lunes, 31 de diciembre de 2012

Hasta más ver, 2012

Al igual que el año pasado, este también me toca hacer un balance. 
He releído el balance del año pasado, y no he podido evitar hundirme un poco. ¿Por qué? Oh, os haré un resumen de este 2012.
Todo empezó como todos los años, una noche de 31 de diciembre, aunque era más 1 de enero. Noche vieja, y por primera vez, la terminé llorando. Como veréis, el año no empezó para nada con buen pie. Seguimos con los días y tuve un buen regalo de reyes, pero varios días después lo pasaría muy mal. Al menos, tuve a mi lado a esa persona que hizo que no perdiera del todo la cordura que me sujeta a este mundo. Febrero llegó sin mucho cambio, aunque una sombra oscura se cernía sobre mi vida sin que me diera cuenta. Marzo llegó, sobre todo el día 2. Llegué a casa casi a las 11 de la noche, y mi vida se derrumbó de una manera acojonante. La peor de las noticias que mi madre me podía haber dado: mi perro había dejado este mundo. Creo que nunca he llorado como lo hice aquella noche hasta que mi mano derecha llego a casa, como un príncipe sobre su corcel blanco acudiendo a la ayuda que pedía su princesa. Pero siguiendo con las cosas malas, ese príncipe decidió irse a cabalgar por ahí y conquistar nuevos territorios.
Por si fuera poco, durante estos primeros meses la que ha sido sin duda mi mejor amiga estaba cabreadísima conmigo, y a parte de esto, las dos amigas con las que solía quedar también empezaron a enfadarse conmigo. La culpa era mía, me estaba cerrando demasiado en mi misma y buscaba la salida en otras partes, dejando de lado a quien siempre estuvo conmigo. Entenderme, no eran buenos tiempos para mi. La oscuridad y sus sombras me perseguían y yo no podía luchar contra ellas, había dejado de ser fuerte por primera vez en mucho tiempo.
¿Algo positivo del comienzo del año? Que a pesar de todo, conseguí aprobar el primer curso de universidad y empezaba el verano que tanto ansiaba. A pesar de todos los planes que había hecho para este verano, casi no he cumplido ninguno. Lo único cierto y que cumplí con creces, fue ese viaje de vuelta a casa con algunos de la uni. Mi vuelta a mi querida Roma. Y al volver decidí que no me iba a joder nada ni nadie, que iba a reír. Me había cansado de darme de ostias contra el suelo.
El verano se acabó y empezó el nuevo curso. Sí, ese que cogí con tantas ganas pero que... Bueno, resultó de lo más raro e incomodo hasta que decidimos que el asunto no podía seguir así. Aunque parecía casi imposible, entre los de la uni habían "malos rollos", o al menos, situaciones muy incomodas. Supongo que la raíz del problema fuimos yo y mis paranoias mentales. Espero cambiarlas poco a poco, pero tampoco puedo prometeros nada. Soy impredecible en estos asuntos, y me estoy dando cuenta ahora. 
Siguió el año, con sus lloros los día 2 de cada mes, con sus lloros cuando me daba por pensar demasiado, con sus risas con gente que no pensé que sería tan importante para mi como lo son ahora, con sus intentos de borrachera cada vez que me han obligado salir. Con sus casi ostias con todo el andén del metro aquél día de FEVER y con sus bailes la segunda vez. Con las partidas de futbolín en la Triangu, con las tardes de gorduras con mis chicas, con esas conversaciones que no llevan a nada en los grupos del Whats app. Con el amigo invisible y el regalo de Navidad. Por los logros que cuestan, pero que poco a poco voy cumpliendo. Con la fuerza que poco a poco voy recuperando, y la madurez que he adquirido sin darme cuenta para sumársela a la que ya tenía de antemano. 
Echando la vista atrás y mirando el año así a grosso modo, diría que el año 2012 ha sido una autentica puta mierda. Sólo veo sufrimiento y lágrimas descarriadas casi todas las noches. Pero, como intento ser algo positiva (aunque sea una ardua tarea), voy a ver las cosas positivas:
El curso aprobado, todas las fiestas a las que he ido, las míticas y esas a las que nunca había ido antes. Las risas en cada una de estas, así como las charlas que mantenía con cierta persona (aunque siempre terminaba llorando). Aquella tarde de Txomin Barullo con mis neskis, que espero que se repita año sí y año también. Las lecciones que me ha dado la vida, aunque han sido muy duras, pero me han hecho ver la realidad. Ese viaje a Roma, en el que lloré pero sobre todo reí. El nacimiento de mi prima Irene, a la cual todavía no he tenido ocasión de conocer en persona. El gran anuncio de una próxima boda, que no veo la hora de que llegue. Esa celebración de divorcio que se hizo en jaias de Larra, que por mucho que me alegrase la boda, sé que ella está mejor ahora, y es lo que importa. El reencuentro con viejos amigos, esos de la infancia que más que compañeros de clase han sido tu familia. Mi logro perpetuo, que ahí sigue pero poco le falta para llegar a su fin. Ese animalito que adoptamos para Imanol y que a pesar de ser un hijo puta, también es adorable. La estrecha relación que estoy adoptando poco a poco con personas con las que apenas hablaba. Ese musical que tanto me hizo disfrutar y llorar. Y, como no, mi música y mi piano. Esa siempre me acompaña, y solo porque ella sigue conmigo, vale la pena haber pasado este año.
Dentro de siete horas, más o menos, empieza el nuevo año: 2013. Los supersticiosos estarán que se muerden las uñas, por eso de que da mala suerte, sobre todo si cae en martes. No considero que esté metida en este grupo de supersticiosos, pero siempre hay que tener precaución. Pero, pensando, me he acordado que el número 13 era el favorito de mi bisabuelo Pepe, al cual no conocí porque se fue de este mundo 364 días antes de que yo naciera. Mi ama siempre me ha dicho que, si no hubiera muerto, nos hubiéramos llevado bien. Es un plus, ¿no? Aparte, también es el número favorito de ella... Así que, ¿quién me dice a mi que este número no puede terminar por gustarme? 
Sinceramente, no quiero esperar nada de este nuevo año que va a comenzar. No quiero hacerme falsas ilusiones ni ideas preconcebidas de lo que no será. Pero,me conozco un poco y sé que esto no va a pasar. Que seguiré siendo la misma idiota, ilusa y chica que siempre, por muy difícil que sea, mantiene la esperanza. Pero creo que este año seré menos tonta, a la vez que más avispada. Puede que me equivoque, pero es lo que de verdad deseo. 
Así pues, me despido de este año con el poco cariño que puedo tenerle, un "sayonara, baby" creo que es suficiente. Cogeré este año con toda la alegría que la sidra, el kalimotxo, lambrus y los varios chupitos me van a brindar en una noche en la que espero destrozarme los pies de tanto bailar. Una noche que espero me deje agujetas de tanto reír, pero sobre todo, una noche en la que espero no destrozar el vestido. Sin mucho más que decir, porque me he explayado más de lo que pensaba...
Hasta más ver, 2012.

1 comentario:

  1. Amore, mi número de clase siempre ha sido el 13, ¿recuerdas? En Zipiñe, en Iberre, en Romo y en San Inacio. Siempre he sido la trece... Puede que esté un poco gafada, pero las cosas malas siempre traen algo bueno. Una lección que aprender, unas lágrimas que terminan en sonrisa... :) Así que, ¡QUÉ VIVA EL TRECE!
    Y a empezar el 2013 con muchas ganas...

    ¡Te quiero, corasón de melón!

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