sábado, 15 de diciembre de 2012

La bella y la bestia


Hoy he ido al musical de “La bella y la bestia”. La película siempre me ha gustado, y no sé por qué y ni desde cuando, me hace llorar. Me parece una historia tan perfecta y preciosa... Y la canción de “Bella y Bestia” es sin dudar la más sincera y verdadera que he oído. Será porque me siento identificada con Bella en algunos aspectos. Será porque mi madre dice que físicamente me parezco a ella. Será porque una amiga de la uni dice que soy la simbiosis perfecta de ambos personajes. Será porque aprendí la lección que intentan enseñar hace algo más de un año. Quién sabe. Nunca he sabido escoger una sola princesa que me gustara, pero creo que Bella es mi favorita. Así como la película me hace llorar, sabía que viendo el musical no iba a ser distinto. Y así ha sido.
He estado esperando el día de hoy con ansia desde que una amiga me dijo: “Mi madre me ha regalado dos entradas para ir a ver 'La bella y la bestia' y tú vienes conmigo”. Desde que me enteré de que venían a Bilbao he fantaseado con ir a verlo y, mirar por donde, mi deseo se ha cumplido gracias a ella. Hoy no sé porque tenía ganas de llorar y, viendo como me pongo con LA canción, sabía que la representación iba a sacar todo lo que tenía dentro.
Subir hasta el tercer piso, sentarnos en los asientos y esperar. Empieza a sonar la música y la reacción es inmediata: la piel de gallina y los ojos llorosos. Al igual que la película, empieza con “Mi pequeña aldea” y, aunque es una canción animada (en cuanto al ritmo), me he puesto a llorar. Un poco, todavía no era el punto álgido del musical, ese en el que sabía que iba a romper a llorar como una desconsolada. Entre risas, sustos, medios bailes, canturreando por lo bajo y comentando en momentos puntuales, nos da el intermedio. Casi dos horas de función que se me ha pasado, como un suspiro, sin darme cuenta.
Segunda parte y esa canción en concreto está cada vez más cerca. Y de repente, Bella le pide a Bestia que cene con ella. Y ahí ya es cuando el corazón me da un vuelco porque está al caer más que nunca. Bestia bien vestido y aseado, esperando a Bella. Preguntando cómo sabe si está haciendo las cosas bien y qué hacer para que ella se enamore de él. Y, ahí está. Al fondo, sin que la enfoquen, sube ella. Para variar se me pone la piel de gallina y el corazón se me acelera todavía más. Es entonces cuando se escucha: “Se oye una canción que hace suspirar, y habla al corazón de una sensación grande como el mar”. Y no puedo remediarlo. El labio inferior empieza a temblar y las lágrimas escapan a una velocidad exageradamente rápida cayendo por mis mejillas. “No hay mayor verdad. La belleza está en el interior”. Y sigo llorando como si la vida me fuera en ello, evitando que se me note, pero el cuerpo me convulsiona entero. Si el hombre que estaba sentado a mi lado no se ha enterado es porque estaba demasiado absorto en la propia escena. Aún cuando ya ha acabado, sigo lloriqueando. La historia sigue, y poco falta para que llegue el maldito final, ese que no quiero que llegue. Puñalada en la espalda a la pobre bestia y una Bella destrozada cuando le abraza y lo apoya en su regazo. Ese grito de “Te amo” que hace que llores todavía más, aunque sabes perfectamente lo que sucederá a continuación. Y, como en toda historia Disney que se precie, los protagonistas viven juntos y felices para siempre. Todos los personajes secundarios siendo humanos otra vez (como dice la canción). Entonces sale Chip corriendo a donde su madre para abrazarla y rompemos a llorar mi amiga y yo. Para terminar, ese gran momento boda en el que sigues llorando, porque todo es perfecto, precioso... Tan irreal que duele. Pero sonríes sin dejar de derramar alguna que otra lágrima y aplaudes como una loca.
Me ha parecido un musical excepcional. Lo tiene todo: te hace reír, te hace llorar (si eres alguien tan sensible a la música y a las historias felices como yo), te hace cantar, bailar, soñar... Te lleva a tu infancia. Y eso es mucho.
Si pudiera, reviviría esas dos horas y algo de función en el que he dejado de pensar en todo. Una y otra vez. De hecho, creo que lo haré en mi cabeza hasta el punto en el que el recuerdo se ralle como una vieja cinta de vídeo. Me dejaré llevar hasta ese lugar en el que no hay nada que me preocupe y solo sea felicidad en estado puro. Así que, si me disculpáis, voy a seguir soñando.

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