cuando duermo, a pesar de no enterarme, sigue trabajando. Me gustaría darle un descanso y que el corazón me sacara adelante. Pero siempre van de la mano a pesar de la distancia que los separa. A veces me gustaría que mi cabeza fuera la única responsable de mis actos. Siendo egoísta, fría y calculadora. Puede que así las cosas fueran mucho mejor. En los casos que no sabemos qué dirección tomar, la gente nos dice: “Escucha a tu corazón” o “No pienses demasiado las cosas, porque es peor”. Sí, tienen razón. Pero qué haces cuando ni tu corazón ni tu cabeza se ponen de acuerdo, y no exactamente como le pasa a la gente normalmente. Tu cabeza te dice que sí, o por lo menos te hace creer esa afirmación, y tu corazón te dice: “Ya no puedo más”. ¿A quién hacerle caso? ¿A la razón o al corazón? En estos momentos si hiciera caso a mi cabeza, esa que piensa por mi y por mi bien estar, después traería consecuencias y una guerra que no sé si podré volver a soportar. Las consecuencias serían un posible corazón alterado durante un periodo de tiempo, y quién sabe, otra vez trocitos de él. A lo que luego la cabeza vendría para meter el dedo en la yaga y decir: “Ya te lo avisé en su día”. Sí, es contradictorio que lo que ahora te dice “Sí” después te venga con esa puñalada en la espalda.
Mis pies están cansados de andar el mismo camino, pero sé que correrían otra vez por las mismas montañas y volvería a tropezarme con la misma maldita piedra. Mi cuerpo, con los moratones todavía candentes, está agarrotado y destrozado, pero sé que le encanta tener nuevos rasguños porque es así de masoquista. Mis manos, supuestamente delicadas, están magulladas y sucias de tanto levantar el peso de mi cuerpo del suelo, pero sé que siempre tendrán esa fuerza para impulsarme y mantenerme en equilibrio.
Me gustaría tener las cosas claras, lo juro. Pero esta confusión constante me está matando. No sé que siento, no sé si lo que mi cabeza me dice es lo correcto y si hacerle caso a mi corazón será lo mejor para el cuerpo y el alma. Porque sé que si tomo una mala decisión, todo será como caer de un alto barranco: largo y doloroso. Me gustaría tener las cosas claras, como los egipcios con su vida en el más allá. Una idea en la que creían firmemente y nada ni nadie iba a cambiarla. Me gustaría tener esto tan claro como que la música es mi vida, y que sin ella moriría. Ojalá tuviera las cosas tan claras como las tenía en Diciembre, cuando hacía lo imposible para que mi rutina no cambiara o para que todo volviera como antes. Dicen que el tiempo lo cura todo, y creo que lo he notado hoy. Aunque, en el fondo, sé que todavía hay algo que duele. Pero esa muralla, que más bien es una cárcel de los sentimientos, no deja que salga para no sufrir de nuevo. También dicen que el tiempo pone todo en su lugar. A ver si el tiempo me encuentra y me redirige a mi camino, porque el gato de Alicia me ha abandonado, y el mapa que me dieron al nacer creo que lo he seguido toda mi vida al revés.
Quizá lo que necesito sea más tiempo... No lo sé.
Me siento tan identificada. Como es tu situación ahora? conseguiste tu camino?
ResponderEliminarTome esta foto.. Me gusto mucho espero no te moleste
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