viernes, 11 de enero de 2013

La la land

La vuelta a la rutina llegó el lunes, y yo tenía unas ganas de volver a empezar que no me las podía ni creer. Aunque los exámenes era algo que no me importaría eliminar, para que negarlo.
El lunes fue un gran día, claro que lo fue. Tenía otra calidad de vida, o más bien de pensamiento o actitud. Y no soy yo la que lo dice, también el profe de la auto escuela me lo dijo: "Se te ve contenta. Tienes otra chispa, otra actitud. Está guay." Y lo estaba, realmente lo estaba. No dejaba de sonreír, de hablar con una inmensa alegría. Contar mi espléndida Noche vieja me animaba, hablar de las Navidades también lo hacía. La verdad es que estas "vacaciones" expres no han estado nada mal.
Como veis, mi semana empezó en la más alta montaña, en el punto más alto de una atracción que te pone el corazón a mil por hora y la adrenalina se te sube como las burbujas del champán a la cabeza. Cómo me encanta esa jodida sensación.
Martes llegó sin mucho cambio. A pesar de tener examen, estaba la mar de tranquila. Seguí con esa rutina y no fue mal, aunque al terminar me llevé una sorpresa innecesaria. Aquí es cuando todo empieza a torcerse un poco, como en la montaña rusa que te da un lupin antes de una grandiosa caída. Miércoles comenzó siendo desastroso, pero no iba a permitir que mi situación física me jodiera la semana que tan bien había empezado. Me negaba. Jueves apareció como una señal de cambio de dirección en una carretera convencional con destino a ninguna parte, y decidí tomar esa salida. ¿Qué nuevo paraje me encontraría a la vuelta de la curva? Ah, sí. El deseado viernes. Puertas del cielo y paraíso que es el fin de semana. Mi viernes ha comenzado a las tres y media de la mañana. Esfuerzos que tiene que hacer una a veces. Mañana entre risas y gritos ahogados por estas mismas, chocolate caliente para intentar mantenerme despierta y un examen más. Pero todo esfuerzo merece su recompensa, por lo que una manzana (verde, que la roja se la quede Blanca) y las risas con los tuyos son el oro perdido de un Colón desesperado. Un poco más de esa rutina, que más que rutina, es puro vicio. Sencillamente, maravilloso. 
Vuelta a casa después de un día largo y agotador cuanto menos. A pesar de querer mantenerme despierta y soñar, me he quedado dormida y sin abrir la puerta del reino de los sueños. Pero no ha estado mal. Sin querer me he apoyado en la tecla OFF de mí misma y he descansado después de mucho tiempo. 
Así que aquí estoy, escribiendo porque me apetece. Escuchando música porque es mi mayor vicio, con los pies sobre la mesa porque no tengo que demostrarle a nadie que no soy una de esas señoritas del siglo XIX que tenían que ser correctas en todo momento. Aquí estoy, acompañada de mi nueva actitud diciendo a todo el mundo: "Te cambio un 'Sí' por ese 'Ya no puedo'". Me gusta este momento, me gusta como me siento, me gusta ser feliz. ¿Y qué? Creo que ya va siendo hora. Welcome to my La la land.

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