sábado, 3 de noviembre de 2012

Roma, capital de Italia


Para mi no sólo es eso. Para mi es infinito amor. Es una ciudad que cumple con creces todas mis expectativas. Es la ciudad que ha cautivado mi corazón. Todo empezó con los libros de Federico Moccia, siguió con el viaje de 2011 y se ha clavado aún más en este viaje de 2012.
Es una ciudad a la que volvería siempre, año tras año, como cuando vas al pueblo en verano. Es una ciudad que me roba el aliento, me altera el corazón y hace que se me salten las lágrimas. Es una ciudad de la que enamorarse, ilusionarse... Llenarse de vida.
Es ese rinconcito del mundo en el que quiero estar, necesito estar. Ese lugar en el que pones un pie y todo, por mal que vaya, cambia para bien. Te sientes mejor, te sientes guapa, te sientes verdaderamente libre. Lugar de risas, sonrisas y lágrimas. Espacio en el que te llenas de cultura y pasión.
No podría describir con palabras lo que siento cuando pienso en Roma, lo que siento cuando estoy allí. Es pura paz. Es un sentimiento tan puro que debería de ser pecado. La sonrisa no se borra de la cara, los pies aunque estén destrozados de tanto andar no se quejan y los madrugones no suponen un problema.
La gente dice que estoy obsesionada con esta ciudad, pero todos ellos se acuerdan de mí cuando ven algo de allí o de Italia. Qué queréis que os diga... Simplemente, amo esta ciudad.

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