Estoy cansada.
Estoy cansada de correr en esta carrera que es la vida. La gente
corre más rápido que yo y a mi nunca me ha gustado perder. Pero
estoy demasiado cansada, tanto física como mentalmente. Siento que
no puedo seguir con este ritmo desbocado, que prefiero coger una
bicicleta e ir como una loca cuesta abajo en vez de correr cuesta
arriba.
No sé por qué
hoy he roto a llorar de esta manera tan tonta. Hoy es uno de esos
días en los que lloro porque sí, en los que gritar me parece la
única opción. No sé si es por los nervios que voy acumulando y que
nunca saco, o porque cualquier respuesta que me dan en una situación
fuera de lo común me trastoca y me rompe.
He tenido que
salir a la calle. Me ahogaba en mis propias cuatro paredes. No sé si
será por el frío o por qué, algo me he relajado. Pero recordar
ciertas cosas y, sobretodo, esa compañía nocturna, no ayudaba
mucho. He llegado al lugar donde tantas veces he derramado más de
mil lágrimas en mas de mil y una noches. Y hoy no ha sido excepción.
Al final, he terminado llamando a una persona que vive cerca de
donde estaba porque necesitaba un abrazo. Pero no me ha cogido. Así
que, como siempre y teniendo en cuenta que estaba preocupada, he
llamado a mi diario personal. Y ahí el grifo se ha vuelto a abrir,
entre lloros y gritos, me he ido relajando. Al final, y porque la
mano se me estaba quedando helada, he ido subiendo poco a poco a casa
con un único pensamiento en la cabeza.
"Que la estrella
fugaz que he visto me cumpla el deseo, por favor."

No hay comentarios:
Publicar un comentario