sábado, 11 de agosto de 2012

Lágrimas de San Lorenzo

Esta noche se supone que es una noche especial. Esa noche en que deseas que el cielo esté despejado para poder ver las estrellas fugaces con la esperanza de pedir un deseo. Ese deseo que imaginas marcará tu vida con un antes y un después. Pero, a pesar de desear esta noche por el simple hecho de pedir un deseo, es maravillosa porque es un acontecimiento natural increíble. Pero como siempre, lo que representa tira más. Habrá gente que se asome a sus ventanas o balcones para no moverse mucho de su hogar. Otros, los más soñadores o los que están más fascinados con el acontecimiento, saldrán a la calle. Buscarán una alta colina en la que contemplar una lluvia distinta a la que estamos acostumbrados, sobre todo los del norte. Los soñadores pensarán y pensarán un deseo que pedir. Se supone que por cada estrella que ves caer es un deseo. Hay gente que tiene la suerte de ver varias de la misma. Otros no pueden llegar a contar ni diez estrellas en todas las veces que habrán visto una lluvia de este tipo. Por eso es mejor esperar a ver una única estrella fugaz, para pedirle un único deseo. El que de verdad te gustaría que se cumpliese. Quién sabe... Un trabajo, que falta hace en estos tiempos que corren; unas buenas calificaciones en la universidad, que alguien se recupere de una enfermedad, que alguien regrese a tu vida, un nuevo amor... O, simplemente, ser feliz. En mi caso, siempre suelo pedir el mismo deseo (ya que la primera vez que pedí uno, no se cumplió) y aunque hay veces que pienso que no se cumple, creo que en el fondo sí que lo hace. Será porque lo pido fervientemente o porque soy muy pesada. El caso es que si vuelvo a ver alguna estrella caer, intentaré cogerla y pedirla de todo corazón el deseo que siempre ronda mi cabeza.
Perseidas o lágrimas de San Lorenzo, que más da. Hoy toca mirar al cielo por si veo alguna estrella fugaz. Y aunque me diga a mi misma que no pediré ningún deseo porque pienso que no se me va a cumplir, sé que lo haré. Los sueños tiran más que la realidad al fin y al cabo, y más en mí que soy una soñadora empedernida. Así que... ¿Por qué no soñar con que las cosas pueden ser como tú las desees?

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